Curiosísima entrada que acabo de leer en Kirai verificando una vez más la vieja máxima que afirma que «hecha la ley, hecha la trampa» y que por lo menos demuestra que no es algo propio únicamente de la picaresca española, sino que pasa en todas partes.

Al finalizar la 2ª Guerra Mundial, la Rendición de Japón se produjo una semana después de los bombardeos atómicos sobre Hiroshima y Nagasaki. Tras un ataque así, Japón no tenía nada que hacer y tuvo que firmar una rendición incondicional y aceptar todas las exigencias de los aliados, así como soportar la ocupación de la isla por los estadounidenses.

Una de las condiciones impuestas a este fin de la guerra fue la completa desmilitarización de Japón, lo cual se tradujo en el artículo noveno de su constitución como:

Los japoneses renuncian a la guerra como derecho soberano de la nación y el uso de la fuerza para decidir disputas internacionales. Nunca se mantendrán fuerzas aéreas, de tierra, de mar o cualquier otra herramienta que pueda provocar una guerra.

Sin embargo, es bien sabido que Japón sí tiene un ejército y que, de hecho, es el sexto que más financiación recibe anualmente en todo el mundo.

¿Y cómo pueden hacer para mantener legalmente un ejército sin violar la constitución? Pues simplemente llamándole “Fuerzas de Autodefensa” y haciendo que éstas pertenezcan a la policía nacional, ni más ni menos.