Archive for diciembre, 2009

20th dic 2009

Monólogos por la beneficencia

Hostia, un sábado por la noche conectado, y aún encima escribiendo en el blog. Llevo un trancazo de cojones y paso de empeorar, que en la calle ahora mismo estábamos a cinco bajo cero, y la noche está empezando.

Vengo de reirme un rato en el bar Charada, abierto recientemente en Huesca y que hoy acogía (por segundo o tercer día durante el último mes) a los muchachos de Monólogos por la beneficencia.

Éstos son el primer grupo de monologistas en Zaragoza, que llevan desde el 2000 haciendo reir a la gente. Sabía que todos los jueves actúan en el Juan Sebastian Bar de la capital (de hecho casi todos los días actúan en diversos bares semanalmente), pero nunca me había decidido a ir hasta hace un par de semanas.

Debo confesar que fui con bastante escepticismo: pensaba que serían un grupo de aficionados y que iba a ver un espectáculo de lo más mediocre; pero me equivocaba completamente. Y vaya si me reí. Disfruté muchísmo más que cualquier vez que haciendo zapping acababa en la Paramount y tenía que cambiar a los cinco minutos para no deprimirme ante el inminente final del humor (salvo honrosas excepciones —tres enlaces—).

En Zaragoza primero disfrutamos de Charly Taylor, un inglés que probablemente lleve viviendo aquí más que yo, y del irreverente Diego Peña. Me encantaron ambos, pero creo que preferí al segundo.

Hoy en Huesca, ha repetido Charly Taylor, lamentablemente (o por fortuna) con el mismo monólogo sobre las drogas que vi hace un par de semanas, peor es tan bueno que me he reído como la primera vez. El segundo monologista de hoy ha sido Mariano Bartolomé, y pese a que también nos hemos reído de lo lindo, ésta vez me ha gustado más el de Charly (aún siendo repetido). Más que nada porque el monólogo de Mariano era de un tema tan manido como las hipotécas y el tamaño de los pisos, con alguna coña de suegra incluida. Y sí, lo hacía bien e incluía alguna barbaridad de cosecha propia, pero lo ha enfocado de una forma tan habitual que no hace tanta gracia como el resto. Vale que las drogas puedan ser también muy recurrentes, pero no cómo en el monólogo de Charly Taylor. Y cosas como la jota reagge y el blues jotero que mezcló Diego Peña en el Juan Sebastian Bar hace dos semanas, tampoco son nada habituales, y lo hizo extremadamente bien.

Por si a alguien le interesa, en Youtube hay unos cuantos, aunque monopolizados por Diego Peña.

Sin lugar a dudas, lo peor de la noche ha sido un grupo de maleducados que no han parado de cascar durante todo el tiempo, pese a los constantes tchsss! de la multitud. Lo mejor de todo es que en ese grupo había una pedorra que no sólo se limitaba a molestar a la gente de alrededor con su cacareo constante, sino que aún encima ha tenido la poca vergüenza de gritar inoportunamente a los monologuistas. Y digo lo mejor, porque son gente con tablas y pensamiento rápido.

El inglés, durante su monólogo, nombra en varias ocasiones el Heraldo de Aragón (lo cual queda estupendo con ese acento) y tras mentarlo la primera, la maleducada de la que hablaba ha gritado “Viva el Heraldo de Aragón”. Que ya de por sí está fuera de lugar, pero tampoco queda excesivamente mal en un ambiente familiar como son estos monólogos en un pequeño bar, pero es que Charly le ha contestado algo, y la otra le ha replicado, y así varias veces. Joder, si has hablado fuera de lugar y estás molestando, lo lógico es que te calles de una puta vez y dejes seguir el monólogo, pero la lorita quería tener la última palabra. Así que al final, Taylor, sin perder la compostura, y con todo el humor del mundo le ha explicado que estaba haciendo un monólogo: es decir, que sólo hablaba él, puesto que sino sería un diálogo. Todos hemos roto a aplaudir.

Durante el resto de la actuación tenía que nombrar en más de una ocasión al diario y, para evitar nombrar el Heraldo de Aragón, ha ido diciendo otros distintos, añadiendo más coña al monólogo de una forma que no hubiera tenido si todos los espectadores se hubieran comportado como debían.

Cuando le ha tocado el turno a Mariano Bartolomé el mismo grupito no paraba de cascar. Y dale perico al torno. Pero esta vez bastante más alto que antes, que ya hasta le molestaban a él y ha llegado un punto en el que se ha quedado callado mirándoles, al hacerse el silencio se han dado cuenta de que sólo se les escuchaba a ellos. Entonces, la misma maleducada que nos ha estado dando el coñazo todo el tiempo, le ha espetado “Oye, es que hablas muy rápido“. Y  (joder, es que no se le pueden dejar a un profesional del humor tan a huevo, que esa te la contesto hasta yo) el tipo le ha contestado con toda la sorna que ha podido “¿No será que tú eres muy lenta?“. Y ahí sí que se ha ganado el aplauso más gordo de la noche. Poco después se han ido del bar antes de finalizar el monólogo, no sé si porque habían quedado, o porque se habían cansado de verse humillados, con todas las de la ley.

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19th dic 2009

Trancazo

Esta mañana me he levantado acojonado pensando que me había quedado dormido en algún rincón de la Estrella de la Muerte y que tenía a Darth Vader delante de mí, dispuesto a matarme.

Luego me he dado cuenta de que era yo, que llevo un trancazo que al respirar sueno como Darth Vader.

Éste es un nivel de resfriado por encima de Toser-como-un-viejo o estar-más-caliente-que-ésta.

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17th dic 2009

Hurbert Dreyfus contra la IA

Actualmente estoy leyendo Máquinas que piensan, de Paloma McCorduck, un apasionante relato sobre la historia de la Inteligencia Artificial, que cuenta tanto con anécdotas y citas de otros lugares, como con entrevistas de la propia autora a los verdaderos protagonistas de toda “la movida” de la IA allá por los 50. No lo he terminado pero puedo asegurar que es obligada lectura a todo aquel que disfrute con anécdotas de científicos al más puro estilo Historias de la Ciencia, especialmente si está interesado en la inteligencia artificial. Pero vayamos al caso.

A finales de los 60, un filósofo llamado Hurbert Dreyfus comenzó a atacar a diestro y siniestro esta rama, empezando con la publicación de un libro titulado “Alquimia e inteligencia artificial“. Al principio se le tomaba en serio y se debatían intensamente sus ataques hacía la IA, pero llegó un punto en el que el tipo se debió de desquiciar y dedicó el resto de su vida a dar charlas y escribir artículos criticando con total obcecación y nula imparcialidad a los investigadores y sus objetivos.

Seymur Papert estaba preparando una pequeña monografía sobre las dificultades para aceptar la idea de la inteligencia artificial, así que decidió ilustrar uno de sus artículos con un caso real de una crítica de Dreyfus y la siguiente cita está sacada de ahí.

«Pienso que tal vez en un sentido más profundo ése es el problema de la gente que nuca ha programado un ordenador [continuó Papert], y que quieren reflexionar acerca de si es posible la IA. Realmente parece monstruoso que esto sea posible. Tú les dices que un programa ha sido escrito para que haga tal y tal cosa y que así es como lo hace. Entonces ellos piensan en un programa ligeramente diferente. Cualquier programador vería de inmediato cómo ampliar el programa para cubrir ese problema. La gente como Dreyfus no puede. De ese modo cualquier modificación del problema parece llevarlo fuera del reino de lo que puede programarse, y eso parece ser una debilidad insalvable de la inteligencia artificial.»

Hubo un momento en el que ya nadie dentro del campo se molestaba en replicarle, porque la mayoría de cosas que decía eran un sinsentido. Pamela McCorduck dice en el libro que «Newell y Simon, que son objetivos primarios de Dreyfus, llegaron a la conclusión de que cualquier refutación formal sólo conseguiría dar más propaganda a Dreyfus. La ciencia, piensa Newell, vive porque un científico recoge el trabajo de otro, bien para refutarlo o para corroborarlo». Más tarde, Papert se arrepintió de haber tomado unas críticas de Dreyfus para elaborar el artículo que he citado previamente, afirmando que «Dreyfus no se enfrenta realmente con los problemas: se queda demasiado cerca de la superficie».

En sus artículos utilizaba citas de investigadores de la IA sacadas completamente de contexto para desprestigiarlos, y se aprovechaba de predicciones “fallidas” para ahondar en el fútil objetivo de desarrollar una Inteligencia Artificial. Con el paso de los años, insistió en que la disciplina se había estancando, a lo que más de uno comentó jocoso que eso significaba que los artículos se habían convertido en demasiado difíciles de leer para él.

Probablemente uno de los sucesos qué más recordará la comunidad de la IA de aquellos tiempos fue cuando Dreyfus aceptó jugar una partida de ajedrez contra un ordenador en 1966. Él había afirmado un año antes en uno de sus artículos que «ningún programa de ajedrez puede jugar ni siquiera ajedrez amateur», así que a Seymur Papert le pareció divertido organizar una partida de ajedrez entre el filósofo y el último programa de ajedrez que se había desarrollado hasta el momento, el MacHack de Richard Grenblatt. El ataque de Dreyfus se fundamentaba, especialmente, en un enfrentamiento anterior en el que un niño de diez años venció a una computadora.

Hay que aclarar que en esos años los programas de ajedrez no eran como ahora, ni mucho menos. El primer programa que jugaba al ajedrez fue desarrollado por Alan Turing en 1952 y ningún ordenador podía ejecutarlo. La única partida que se jugó, fue el propio Turing quién simulaba la ejecución, tardando hora y media con cada movimiento. Perdió la máquina.

No fue hasta finales de los 70 y principios de los 80 cuando se consiguieron desarrollar programas que llegaron a ganar torneos importantes y adquirir la categoría de Maestro. MacHack, situado entre ambas épocas, fue el primer programa con capacidad de jugar torneos de segunda, y venciendo a humanos en éstos.

Debo recordar que hubo que esperar hasta 1997 para ver cómo Deep Blue derrotaba al campeón mundial del momento, el Gran Maestro Gari Kaspárov. Aquella partida fue muy sonada, y probablemente sea uno de los hitos más famosos de la Inteligencia Artificial reciente. Sin embargo, creo que fue una victoria bastante controvertida, y que IBM jugó bastante sucio a continuación, aunque ésta ya es otra historia.

Bien, una vez puestos en contexto del estado del software que jugaba al ajedrez, debo decir que el enfrentamiento entre Dreyfus y MacHack, fue algo que sorprendió incluso a los principales investigador de IA del momento. Hasta la mitad de la partida todo el mundo estaba seguro de que ganaría el humano, pero hubo un momento en el que Dreyfus puso contra las cuerdas a la máquina, y ésta encontró una solución brillante que cualquier jugador de ajedrez habría disfrutado ejecutando.

Tras recibir el jaque mate por parte de MacHack, Dreyfus aseguró que su afirmación anterior no se refería a que no se pudiese lograr jamás un programa que jugase ajedrez amateur, sino que hasta ese momento no se había conseguido. Y que de hecho, MacHack le ganó a él, un jugador amateur. La polémica estaba servida cuando el siguiente número de una revista de IA publicó un artículo sobre la partida con el título: «Un niño de diez años puede vencer a una máquina, Dreyfus». Y el subtítulo: «Pero la máquina puede vencer a Dreyfus».

En lugar de tomárselo con filosofía (chiste fácil) aceptando la derrota y que se hiciese alguna gracia al respecto, protestó y escribió una carta en la que utilizaba un lenguaje en el que se le veía francamente ofendido. Herb Simon escribió una carta abierta dirigida a Dreyfus, con el título «Tranquilízate, amigo!». El original puede encontrarse en el archivo digital de todos sus escritos. Como no he encontrado una traducción por internet, copiaré la que aparece en el libro de Pamela McCorduck (la traducción del libro es de Dolores Cañamero). Publicar esta carta había sido mi propósito inicial cuando empecé este post, pero se me ha ido de las manos y supera las 1000 palabras, pero sin entender el contexto en el que fue escrita carece de todo interés. Si habéis conseguido llegar hasta quí, disfrutad del mordaz Simon.

«Estimado profesor Dreyfus:

Me ha molestado un poco su reciente carta a SIGART, protestando por los comentarios acerca de su derrota a manos de MacHack, el programa de ajedrez de Greenblatt. Una persona que utiliza la yuxtaposición de los nombres “Alquimia e inteligencia artificial” apenas puede pretextar ignorancia en el uso de la retórica o gritar “cerdo” cuando un editor insinúa algo yuxtaponiendo los resultados de una partida de ajedrez con una cita de uno de los jugadores. Tal persona, en conciencia, no podría ni siquiera protestar porque le contesten con el mismo tipo de retórica que él empezó a utilizar hace cinco años, y ha continuado, en escalada desde entonces.

¿Cuáles son los hechos? Un hombre que mostró un gran entusiasmo al escribir que “Un aprendiz de 10 años” había ganado a un determinado programa de ajedrez ha sido derrotado, y derrotado profundamente, por MacHack. Ningún hecho por sí mismo prueba demasiado sobre el presente o el futuro de los programas de ajedrez, pero los dos hechos pueden interesar y despertar emociones en personas que ya están apasionadamente comprometidas con ciertas conclusiones (a favor o en contra) en estos temas. Protestar contra un divertido comentario sobre la victoria de MacHack muestra o bien u deseo de aplicar la reglas de la retórica de forma asimétrica, o bien un compromiso emocional tan profundo como para no poder ver la asimetría. Usted debería reconocer que es probable que algunas de las personas que han sido mordidas por los afilados dientes de su prosa, en su debilidad humana, devuelven el mordisco; porque, aunque usted tiene una considerable destreza en el arte de polemizar, no tiene la patente.

La discusión sobre la filosofía y el status, de la inteligencia artificial saldría beneficiada de una desescalada. Puesto que usted ha aportado algunos de los pasajes más enérgicos acerca del tema, permítame sugerirle que usted bien podría empezar a enfriar el asunto; recobrar su sentido del humor podría ser un buen primer paso. Ya ve, lo verdaderamente cómico de la partida Dreyfus-MacHack, como cualquier otro jugador de ajedrez que lo intente le dirá, no es que usted fuera derrotado. Lo cómico es que el programa de Greenblatt exhibió en esta partida muchos de los fallos humanos que usted cometió (no ver mates obviamente inminentes, por ejemplo) y aún así le dio una paliza –por los pelos–. Fue una verdadera película de suspense en la cual una parte marginal de inconsciencia superó a otra. MacHack se comportó no como un “ordenador omnisciente” (para citarle a usted fuera de contexto), sino como un frágil y en ocasiones desesperado humanoide; incluso, podríamos decir, como usted y yo.»

La mayoría de la información que he publicado en esta entrada, así como todas las citas, están sacadas del libro Máquinas que piensan: Una incursión personal en la historia y las perspectivas de la inteligencia artificial, de Pamela McCorduck (traducción española de Dolores Cañamero).

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14th dic 2009

Pagando en el siglo XXI con métodos del XIX

Que el dinero en metálico es un producto desfasado es un hecho. Está claro que es mucho más cómodo llevar un par de tarjetas de crédito que un bolsillo cargado de monedas y billetes, no sólo por el espacio ocupado, sino por el total de crédito disponible.

Con brutal digitalización en la que estamos cada vez más inmersos, sería totalmente lógico que el dinero plástico se impusiese al viejo modelo analógico de aquí a unas décadas, desbancándolo por completo en los países desarrollados. Costará, claro, porque es algo mucho más seguro y controlado que el antiguo, con lo que manejar dinero negro y cualquier otro tipo de operación fraudulenta serán acciones mucho más complicadas (y son precisamente quienes nos gobiernan y los lobbies que los manejan los menos interesados en la transparencia y la legalidad).

En Japón, reflejo del futuro y último de los baluartes del honor en la política, hace ya tiempo que está desapareciendo el dinero real, y favoreciendo nuevos métodos tecnológicos para facilitar el uso de dinero electrónico.

En España, sin embargo y en plena crisis, nos encontramos con políticos a los que les gusta legislar siguiendo dios sabe qué propósitos y principios, y dentro de dos o tres semanas entrará en vigor una nueva ley que permitirá a los comercios trasladar las comisiones que pagan a los bancos por aceptar pagos con tarjeta a los clientes. ¿A santo de qué? Imagino que muchas pymes se sentirán asfixiadas por las abusivas comisiones que les obligan a pagar los bancos por ofrecer este servicio, y algún lumbreras de la casta política, con demasiadas acciones en algún o algunos bancos, habrá pensado que en lugar de controlar y atajar tanta comisión infame*, lo mejor era presionar aún más al consumidor. Así aprovechamos y afirmamos que ya no hay crisis, que en caso contrario no tomaríamos estas medidas. Debo señalar, que muchos comerciantes han afirmado que no aplicarán esta medida y seguirán cargando ellos con el pago de la comisión, actitud que aplaudo.

Me parece una medida totalmente ridícula y desfasada. Lo lógico sería que se defendiese la implantación de la tarjeta de crédito como modelo de pago, y proteger su uso como un derecho básico de todo ciudadano (aunque también la vivienda digna es un derecho). Habría que atajar desde el Gobierno las prácticas usureras del sector bancario y obligar a ofertar tarjetas (de crédito o débito, u otros modelos si existen) como algo totalmente natural. Es que lo que hay ahora es como si cada vez que se hace un pago en metálico tuviésemos que pagar una comisión a la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre.

* Nota: Y en ese artículo no aparece, pero si intentas hacer una transferencia por internet a una cuenta y utilizas espacios en lugar de guiones (o al revés) para separar los dígitos, te pueden llegar a cobrar diez o doce euros en concepto de transferencia a una cuenta inexistente. Algo que se puede comprobar con una línea de código en la aplicación y que es clara culpa del banco por aceptar entradas que no puede procesar. Esto es una anécdota totalmente real que le ocurrió a un amigo hace dos semanas.

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03rd dic 2009

De los DERECHOS y deberes FUNDAMENTALES

Solo podrá acordarse el secuestro de publicaciones, grabaciones y otros medios de información en virtud de resolución judicial.

—Artículo 20.5 de la Constitución Española.

Ya veremos en qué acaba todo esto (por poner uno de los miles de enlaces al respecto que rulan hoy por internet).

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01st dic 2009

Jornadas R-Project finalizadas

ACTUALIZADO: Están disponibles en internet los videos de todas las charlas.


Como advertía hace un mes, la semana pasada se celebró la I Conferencia Hispana R-Project, unas jornadas que nacieron con la pretensión de reunir y afianzar el grupo de usuarios de R de la comunidad hispanoparlante, objetivos que creo han logrado.

No voy a hacer un resumen del programa, pues de eso ya se encargó Carlos Gil Bellosta hace un par de días con bastante precisión y todo lo que yo dijera sería redundante. De modo que me limito a citarlo (a modo de trabajo colaborativo, como bromeó Francesc Carmona en su blog).

Yo no utilizo habitualmente R, de hecho mi contacto con él se limitó a las prácticas de Estadística en la universidad y al desarrollo de mi PFC; al cual precisamente se debía mi presencia en estas jornadas, pues está hecho de tal forma que cualquiera puede ampliarlo con poco esfuerzo para que distribuya el código que necesite a través de una mini-red de computadores que se cree personalmente.

La verdad es que estaba bastante nervioso (¡nunca había hablado en un congreso!) y no sabía cómo iba a calar la aplicación entre los asistentes, pero parece ser que a algunos les pareció interesante y así me lo hicieron saber; lo cual no deja de ser reconfortante. Dejo enlace al pdf con mi presentación.

Debo decir, que pese a mi escasa relación con R-project, he disfrutado bastante de las charlas. Había gente de todas las áreas, tanto estadísticos puros salidos de matemáticas, como físicos, biólogos, informáticos… La inmensa mayoría pertenecían al ámbito universitario, pero también había una pequeña representación de gente venida de empresas.

El caso es que siempre hay conocimientos transversales, útiles para todos, y como informático también me ha resultado interesante desde el punto de vista de cómo se organiza una comunidad en torno al software libre.

Muchos hablaron de sus comienzos utilizando R, en los que se encontraban prácticamente solos en su entorno —robinsones como alguien definió muy acertadamente— aprendiendo poco a poco con lo que podían encontrar en internet —en inglés, claro— y sintiéndose los bichos raros de su comunidad. Más tarde llegó la lista de R-es y todo empezó a cambiar, hasta la semana pasada en la que empezaron a ponerse caras tras dos o tres años intercambiando mensajes y comenzaron a hablar de proyectos más serios para intercambiar material y conocimientos entre todos.

Casualmente esta tarde leyendo el libro Máquinas que piensan, de Pamela McCorduck he llegado al capítulo en el que relata de forma bastante detallada la que ahora se conoce como Conferencia de Dartmouth, que en 1956 sentó las bases de la investigación en Inteligencia Artificial durante las siguientes dos décadas, y que vertebró, en cierto modo, toda esta disciplina. Digo casualmente, porque esa reunión de miembros aislados de diversas áreas que fueron las jornadas de R, me ha recordado de alguna manera a lo que Pamela relata sobre aquel verano del 56 en el Darmouth College —salvando las distancias, claro—. Dice:

«[...] la Conferencia de Darmouth fue también una confluencia de diversas corrientes intelectuales del siglo XX. Ellos mismos provenían de otras corrientes, del trabajo de individuos aislados en los campos de las matemáticas, la estadística, la psicología, la ingeniería, la biología, la lingüística, y las emergentes disciplinas de la ciencia empresarial. Si algunos científicos no estuvieron presentes en la conferencia, su espíritu estuvo representado por su trabajo y algunas veces por sus colegas y alumnos.»

De algún modo, al leer estas líneas hoy en el autobús hacia la universidad, he sentido que acababa de participar en algo parecido.

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