El pico del petróleo (en inglés Peak Oil) es el momento en el cual se alcanza la tasa máxima de extracción de petróleo global y tras el cual la tasa de producción entra en un declive terminal.

M. King Hubbert creó y uso por primera vez los modelos subyacientes al pico petrolero en 1956 para predecir de manera precisa que la producción petrolera de los Estados Unidos tendrá su pico entre 1965 y 1970 (como así sucedió y provocó la crisis energética de los 70). Su modelo logístico, actualmente denominado Teoría del pico de Hubbert, y sus variantes han descrito con razonable precisión el pico y el declive de la producción de los pozos petrolíferos, yacimientos petrolíferos en diferentes regiones y países.

Pico de Hubbert

Es un hecho que este pico existe (la cuarta parte del artículo de la wikipedia son fuentes), y lo que se debate en la actualidad es cuándo va a llegar. Los estudios más optimistas hablan de un lustro, los más agoreros afirman que fue hace un lustro, y muchos piensan que hemos alcanzado el pico el año pasado.

Antes que nada, esto no es una idea de un par de perroflautas ni una teoría de la conspiración ni nada, es algo real, documentado y aceptado por todos. En este enlace podrás ver menciones internacionales al respecto, reuniones de ministros, conferencias, etc. En este otro, parecido a nivel Español: menciones en el parlamento, estudios encargados la administración y cantidad de documentos oficiales de distintos Ministerios y ayuntamientos, Comunidades Autónomas… Incluso el Ministerio de Defensa ha hecho estudios sobre la importancia capital que el petróleo tendrá en unos pocos años, y si los militares andan preocupados con esto es que no es tema baladí.

Si no has oído hablar antes es porque no interesa darle publicidad. Las malas noticias restan votos y la realidad no interesa de cara a las siguientes elecciones (un ejemplo reciente: el PSOE ganó las de 2008 negando una crisis económica que era más que evidente, en lugar de hacer frente a la situación y tomar las medidas adecuadas para suavizar el golpe), y preparar al mundo para el final del petróleo es una tarea ardua que no puede realizarse en cuatro años. En el mundo ya no quedan estadistas, que gobiernan pensando en las próximas generaciones, sino políticos, para los cuales un problema aplazado es un problema resuelto1. Así que mientras no les toque a ellos o no exista suficiente presión popular para actuar, seguirán pasando la patata caliente hasta que le reviente a otro en las manos. Y lo jodido es que, cuando reviente no sólo se llevará al político de turno, sino a todos nosotros.

Casi todo el mundo cuando oye hablar sobre el fin del petróleo piensa que con ir al trabajo en bicicleta estaremos tan contentos, pero no se trata de eso, los turismos son en lo que menos petróleo se gasta en el mundo. Toda nuestra sociedad está basada en el petróleo.

La amplia mayoría de los plásticos están realizados con petróleo (el PVC, por ejemplo): mira a tu alrededor a ver qué no tiene plástico, el aislante de los cables por los que circula la electricidad es de plástico, carcasas de casi cualquier aparato, envases para alimentos y bebidas, prótesis, juguetes…

No sólo eso. El petróleo representa de media el 33% de la energía primaria consumida en el mundo (varía según el país) y con él también se fabrican fertilizantes, detergentes, neumáticos, aceites lubricantes para engrasado de maquinaria, colorantes y antioxidantes sintéticos, asfaltos para pavimentos, el butano de la clásica bombona naranja, pinturas, vaselina para pomadas y otros cosméticos, papel (se le añaden polipropilenos para conseguir determinadas características), combustibles para aviones, barcos, camiones y maquinaria pesada como tractores o grúas… la lista es interminable.

Y ojo, que los medios de transporte no son tema baladí. En un mundo tan globalizado como el que vivimos necesitamos importar muchísimo, tanto manufacturas, como materias primas, como alimentos (para cuya cosecha se requiere petróleo para tractores y fertilizantes). Llegará un punto en el que traer todos esos productos será inviable económicamente y nos quedaremos sin ellos. Y tampoco podremos exportar nuestro exceso de producción (aparte de los problemas de abastecimiento, el petróleo tiene un impacto directo en el crecimiento económico).

Es muy interesante echar un vistazo a los datos del INE sobre mercancías exportadas e importadas en España, con información desde 1994 y clasificada en 99 categorías. Obserrvando los datos de 2009, somos grandes exportadores de fruta, legumbres, manufacturas de piedra (cemento), y armas. Pero tenemos un inmenso vacío que rellenar con importaciones, por ejemplo (y ahora tomo datos de 2005 para comparar con nuestra producción, de la que no tengo datos más recientes): importamos 13 millones de toneladas de cereales y cosechamos exactamente la misma cantidad, es decir, que dependemos del exterior para cubrir la mitad de la demanda de cereales. Importamos unas 130 millones de toneladas de combustibles, frente a las 20 millones de toneladas que produjimos. También importamos 1450 millones de toneladas de materias textiles y sus manufacturas (3100 millones de toneladas en 2009) con una exportación constante de 800 millones, con lo que no creo que haya aumentado nuestra producción (comparo con exportaciones al no tener datos de producción de textiles). Se puede perder un rato curioseando en la página de exportaciones e importaciones del INE. Muy útil comparando las exportaciones con la cantidad que producimos (cosechamos/extraemos) de cada producto en España, aunque los datos terminen en 2005.

Ahora mismo hay mucha publicidad sobre el coche eléctrico… ¿Pero a que no habéis oído hablar del camión eléctrico, o del tractor eléctrico? La potencia y autonomía que se consigue con el motor eléctrico es todavía irrisoria, imposible para nada más grande que un turismo (por eso los prototipos que se ven son biplazas ultraligeros). Pero no sólo eso, sino que el litio que hay en todo el mundo se estima que no daría ni para el 15% del parque automovilístico del mundo (cálculos ampliados). Por todo ello y más razones, problemas con la generación de electricidad, falta de infraestructuras (eléctricas para la carga de coches y porque las carreteras se hacen con petróleo) hay varios motivos para afirmar que el coche eléctrico no llegará nunca a producirse comercialmente a gran escala.

Y no sólo eso, también la generación de electricidad depende del petróleo. Las centrales térmicas, que producen el 50% de la electricidad que se consume en España, están alimentadas por petróleo, carbón y gas natural (y similar porcentaje a nivel mundal). De estos tres combustibles, el carbón ya ha tenido su pico, y el gas lo tendrá antes de diez años. Los biocombustibles tampoco son una alternativa para generar electricidad ni para mover vehículos, no sólo por su pobre aporte energético (se utiliza casi tanto petróleo entre fertilizantes, tractores y transporte como el que se obtiene), sino porque roban grandes extensiones de terreno que deberían utilizarse para alimentos, habiendo causado ya alguna crisis alimentaria por el incremento de precios.

La energía nuclear (que en España supone el 20% de la generación de electricidad) no sólo se enfrenta a las mismas preguntas anteriores, sino que se estima que el pico del uranio está también muy cercano. Además, en 2008 se consumieron en el mundo el equivalente a 65.000 toneladas de uranio natural: las minas de uranio sólo proporcionaron unas 44.000 toneladas de ese uranio, mientras que las 21.000 toneladas restantes fueron extraídas de las llamadas reservas secundarias. Estas reservas secundarias se estiman en unas 500.000 toneladas el de las reservas militares (principalmente EEUU y Rusia en forma de cabezas nucleares) y en unas 50.000 toneladas en las reservas civiles, las cuales se estima que al ritmo actual se agotarán en 3-4 años. Si USA y Rusia no reciclan parte de sus misiles y los venden en el mercado libre, habrá una escasez del 30% del uranio, con lo que la tercera parte de las centrales del mundo deberían parar. Y aunque reciclasen todo, daría para 10-20 años al ritmo de consumo actual. Con un futuro tan negro resulta estúpido apostar fuerte por esta energía.

Para solucionar la la falta de electricidad, podremos instalar más renovables… pero dejando de lado el problema de la eficiencia ¿cómo se construyen las presas, paneles solares, molinos o fábricas? ¿cómo se desplazan hasta donde se coloquen? ¿cómo se llevan a reparar? ¿cómo se extraen las materías primas para fabricarlos? ¿cómo se transportan y tratan los deshechos? Todas las respuestas necesitan el petróleo. Y principalmente, este último problema de desplazamiento y extracción es común al resto de materiales que nos rodean. No se puede esperar al último momento para incrementar su uso, porque llegaremos a un abismo de energía: la ya de por sí poca energía que conseguiremos tendremos que utilizarla para conseguir más energía, entrando en un bucle sin fin.

El principal problema que hay que comprender sobre el peak oil, es este último punto, el rápido declive de la energía neta. La oferta de petróleo no va a ir disminuyendo lentamente, mientras los precios se van encareciendo poco a poco durante muchos años. No. Por supuesto que no ocurrirá de la noche a la mañana, pero la caída será mucho más rápida de lo que fue la subida. Entre otras cosas, porque el consumo energético del globo aumenta sin parar, juntándose el hambre con las ganas de comer. Y, porque cuanto menos petróleo queda, más coste tiene extraerlo, volviendo al abismo antes mencionado. Además, una vez estemos al lado derecho de la curva de Hubbert pueden pasar muchas cosas (como revueltas de hambrientos, cómo las ya ocurridas a principios de 2011, en países exportadores de petróleo que afecten a la producción).

Hay que tener el claro el concepto de Tasa de retorno Energético (EROEI), que permite analizar una fuente de energía comparando cuánta enegía ofrece a cambio de la que necesitamos para aprovecharla. Un EROEI de 30:1 significa que por cada unidad energética que empleo en procesar una materia, me devuelve 30 unidades energéticas. La siguiente imagen, del informe Searching for a miracle de Richard Heinberg habla por sí sola, pero destacaré el petróleo: En los años 30 el EROEI era de 100:1, en los años 70 de 30:1 y ahora está por debajo del 20:1. Diversos estudios aseguran que para que una sociedad industrial moderna como la nuestra funcione, el EROEI de las energías utilizadas ha de ser, como mínimo, entre 5:1 y 10:1.

Llevo varios días absorto con la lectura del blog The Oil Crash, en el que gracias Antonio Turiel he ido descubriendo con cada artículo suyo la realidad sobre un problema tan grave como éste y del cuál se da tan poca información al público. De verdad creo que es algo que merece la pena entender y analizar, porque no se va arreglar solo, la solución es cosa de todos y no va a haber un político que mueva un solo dedo si no estamos todos implicados: ser optimista es una irresponsabilidad. Y el primer paso es darlo aconocer a cuanta más gente mejor, por eso he escrito este post algutinando las entradas más reveladoras de The Oil Crash (que es una de las pocas fuentes de calidad en español). Cada párrafo intenta extraer las ideas fundamentales de los enlaces que incluye, así que recomiendo seguirlos para ampliar información en las cosas que no se vean claras.

Fuentes y otros links de interés (obligada lectura de los dos primeros):

1- Frase combinada por mí a partir de una aparecida en el artículo Intrusos en el comedor de Reverte y una cita de Freeman Clarke.