1. Desde un punto de vista intelectual, las almas de los muertos entran en una condición que, si hemos de juzgar por las producciones que consignan en las pizarras de los médiums, debe ser calificada de muy lamentable. Estas escrituras pertenecen por completo a la categoría de la imbecilidad; carecen de todo contenido.
  2. Lo más favorecido, por lo visto, es la condición moral del alma. De acuerdo con el testimonio que poseemos, de su carácter sólo puede decirse que es inofensivo. Los espíritus, de la manera más educada, se abstienen de comportamientos bárbaros, tales, por ejemplo, como destruir los doseles de las camas.
  3. Desde un punto de vista físico, las almas de los muertos caen bajo servidumbre de algunos seres vivos que se llaman médiums. Estos médiums constituyen, al menos hasta el presente, una clase no demasiado extendida y parecen ser casi exclusivamente norteamericanos. Bajo sus órdenes, las almas de los difuntos realizan hazañas mecánicas que poseen en todo respecto el carácter de la más absoluta inutilidad. Dan golpes, levantan mesas y sillas, mueven camas, tocan la armónica y hacen otras cosas similares.

Wilhelm Wund, Espiritismo, una cuestión llamada científica, 1889.

Aparece como nota del autor en el libro La cuarta dimensión, de Rudy Rucker, que me estoy leyendo ahora. Parece ser que a finales del siglo XIX se puso muy de moda la idea de que los fantasmas pudiesen ser seres del hiperespacio. Me ha gustado esta pequeña crítica a los médiums.