Leo en Pasa la vida una apasionada defensa del Escepticismo en un artículo publicado por Carl Sagan en 1987. La traducción original parece correr a cargo de Ciencia Kanija. Extraigo algunas citas que me han gustado, pero recomiendo encarecidamente la lectura completa.

El problema es, que un coche usado es una cosa, pero los anuncios de televisión y los pronunciamientos de los presidentes y líderes de partidos son otra. Somos escépticos en ciertas áreas pero, desafortunadamente, no en otras.

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El escepticismo es un reto a las instituciones establecidas. Si enseñamos a todo el mundo, digamos estudiantes de instituto, el hábito de ser escépticos, tal vez no restringirán su escepticismo a los anuncios de aspirinas y canalizadores de 35 000 años. Tal vez empiecen a hacer incómodas preguntas sobre las instituciones económicas, o sociales, o políticas, o religiosas. ¿Dónde iríamos a parar? El escepticismo es peligroso. Esa es exactamente su función, en mi opinión. El papel del escepticismo es ser peligroso. Y por esto es por lo que hay una gran reticencia a enseñarlo en las escuelas. Por esto no encuentras una gran afluencia de escepticismo en los medios. Por otra parte, ¿cómo negociaremos un peligroso futuro si no tenemos las herramientas intelectuales necesarias para hacer preguntas de búsqueda a esos que están al cargo, especialmente en una democracia?

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Me parece que lo que se requiere es un exquisito equilibrio entre dos necesidades en conflicto: el escrutinio más escéptico de todas las hipótesis que se nos sirven y, al mismo tiempo, una gran apertura a las nuevas ideas.