Este domingo terminó la edición de este año del festival de Jazz de Zaragoza y he tenido la suerte de haber podido disfrutar de tres conciertazos.

El miércoles 12 tocaba el Arturo Sandoval Sextet y acudimos esperando un concierto muy animado, con ese ritmo latino tan característico y el cubano no nos decepcionó. Sí que he de decir que tocó más canciones lentas de lo que esperaba, incluso más de un bolero, que no era lo que buscábamos, pero cuando quería ponerle marcha, se la daba, y disfruté bastante de su trompeta y el resto de la banda. Lo más destacable fue el solo de maracas a cargo del percusionista Philbert Armenteros. Nos dejó a todos anonadados con su arte con un instrumento que parece tan soso y monótono. Nunca hubiese podido imaginar que se podían sacar tantos sonidos de unas simples maracas.

Dos días más tarde fue el turno del James Carter Quintet, teloneados por el Zaragozano Luis Giménez Quartet. Simplemente puedo decir que estos últimos no estuvieron mal. Tocan un estilo de jazz que no me motiva nada (guitarra eléctrica muy melódica, piano, batería y bajo), muy sosegado, que se podría calificar como música de ambiente. Que también tendrá su mérito y su belleza, pero no me llama como música para escuchar. Además no era el día. El cabeza de cartel de esa noche era James Carter, un artista del saxo y el clarinete, con un grupo que prometía hacer vibrar la sala: y lo hizo. Ya con el primer tema, uno de esos temas largos de jazz, con solos de todos los músicos, algunos repetidos, ya obtuvieron más aplausos que toda la interpretación del grupo anterior. James Carter exprimió sus instrumentos al máximo, y nos deleitaron con un repertorio de canciones de las que el cuerpo te pide levantarte, que es exactamente como a mí me gusta el jazz.

Para terminar, al día siguiente acudimos a ver a la Mike Stern Band. No iba muy motivado, porque los grupos de jazz con guitarra eléctrica que he tenido ocasión de escuchar suelen ser bastante sosetes para mi gusto (como me pasó el día anterior con Luis Gimenez). Sin embargo, el que hubiera un saxofonista para dar vida ya me empezó a dar buenas vibraciones, y el concierto me encantó. Mike Stern es uno de esos virtuosos de la guitarra capaz de cualquier cosa, y que atrajo a un ejército de heavys que destacaban mucho entre la mayoría de personas mayores que había en el resto de conciertos. Me encantó como pasaba sin ningún complejo de los tonos melódicos a los que nos tienen acostumbrados los guitarristas de jazz, a rockear con una buena dosis de distorsión. Al igual que el día anterior, tuvo un desafortunado telonero: el Trio del pianista Miguel Angel Remiro. Tampoco pegaba su lentísimo jazz cuya canción más movida fue lo que él afirmó que se trataba de una bulería, en la noche del jazz más rockero que se pueda esperar.