Qué duro levantarse durante toda la semana mientras tus amigos están echándose el penúltimo cubata. Y luego coger el coche para ir a trabajar y ver cómo vuelven a casa los primeros derrotados, mientras el resto decide dónde ir a almorzar o si ir a las vaquillas.

Ha sido un San Lorenzo raro, el primero queme he perdido la mayoría de días. Estuve para el chupinazo, al que fui de empalmada (ya que iba a estar pocos días había que aprovechar saliendo desde el 8) y fue menos duro de lo que pensaba. Eso sí, levantarme para salir por la noche fue mortal. Desde entonces hasta hoy, me he limitado a salir por las tardes y acercarme un rato a ver a mis amigos en la botellada previa a la marcha. Eso sí, hoy y mañana: a tope.

Lo peor, sin duda, es que sólo puedo salir los días de “fiesta general” por lo que tendré que vérmelas con incomodísimas aglomeraciones (las peñas el sábado 9 eran mortales). Pero bueno, por lo menos algo me queda.