Extraeré dos párrafos de un artículo interesante de Microsiervos criticando cómo se está llevando la implantación de la TDT en España. Recomiendo su lectura antes de volver aquí.

Y es que de nuevo según datos de Impulsa TDT, hasta un 40% de los espectadores aseguran no haber oído tan siquiera hablar del apagón analógico y lo que este supone, y, del 60% que sí dicen haber oído hablar del tema, solo un 40% manifiestan su intención de hacer la adaptación próximamente, por lo que aún queda una importante tarea de concienciación que llevar a cabo.

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Pero dado que esta transición se va a realizar por fases, para el 30 de junio del 2009 aproximadamente un 12,5% de la población ya solo podrá ver la televisión a través de la TDT, porcentaje que subirá a un 32,4% el 31 de diciembre, antes de alcanzar el teórico 100% el citado 3 de abril del 2010, así que para quienes vivan en zonas afectadas por la Fase I de la transición quedan menos de 200 días para que se produzca el apagón analógico.

Desde el principio el tema de obligar a finalizar las retransmisiones analógicas de una forma tan abrupta me pareció escandaloso. Obligar a todos los ciudadanos a comprar un decodificador para ver algo que hasta ahora no era necesario me parece absurdo. Creo que debería hacerse de forma más gradual, ofreciendo muchas alternativas y posibilidades a la opción digital y dejar que la televisión analógica coexistiera con ella hasta que la inmensa mayoría de la población pudiese recibir la nueva señal sin necesidad de hacer un esfuerzo extra.

Sin embargo,  dependiendo del tiempo que signifique el “proximamente”, las encuestas afirman que apenas la cuarta parte de la población va a poder ver la televisión el año que viene.

No es sólo la enorme desinformación de la mayoría de espectadores (el 40% ni siquiera ha oído hablar acerca del TDT ése), es que a lo mejor algunos de los que sí saben que van a tener que comprar un nuevo aparato para que su vieja televisión siga funcionando, desconocen cómo instalarlo.

Y respecto a las instalaciones… en mi casa parece ser que vamos a tener un importante problema, así que no descarto que ocurra en otros hogares. Siempre que yo recuerde hemos recibido un poco mal la señal, lo justo para que algunos canales se viesen sin ningún problema, pero otros tuviesen algo de “nieve”. Generalmente no era demasiado grave, pero en ocasiones se volvía bastante incómodo. La entrada de la antena de la casa al piso la tenemos en un cuarto, y ha de recorrerlo entero, cruzar el pasillo y acceder al que tenemos la tele. Recientemente acudió de nuevo un técnico de antenas (electricista, o quién se dedique a esto) y descubrió que la señal llegaba bien a la salida de la casa y mal a nuestra televisión, de modo que el problema estaría seguramente en los cables que atraviesan media casa, que estarían en mal estado. El canal que peor visualizamos es la TVE1, que es la que se emite a mayor frecuencia. Parece ser que la TDT se emite todavía a más alta frecuencia, por lo que afirmó que tendríamos muchos más problemas con ella. Hace un par de semanas compramos un decodificador para la TDT y, como predijo el técnico, no había Dios que viese nada. Vale, se distinguía la pantalla, pero había un mar de pixeles mucho peor que cualquier “niebla” de la televisión analógica. Ponían La Isla de las Cabezas Cortadas y por un momento pensé que alguien estaba jugando al Monkey Island en mi televisor. La única solución para ver la televisión dentro de un año en mi casa será cambiar todo el cableado; un gasto para nada agradable. Sé que no vamos a ser el caso general, pero por fuerza ha de suceder en más lugares.

Si empezamos a sumar al desconocimiento y los diferentes problemas que pueda causar el cambio, al cada vez mayor porcentaje de telebasura y la menor calidad de la programación en general, a la posibilidad de que se pierda más de una cadena pequeña (que muchas no aportan más que refritos, pero algo de diversidad añadían), a la mayor profusión de internet en los hogares, y a otras causas que no se me ocurren ahora, me parece que éste “apagón analógico” va a ser un pequeño suicidio para la pequeña pantalla. Y, oye, no me da ninguna pena.