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Historia natural de la religión

Incluso a día de hoy, y en Europa, si preguntamos a un individuo vulgar y corriente por qué cree en un creador omnipotente del mundo, nunca mencionará en su respuesta la belleza de las causas finales, acerca de las cuales es totalmente ignorante; no extenderá su mano para pedirnos que contemplemos la flexibilidad y variedad de articulaciones en sus dedos, su doblarse hacia adentro todos ellos, el contrapeso que reciben del dedo pulgar, la blancura y carnosidad de la cara interna de la mano, y todas las demás circunstancias que hacen ese miembro idóneo para el fin a que ha sido destinado. El individuo común está acostumbrado a todas estas cosas desde hace mucho tiempo, y las mira con indiferencia y falta de interés. Os hablará de la muerte repentina e inesperada de tal o cual persona, o de la caída y el daño físico sufridos por otra; os hablará de la excesiva sequía de tal estación del año, o del frío y las lluvias de tal otra. Y todo esto lo adscribirá a la inmediata operación de la providencia. Así, estos fenómenos, que para los buenos razonzadores resultan ser las mayores dificultades para admitir la existencia de una inteligencia suprema, son para el ignorante los únicos argumentos en favor de ella.

Vagando por la biblioteca en busca de libros, miré durante unos segundos en la sección de religión y mis ojos se posaron de inmediato en un pequeño libro titulado Historia natural de la religión, el cual prometía resultar muy interesante teniendo en cuenta que el autor era nada menos que David Hume.

En este breve ensayo Hume hace un repaso a la evolución de las religiones a lo largo de la historia, afirmando que conforme nos remontamos al pasado, todas las civilizaciones y tribus son politeístas, y que con el progreso del pensamiento humano evolucionan hacia posiciones teístas, resultado de la observación de la perfección de la naturaleza.

Pero un animal bárbaro y plagado de necesidades (como el hombre en los primeros orígenes de la sociedad), presionado por sus numerosos defectos y pasiones, no tiene el ocio suficiente que le permita admirar el aspecto regular de la naturaleza, ni hacer investigaciones sobre la causa de estos objetos a los que se ha acostumbrado gradualmente desde su infancia. Muy al contrario: cuanto más perfecta se le muestra la naturaleza, más se familiariza él con ella, y menos inclinado está a analizarla y examinarla. Un pájaro monstruoso despierta su curiosidad y es por él estimado como un prodigio. Su novedad le alarma, e inmediatamente provoca en él un temblor y una serie de sacrificios y oraciones. Pero un animal completo en todos sus miembros y órganos es para él un espectáculo ordinario y no le produce ninguna opinión o afección religiosa. Preguntadle que de dónde provino ese animal, y os contestará que de la copulación de sus padres. Y éstos ¿de dónde provienen? De la copulación de los suyos. Unos cuantos pasos atrás satisfacen su curiosidad y colocan los objetos a una distancia tal, que los pierde de vista.

[…]

Cuanto más está la vida de un hombre gobernada por los accidentes, más aumenta en éste la superstición; y ello lo observamos en los jugadores y en los hombres de mar, los cuales, siendo los menos capaces de producir serias reflexiones, son al mismo tiempo los que albergan ideas más frívolas y supersticiosas.

En el estudio preliminar, Carlos Mellizo hace hincapié en las dos maneras diferentes en que David Hume entiende la palabra religión: En primer lugar, como actividad cuya misión es «reformar las vidas de los hombres, purificar sus corazones, reforzar toda obligación moral y asegurar la obediencia a las leyes del Magistrado civil». En segundo lugar, como «superstición y fanatismo», como abuso perpetrado por los hombres. Y esto es a lo que más vueltas da el escocés a lo largo de la obra, a separar los verdaderos sentimientos teístas de los rituales y los excesos a los que terminan llevando muchas religiones. Tanto el siguiente fragmento como con el que termino la entrada, hacen referencia a esto.

Tampoco es una respuesta satisfactoria decir que la práctica de la moralidad es más difícil que practicar la superstición. Pues, aun sin mencionar las excesivas penitencias de los brahmanes y monjes budistas, es seguro que el Ramadán de los turcos, período durante el cual los pobres hombres permanecen sin comer y sin beber por muchos días, a menudo en la época más calursa del año y en lugares donde el clima es d elos más álidos del año, es seguro —digo— que este Ramadán es más severo que la práctica de cualquier deber moral, incluso entre los individuos más viciosos y depravados del género humano. Las cuatro cuaresmas de los moscovitas y las austeridades de algunos católicos romanos parecen cosas mucho más desagradbles que la práctica de la humildad y la benevolencia.

También, a lo largo de toda la obra, hace constantes reflexiones sobre las religiones politeístas

Más, al mismo tiempo, la idolatría se ve acompañada de esta evidente ventaja: que, al limitar los poderes y funciones de sus deidades, está admitiendo, de modo natural, que los dioses de otras sectas y de otras naciones poseen también una parte de divinidad; y, de este modo, hace que las diferentes deidades, así como los ritos, ceremonias y tradiciones, sean compatibles entre sí. […] Los romanos solían adoptar como suyos los dioses de los pueblos que conquistaban; y nunca pusieron en disputa los atributos de las deidades locales y nacionales de los territorios en los que residían.

Que, además, son acompañadas de interesantes anécdotas y curiosidades:

Los caunos, un pueblo del Asia Menor, habiendo decidido no admitir entre ellos a dioses extraños, se reunían regularmente en ciertas épocas del año; y, armados hasta los dientes, atravesaban el aire con sus lanzas y procedían haciendo lo mismo hasta llegar a sus fronteras, para así expulsar de su nación, como ellos decían, a las deidades extranjeras.

[…]

Los lacedemonios, dice Jenofonte, en tiempo de guerra, siempre formulaban sus peticiones muy de mañana, a fin de anticiparse a sus enemigos; y pensaban que, siendo los primeros en recitar sus plegarias, predispondrían a los dioeses en su favor.

[…]

Los tirios, cuando fueron asediados por Alejandro, encadenaron la estatua de Hércules para prevenir que esta deidad desertara y se uniera al enemigo.

Sin embargo, a pesar de su desprecio por el politeísmo más puro, no deja en toda la obra de criticar a quienes, creyendo en un único dios todopoderoso, comparten su adoración con otros seres sobrenaturales como ángeles, duendes, fantasmas o santos, afirmando que quienes creen en ello no dejan de ser, a su manera, politeístas. Del mismo modo, tacha de ignorantes y bárbaros a quienes, a pesar de sentirse monoteístas, y creer en una única Deidad creadora de todo, la reconocen principalmente por las peores situaciones a las que deben enfrentarse, como queda reseñado en el texto con el que he comenzado esta entrada.

En resumen, una lectura muy productiva para cualquiera interesado en la influencia de las religiones en las sociedades humanas, y una dura crítica a rituales, plegarias, fetichismos, idolatría y cualquier otro tipo de superchería que envuelve a cualquier religión y que la separa de su objetivo moralizante.

Los sacrificios humanos de los cartaginenses, mexicanos y otros pueblos bárbaros apenas exceden las persecuciones inquisitoriales de Roma y Madrid. Pues, además de que el derramamiento de sangre peude que no sea en aquéllos tan abundante como en éstas, además de eso, digo, las víctimas humanas para los sacrificios, al ser escogidas por sorteo o por ciertas señales externas, no afectan en gran medida al resto de la sociedad, mientras que son precisamente la virtud, el conocimiento y el amor a la libertad las cualidades que provocan la fatal venganza de los inquisidores; y, cuando esas virtudes son exitrpadas de la socidad, dejan a ésta hundida en vergonzosa ignoranci9a, corrupción y esclavitud. El asesinato ilegal de un hombre a manos de un tirano es más pernicioso que la muerte de mil por causa de la peste, el hambre o alguna otra calamidad que afecte a todos por igual.

Mujer geográfica

ANTÍFOLO.—¿ Quién es ella?
DROMIO.—Un cuerpo muy venerable: sí, uno del cual un hombre no puede hablar sin decir: “Muy reverendo señor.” Bien flaca suerte me cabría en esta unión, y sin embargo, es un casamiento maravillosamente gordo.
ANTÍFOLO.—¿Qué quieres decir con un casamiento maravillosamente gordo?
DROMIO.—¡Oh! sí, señor; es la moza de cocina, y con más grasa  que piel. Ni se me ocurre lo que podré hacer con ella, a menos que sea hacerla arder como una lámpara para escaparme lejos a favor de su propia claridad. Garantizo que los andrajos con que se viste y el sebo de que están impregnados calentarían el invierno de Polonia: y si viviese hasta el juicio final, podría arder una semana más que el mundo entero.
ANTÍFOLO.—¿ Cuál es el color de su rostro?
DROMIO.—Prieto como el cuero de mis zapatos, pero está lejos de tener la cara como ellos. ¿Por qué? Porque suda de modo que un hombre tendría que calzar zuecos para andar sobre esa mugre.
ANTÍFOLO.—Esa es una falta que el agua puede corregir.
DROMIO.—No, señor, está dentro de la piel: el diluvio de Noé no llegaría a limpiarla.
ANTÍFOLO.—¿Cuál es su nombre?
DROMIO.—Ana, señor; pero su nombre y tres cuartos, quiere decir, una ana y tres cuartos no bastarían para medirla de un cuadril al otro.
ANTÍFOLO.—¿Mide, pues, algún ancho?
DROMIO.—No es más larga de la cabeza a los pies que ancha de un cuadril a otro. Es esférica como un globo; podría marcar los países sobre ella.
ANTÍFOLO.—¿En qué parte de su cuerpo está la Irlanda?
DROMIO.—A fe mía, señor, en las nalgas: lo he reconocido por las aguas cenagosas.
ANTÍFOLO.—¿En dónde la Escocía?
DROMIO.—Lo he reconocido por lo ávida: está en la palma de la mano.
ANTÍFOLO.—¿Y la Francia?
DROMIO.—Sobre la frente, armada y volteada, y en guerra con sus cabellos.
ANTÍFOLO.—¿Y la Inglaterra?
DROMIO.—He buscado las rocas de yeso: pero no he podido reconocer en ellas ninguna blancura; conjeturo que podrá hallarse sobre la barba, según el flujo salobre que corría entre ella y la Francia.
ANTÍFOLO.—¿ Y la España?
DROMIO.—A fe mía que no la he visto; pero la he sentido en el calor de su aliento.
ANTÍFOLO.—¿Dónde están las Américas y las Indias?
DROMIO.—¡ Oh señor, en su nariz; completamente adornada de rubíes, escarbunclos y zafiros, e inclinando su rico aspecto hacia el cálido aliento de la España que envía flotas enteras a cargar lastre en su nariz.
ANTÍFOLO.—¿Dónde estaban la Bélgica y los Países Bajos?
DROMIO.—¡Oh! señor; no he estado a ver tan abajo. Para concluir: esta fregona o bruja ha reclamado sus derechos sobre mí, me  ha llamado Dromio, ha jurado que estaba comprometido con ella, me ha dicho las señales particulares que tenía en el cuerpo, por ejemplo, la mancha que tengo en la espalda, el lunar que hay en mi cuello, la gran berruga que tengo en el brazo izquierdo; de modo que, absorto y confundido, he huido lejos de ella, como de una bruja. Y creo que si mi pecho no hubiese estado tan lleno de fe y mí corazón tan templado como el acero, me habría metamorfoseado en perro rabón o me habría hecho dar vueltas al asador.
ANTÍFOLO.—Véte, márchate en seguida; corre al gran camino: si el viento sopla de cualquier modo de la playa, por poco que sea, no quiero pasar la noche en esta ciudad. Si hay alguna barca lista a darse a la vela, vuelve al mercado donde me estaré paseando hasta que vuelvas. Sí todo el mundo nos conoce, no conociendo nosotros a nadie, paréceme que es tiempo de alistar el equipaje y partir.
DROMIO.—Como huiría un hombre para salvar de las garras de un oso su vida, así huyo yo de esa que pretende ser mi esposa.
ANTÍFOLO.—En este país no habitan sino brujas, y por consiguiente debía ya haberme ido. Mi corazón aborrece la que me llama su marido; pero su encantadora hermana posee gracias maravillosas y soberanas; su aire y sus discursos son tan encantadores, que casi me he hecho traición a mí mismo. Y para no causar yo mí propio daño, taparé mis oídos ante los cantos de la sirena.

Comedia de equivocacionesWilliam Shakespeare

El Blog

Hace dos o tres meses compartía tres nuevos blogs que acababa de descubrir. Uno de ellos, Pasa la vida, me encantó entonces, y me sigue pareciendo impresionante.

Jordi Guzman, el autor, realmente se entrega al blog, escribiendo —como ya dije entonces— al menos tres o cuatro entradas por día; todas increibles. Y para muestra, la semana pasada dejó de escribir un día, puesto que se le había estropeado el portátil el sábado. El lunes posteó explicándolo y avisando de que tenía que instalar todo lo habitual tras un formateo y que esperaba escribir tres horas después. Efectivamente, media hora más tarde de lo previsto aparecía un nuevo artículo. Esto es dedicación, demonios.

Lo que más me maravilla del asunto no es sólo la dedicación, sino el tiempo. Yo me pego todo el santo día leyendo blogs, la Wikipedia y navegando por internet leyendo cosas interesantes, pero rara es la ocasión que encuentro más de una cosa que merezca la pena publicar. Y cuando lo hago suelo perder un rato: no es cuestión de copiar y pegar dos tonterías y enlazarlas con una buena frase. Habitualmente hay que leer en varios sitios, en unos ampliando la información y en otro especificando detalles. Hay que contrastar fuentes en caso de dudas, y es necesario releer cosas ya leídas para recuperar ideas o extraer frases a citar. Ayer mismo releí en diagonal las cincuenta primeras páginas del libro buscando un pasaje que no encontré y algún otro con el que completar el post.

También es que me enrollo más que Javier Marías, y así me salen estos tochos de posts para no decir nada. Supongo que por eso me gustó el libro. Escribía esto para aprovechar a recomendar algunas de las últimas entradas que más me han gustado de Pasa la vida. Un pelín organizadas y reseñadas las que no os podéis perder de ninguna manera:

Mañana en la batalla piensa en mí

El año pasado leí este libro homónimo de Javier Marías —el primero que leía del autor, pese a adorar sus artículos— y no me disgustó. Tiene un estilo muy personal, divagando constantemente sobre temas que nada tienen que ver con la narración, mediante los cuales Javier Marías aprovecha para reflexionar sobre el mundo y recordar vivencias. Por lo visto todo lo que escribe es en este plan, lo cual detestan algunos, pero a mí me llegó a gustar la novela.

Pero lo que más se repite —y que me ha llevado a escribir este post— es la frase que da título al libro, extraída de Ricardo III. Parece ser que Javier Marías escoge los títulos de todas sus novelas de diálogos de obras de Shakespeare. Ya no me acordaba, pero supongo que la reciente lectura de Hamlet la ha relacionado en mi cerebro y la ha activado, así que llevo un par de días acordándome de esta cita. Pensaba que la había publicado aquí, y no la encontraba, pero resulta que lo hice en un comentario en la Academía de Chimpancés. Para no volverme loco la próxima vez, lo copio aquí también.

No parece estar claro quién lo dice, ni si son las palabras exactas, pero me gusta tal cual está. En un foro especulan que pueda ser «el conjuro de Bakio, un anatema guerrero al que Shakespeare recurrió para maldecir a Ricardo III y asegurar su derrota en la última batalla contra Richmond». Sea como sea, hace unos días que no sale de mi cabeza, así que a ver si escribiéndola se asienta.

Mañana en la batalla piensa en mí,
y caiga tu espada sin filo: desespera y muere.

Pese yo mañana sobre tu alma,
sea yo plomo en el interior de tu pecho
y acaben tus días en sangrienta batalla:
caiga tu lanza.

Piensa en mí cuando fui mortal,
desespera y muere.

Llena ahora tu sueño de perturbaciones.
Mañana en la batalla piensa en mí,
y caiga tu espada sin filo.

Mañana en la batalla piensa en mí,
cuando fui mortal,
y caiga herrumbrosa tu lanza.

Pese yo mañana sobre tu alma,
sea yo plomo en el interior de tu pecho
y acaben tus días en sangrienta batalla

Mañana en la batalla piensa en mí,
desespera y muere.

Bueno, he sido un poco parco al hablar del libro (PDF descargable en MediaFire) de Javier Marías. La historia empieza muy interesante: El protagonista, Victor Francés, es un escritor de mediana edad invitado (en su segunda cita) a cenar a la casa de una mujer cuyo marido está de viaje de negocios en Inglaterra; sin embargo, cuando deciden pasar al dormitorio, ella empieza a sentirse mal y muere entre sus brazos. La novela parte de las reflexiones sobre la muerte que Victor inexorablemente piensa tras tan dramático suceso y continua con un intento por calmar la inquietud que la infidelidad no consumada despierta en él. A continuación, un extracto del principio:

«Fue una suerte que aún no estuviera desnuda, o no del todo, estábamos justamente en el proceso de desvestirnos, el uno al otro como suele suceder la primera vez que eso sucede, esto es, en las noches inaugurales que cobran la apariencia de lo imprevisto, o que se fingen impremeditadas para dejar el pudor a salvo y poder tener luego una sensación de inevitabilidad, y así desechar la culpa posible, la gente cree en la predestinación y en la intervención del hado, cuando le conviene. Como si todo el mundo tuviera interés en decir, llegado el caso: ‘Yo no lo busqué, yo no lo quise’, cuando las cosas salen mal o deprimen, o se arrepiente uno, o resulta que se hizo daño. Yo no lo busqué ni lo quise, debería decir yo ahora que sé que ella ha muerto, y que murió inoportunamente en mis brazos sin conocerme apenas —inmerecidamente, no me tocaba estar a su lado—. Nadie
me creería si lo dijera, lo cual sin embargo no importa mucho, ya que soy yo quien está contando, y se me escucha o no se me escucha, eso es todo. Yo no lo busqué, yo no lo quise, digo ahora por tanto, y ella ya no puede decir lo mismo ni ninguna otra cosa ni desmentirme, lo último que dijo fue: ‘Ay Dios, y el niño’. Lo primero que había dicho fue: ‘No me siento bien, no sé qué me pasa’».

Spamalot – Barcelona

Hace como un mes me enteré de que estaban haciendo el musical Spamalot en Barcelona, así que empecé a buscar amigos con los que acudir. Conseguí engañar a cinco, y finalmente se apuntaron tres más allá.

Spamalot Yo

Spamalot es un musical inspirado en la genial película Los Caballeros de la Mesa Cuadrada, de los Monty Python, y en su versión original está dirigido por ellos mismos. España ha sido el primer país en el que se ha hecho una versión no en inglés, y los encargados de la dirección española han sido nada menos que El Tricicle. Ambos grupos me parecen unos gigantes del humor, así que la combinación me pareció maravillosa y supe que me encantaría. No me equivoqué.

He de reconocer que en más de una ocasión antes de ir tuve miedo porque pudiese ser demasiado noño, muy musical, con muchas cancioncitas y tal, pero pocas risas, y que me defraudaría; pero todo lo contrario. Han respetado muchísimos gags de la película, con diálogos similares; no eran exactos, pero sí muy parecidos, manteniendo algunas frases imposibles de cambiar. Y luego, en las propias canciones también hacían coñas, por lo que en conjunto te ríes mucho durante toda la obra.

En todas las canciones se flipan horrores, incluyendo infinidad de cosas que nada tienen que ver con la película, pero era inevitable y, a fin de cuentas, no pretendes volver a ver la película, y sabes que va a ser algo distinto.

Los artistas lo hacen todos genial, y la Dama del Lago, que al principio no entiendes cómo sale tanto, al cabo de un rato te das cuenta del registro que tiene, y es obvio que la exploten. De hecho, debía de ser la actriz principal del reparto puesto que Marta Ribera es la única de los protagonistas con experiencia previa en los músicales y cuenta con una larga trayectoria en canto y danza. ¿En los musicales también se dice actriz? ¿O se dice cantante? Pero también baila, no es sólo cantante. ¡Vaya dilema!

Entre el resto del elenco también destaca Edu Soto, que no cantaba ni bailaba demasiado, pero que cada vez que abre la boca es para hacer reir al público. Inmejorable su papel del padre de Herbert.

En resumidas cuentas, una experiencia genial que recomiendo a cualquiera que le gusten, aunque sólo sea un poco, los Monty Python. Los musicales ya son de por sí algo espectacular y digno de ver, y uno en el que encima te ríes durante toda la duración, es genial. Creo que ésta va a ser la última semana que lo ejecuten en Barcelona, pero quizás sigan en Madrid o alguna otra ciudad. En ese caso, no perdais la oportunidad si no habéis podido verlo.

Premática que ha de guardar las hermanitas del pecar, hechas por el fiel de las putas

«Si es gorda, por lo que suda, se le quiten tres cuartillos, y se le añadan en invierno por lo que abriga.Mujer chiquita, negra y roma, vale un real en todo tiempo, porque hace pecados bracos como perro de falda, si es con hombre de su tamaño; y si es mayor que ella, porque trabaja más, se le añada otro real.

Mujer fea y discreta, de día no vale un cuarto; mas de noche, embozada en un rincón o detrás de una puerta, con la cara embozada o por detrás, vale dos reales; y si la tornan como purga, cerrados los ojos, vale dos reales y catorce maravedís; porque, al cabo, gozar una fea por discreta y una hermosa por boba, es una misma cosa.

Mujer flaca vale catorce maravedís; y si el que la goza tiene sarna, la debe dar cuatro cuartos más, por el aparejo que tiene en sus güesos para rascarse. Y a estas tales señalamos para la Cuaresma, por lo que tienen de Cilicio; y mandamos que en ningún tiempo se puedan ensillar, si no es en silla de borrenes, como poetas y caballos saltadores, porque no hagan mataduras ni las timen con los güesos y con lo mucho que se menean.

A puta potrilla por domar y gazapitona, no se le dé nada, atento a lo que el hombre trabaja en enseñarla a dar gusto.»

Quevedo escribió este texto para orientar, jocosamente, cuánto se debía pagar a una prostituta en función de su aspecto y condición social. Esta premática (pragmática) es más larga, así que he extraído algunos de los “mejores” párrafos.

Lo he descubierto en Historias con historia, donde he aprendido también que durante la Edad Media y Renacimiento los burdeles estaban mucho más extendidos, aceptados y organizados de lo que pudiera imaginar. Y parece ser que en Valencia había uno de los más importantes de Europa.

Periódicos gratuitos y nuevos lectores

Tras la infeliz idea anteayer de utilizar la primera imagen de la búsqueda en google “bomba” para ilustrar la noticia Explosión de un artefacto casero en el 20 minutos de Barcelona, el avispado becario pidió perdón públicamente en su blog. Pero ya era tarde, había sido la comidilla de toda la red durante el día, obteniendo más de 800 meneos en Menéame. Posiblemente dentro de dos o tres días aparezca en El Intermedio, o cualquier otro programa de la televisión.

El tema es que el primer comentario (un tanto duro) reseñaba que la mala fama del 20 minutos llega hasta la Wikipedia, así que acudí a leer el artículo susodicho. En su historia y problemas hay algo que me gustaría señalar. Las negritas son mías.

Las asociaciones de prensa de pago consideraban que 20 minutos podía suponer una dura competencia, por lo que presionaron a la OJD para que no midiera su tirada. De este modo, los anunciantes no tendrían índices fiables y optarían por pagar menos o dejar de anunciarse, reduciéndose de este modo los ingresos de la editorial.

El 23 de octubre de 2002, denunció este hecho ante los tribunales. El también gratuito Metro Directo, que estaba en la misma situación, presentó una demanda judicial el 23 de noviembre del mismo año. En noviembre, Defensa de la Competencia abrió un expediente a la OJD por los cargos, aunque finalmente se falló a su favor.

En algunos municipios, incluso, se prohibió el reparto de periódicos cerca de paradas de autobús o bocas de metro, y se establecieron unos límites que no permitían repartir cerca de kioscos. También se avisó a los repartidores de que no podrían usar el mobiliario urbano (como bancos) para dejar periódicos.

Más tarde se demostró que los diarios gratuitos no sólo no quitaban lectores a la prensa de pago sino que, al fomentar la lectura, originaban nuevos lectores.

¿A qué me recuerda el caso? A sí, a la música y las descargas; a todos los grupos que jamás conocerías y por los que luego pagas una pasta para ir a sus conciertos, o porque te ha gustado tanto que decides comprar el disco original. Sí, a eso me recordaba. ¿Y la actitud mafiosa de los periódicos de pago no le recuerda a nadie a las discográficas?

Aprovecho para contar un dato que me ha parecido curioso. El director del 20 minutos es Arsenio Escolar, padre de Nacho Escolar, fundador y primer director del diario Público hasta su reciente destitución.

Tres nuevos blogs para mí

Estos días he descubierto blogs que desconocía y que me han parecido muy interesantes.

Pasa la vida. Genérico. Muchos posts son dedicados a fotografía (otro, y nanométrica), pintura (otro) e ilustraciones (otro), todos deleites para la vista. También hay bastantes sobre física y ciencia, algunas recomendaciones musicales y lo que se le ocurra al autor. Muy interesante éste sobre los césares o este mapa de inaccesabilidad oceánica. Escribe mucho, tres o cuatro entradas por día. Toda una pena descubrirlo ahora: no tengo tiempo para leerlo entero. He estado mirando las últimas páginas, y va directo a mi lector de feeds.

Desconvencida es una afortunada chica que lee muchísimo y cada entrada son fantásticos fragmentos literarios. A veces también hay escenas cinematográficas y algo de música. Hace dos días os recomendaba leer el breve cuento Wakefield, que había descubierto en este blog.

El hipopótamo funambulista también es un blog con muchísima literatura, pero el autor se explaya más con sus opiniones y reflexiones.