Hay mañanas que, leyendo las noticias, no sabes si reir, llorar, o liarte la manta a la cabeza y echarte al monte.

Si primero lees que: «El Ayuntamiento ha optado por establecer una partida de 30.000 euros para becar a familias que lleven a sus hijos a centros privados que, señala el Consistorio, están pasando por una grave situación.» Te descojonas, cómo no. Vaya mierda de neoliberales nos gobiernan, bien se vale que se han ido los pseudo-socialistas que ya viene el PP a repartir becas para educación. Luego te preguntas dónde quedó el libre mercado y si no hay laissez faire cuando se trata de amiguetes; pobrecillos, claro, con lo que cuesta el colegio privado bien merecerán una ayuda, no van a mezclar a sus hijos con la chusma de la pública.

Pero si, unos segundos después lees la noticia contigua, compruebas que las matrículas de los grados en universidades públicas se van a incrementar sustancialmente te das cuenta de que dos y dos no suman cuatro. ¿Hay dinero para centros privados pero no para públicos? Pasas de llorar a atacar cabos, confirmas lo que llevas sospechando tanto tiempo: que no es cuestión de que haya menos gente que estudie, sino de qué gente es la que no quieren que estudie. Que ya estaba bien de tanto movimiento entre clases ¿Cómo van a trabajar sus hijos en el mismo bufete de abogados con los de un campesino?

Llevamos, sobre todo desde el inicio de esta crisis, observando cada día las insostenibles falacias del neoliberalismo que profesan quienes nos gobiernan, que sacralizan el libre mercado cuando éste perjudica seriamente al ciudadano de a pié y al pequeño empresario, pero que se olvidan y apresuran en intervenir cuando el afectado es la poderosa corporación que les ampara en su puesto, o el negocio de un amiguete. Se les empezó a ver el plumero cuando empezaban a regalar dinero a los bancos, a los mismos que con su avaricia y sus incesantes peticiones por la desregularización nos han conducido a donde estamos, pero cada día hay más y más noticias que confirman este hecho, y cada vez de forma más descarada.

Baste ver la nacionalización de YPF por parte de Argentina y cómo ha saltado el gobierno español a defender los intereses de Repsol, una empresa que apenas paga impuestos aquí abusando de paraísos fiscales. Independientemente de si el proceso populista iniciado por Kirchner haya sido justo o no, que un gobierno autocalificado de neoliberal y opuesto radicalmente al intervencionismo inicie un conflicto diplomático posicionándose a favor de una empresa privada —cuyos principales accionistas, a la postre, no son españoles— esgrimiendo en su demagógico discurso una falsa preocupación por los pequeños inversores nacionales es de chiste.

No es que no se crea nadie a este gobierno empatizando con cualquier grupo calificado como “pequeño”, es que hace tiempo que una serie de PYMES en Marruecos llevan quejándose al Gobierno de una serie de ataques y extorsiones sufridas allá. Y ninguno —ni el anterior ni éste— ha movido un dedo, pese a ser una situación equivalente. Ojo, que ese hatajo de sinvergüenzas que ha cerrado sus empresas aquí para llevárselas a otro país donde pagar menos impuestos y sueldos no se merecen ni el agua que beben, y les está bien empleado todo lo que les pase, a ver si se creen que pagar menos y competir de forma desleal con quienes se han quedado les iba a salir gratis; recuerden que lo barato sale caro.

Pero es una noticia que me encanta porque pone de manifiesto que los argumentos del Gobierno sobre el tema Repsol son falsos, y que su única preocupación es garantizarse un puesto de asesores al finalizar su mandato. Quizás las PYMES deslocalizadas a Marruecos puedan ofrecer algún puesto vitalicio similar. Además, si tienen mucha prisa por empezar a trabajar de consejeros, estas filiales en Sudamérica les vienen muy bien para saltarse los dos años de espera como hemos visto recientemente con Salgado, por lo que les conviene conservarlas y que lo sucedido con YPF no se convierta en norma general como parece temerse, no vaya a pasarles también con las eléctricas donde tienen incluso más intereses.

Por más que presuman de ello, no existen ya verdaderos liberales, no creen en nada más allá del dinero y el poder y, obviando cualquier ideología, no les importa cómo conseguirlo. Utilizan los mantras neoliberales cuando les beneficia para sus intereses, pero no creen en ellos, son una herramienta más al servicio del poder.


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