Llego ahora de mi primera visita a la EXPO y vaya fiasco. La verdad es que en un principio no tenía pensado acudir, pero me regalaron entradas, así que decidí aprovecharlas; teniendo una Exposición Internacional a media hora de casa es casi absurdo no aprovechar y verla.

Sin embargo, vuelvo completamente decepcionado. Lo único que he disfrutado han sido los edificios: hay que reconocer que son unas construcciones impresionantes, bonitas y curiosas; pero cuando el continente es mejor que el contenido, estamos haciendo algo mal.

El denominador común de todo el recinto han sido las proyecciones: vídeos en pantallas, vídeos en las paredes, vídeos en el suelo, vídeos en el techo, vídeos en tinajas, vídeos sobre agua… vídeos, vídeos y más vídeos. Vídeos de documental, de los que tan vistos tenemos desde el sofá de nuestra casa y por los que no merece la pena pagar un solo céntimo por ver desde la incomodidad del suelo o de unos muebles haciendo las funciones de asientos.

Sólo decir que hemos llegado al Pabellón de Aragón con miedo de encontrarnos con un vídeo de Monesma de cómo hacer cuerdas de esparto o carbón natural. Por suerte era una obra de Carlos Saura ad hoc con una impresionante fotografía.

Hemos empezado viendo los pabellones de los distintos países y no nos decían nada hasta llegar a Suecia, que ha sido el primero en el que realmente hemos visto una especie de presentación del país y temas relacionados con el agua y el ahorro. Esto es lo que esperaba encontrarme en todos los demás: unas pinceladas de las culturas de cada país invitado y su forma de enfrentarse a los problemas del agua; una invitación a plantearte visitar el país en cuestión. Por el contrario, la mayoría se limitaban a poner fotografías y vídeos de espacios con agua: sus ríos, lagos, playas… Si hasta los eslovacos tenían igual 40 ó 50 botellas de agua mineral para demostrar la cantidad de manantiales que existen en su país. ¿Resultado? Terminas convencido de que lo que sobra en el mundo es agua.

Realmente por eso creo que han enfocado francamente mal las exposiciones, stands y actuaciones: abuscan completamente del agua para todo. Una de las obras que se realizan a diario cuatro veces al día, y que nos ha encantado consistía en su mayor parte en cinco tios lanzándose increibles chorretazos de agua los unos a los otros —muy original, no daré detalles, pero si acudis no os perdáis El Hombre Vertiente— pero por muy bonita y distinta que fuera, no eran sino 5 personajes malgastando agua de mala manera —evidentemente imagino que colarán toda y la reutilizarán, pero no es la imagen que queda—. Y todos los demás edificios tenían también agua por todas partes: ríos artificiales, cascadas sobre cristal, fuentes, lluvia artificial, vaporizadores…

Tampoco es que pretenda entrar ahora en la doble moral que supone organizar la EXPO del agua, del ahorro del agua y todos los conceptos de ecologismo y desarrollo sostenible que implica, con el consiguiente gasto que se produce no sólo de montarla en condiciones normales, sino en el lugar malescogido de la ribera del río. La doble moral de estar gastando miles y miles de litros de agua en todos esos edificios que supuestamente pretenden concienciar de la importancia de ahorrar el líquido elemento. No, no insistiré en ello porque ya lo ha hecho mucha gente antes que yo y con todo mucho mejor estudiado que mi simple visión parcial del asunto. Lo que yo quiero criticar es lo absurdo de la muestra.

Una aplastante mayoría de stands se limitaban a ofrecer —algunos te obligaban a tragártelos sin posibilidad de escape— unos vídeos insulsos y, muchos de ellos, para niños, en los que simplemente presentaban unas bonitas imágenes de sitios idílicos del país. Algunos de dibujos como el bochornoso vídeo en cúpula del pabellón de España, otros con más jugo, pero nada del otro mundo al fin y al cabo. Y, sin duda, los países que se llevaban el premio gordo eran los que llenaban toda su zona con chiringuitos donde comprar casi la misma bisuteria que encuentras en los mercadillos en fiestas. Pero nada más, ni una triste presentación sobre el país ni nada parecido: todo tienda. No descarto que los de Nepal sean los sudamericanos que vienen para San Lorenzo, que desde la DGA les han dejado disfraces y los han contratado para tres meses. Y así unos cuantos.

El resultado final: decepción. Pero eso sí, unos edificios muy bonitos. Ah, y calor. Esperad a septiembre o a días lluviosos, porque hay unas explanadas sin una miserable sombra a las que no querría enfrentarme en julio/agosto. Oh, y sobre los famosos precios populares me reservo a pasar las fotos al ordenador y poder enseñar lo que cobran por una puta mierda.