El primer libro que termino este nuevo año es El placer de descubrir, un compendio de conferencias y artículos del genial físico Richard P. Feynman, así como alguna entrevista. Habla sobre todo tipo de temas: cómo cree que se debería enfocar la enseñanza de la ciencia, la influencia de la ciencia en la sociedad, la relación con la religión, el futuro de los ordenadores, de la miniaturización hasta extremos nunca pensados antes…

Ya hace tiempo que me enamoré de Feynman gracias a Historias de la Ciencia, pues no sólo fue un brillante físico, sino una mucho mejor persona y un gran divulgador; realmente le preocupaba enseñar.

Con esta lectura, completo los tres libros que hay en la biblioteca de Huesca sobre Fenyman. Los otros son ¿Qué te importa lo que piensen los demás? y ¿Está Ud. de broma Sr. Feynman? ambos 100% recomendables y de necesaria lectura antes que éste para saber porqué le adoramos tanto los que hemos leído sobre él. El motivo es que son anécdotas sueltas, contadas por él o por otros, y El placer de descubrir, como he dicho antes, es en plan conferencias.

El prólogo, enternecedor, corre de la mano de Freeman J. Dyson, el discípulo que demostró que los trabajos realizados por Feynman, Schwinger y Tomonaga sobre electrodinámica cuántica eran equivalentes, y en la que se compara con Jonson y Shakespeare, su mentor. Está íntegramente copiado en Historias de la Ciencia.

En el conjunto del libro hay algunas ideas que se llegan a hacer repetitivas por su aparición una y otra vez en diferentes conferencias: sus paseos por el bosque con su padre, su forma de ver la ciencia como una refutación constante de lo que sabemos, los aborígenes de una isla del Pacífico que simulaban aeropuertos de madera esperando que aterrizasen aviones… aunque cada vez las cuenta de una forma ligeramente distinta y siempre aporta algo nuevo. Del resto, me gustaría destacar algunas a continuación.

En una de las charlas habla sobre sus vivencias en el laboratorio de Los Álamos, mientras formaba parte del Proyecto Manhattan. Es increíble cómo, cada vez que nombra a alguien, viene acompañado por un pie de página en el que descubres que era un premio Nobel o iba a serlo años después. Resulta asombroso que en un ambiente así, Feynman no se amilanase, ni tan siquiera ante mitos de la física, siendo totalmente franco cuando le parecía que alguien exponía una idea loca, fuese quien fuese. De hecho, el mismo Niels Bohr se reunió con él en privado para analizar unos modelos porque se dió cuenta de que sería el único que no le diría que sí a todo.

De este periódo también es muy gracioso que todo el tiempo estuviese tratando de burlar la seguridad. Consiguió, por ejemplo, descifrar la combinación del candado de seguridad de los archivadores de todos sus compañeros. También recibía todo el tiempo correos cifrados sin clave de su familia, costumbre que mantenía desde antes por diversión, para tratar de descifrarlos. Puesto que el Proyecto Manhattan era importantísimo y la seguridad altísima, había unos funcionarios encargados de revisar toda la correspondencia que entraba o salía (había sido pactado previamente con los involucrados puesto que eso violaría la ley de privacidad). El caso es que no podían aceptarlo, así que acordaron que la clave acompañaría a las cartas en una hoja aparte, y así “los censores” podrían leer lo que ponía en la carta y separar la clave. Feynman y su mujer −por entonces hospitalizada y que moriría mientras Feynman todavía participaba en el proyecto− pensaron muchas formas de incomodar a los censores, enviando incluso polvos en una de las cartas −esperando que se cayeran al abrirlas− y afirmando en la siguiente que eran importantes medicamentos.

También he descubierto en este libro algo que no sabía, y es que Richard Feynman está considerado el padre de la nanotecnología (de hecho hay competiciones para un premio Feynman en este campo). Reflexionó sobre los límites que nos impone la física que conocemos y argumentaba que estábamos muy lejos todavía, que en principio no habría ningún impedimento en poder posicionar átomos a nuestra voluntad. No estamos hablando de algo imposible y que viole las leyes fundamentales como construir una máquina que viaje más rápida que la luz, sino cosas mucho más pequeñas que el nivel de miniaturización que hemos alcanzado, y que la física permite completamente.

Otra de las charlas está dedicada a los problemas de los computadores en el futuro y cómo resolverlos: reducir la pérdida de energía, el tamaño, computación en paralelo… es una charla un poco más técnica, pero muy interesante. Me gustaría apuntar, fuera del libro, que Feynman colaboró en la Connection Machine durante los 80, el primer proyecto de para conseguir la computación en paralelo.

Además, incluye el informe que Feynman escribió cuando investigó el desastre del Challenger y que fue relegado a un apéndice de la resolución que tomó la Comisión que lo investigó. Feynman relata, con todo lujo de detalles, todo el transcurso de la investigación en el libro ¿Qué te importa lo que piensen los demás? y omalaled habla sobre ello en este post y también en este otro.

El siguiente libro que tengo que conseguir es Don’t you have time to think?, que han traducido en nuestro país como ¡Ojalá lo supiera!, mucho más denso que los otros títulos y está compuesto por la correspondencia que mantuvo en vida. Me han dicho que está en la biblioteca de Unizar, así que este curso trataré de leerlo. Recomiendo la lectura de ambos links con anotaciones al respecto en CPI e Historias de la ciencia (otra vez). Y con éste creo que se terminan los libros dedicados a este genio. En la biblioteca de Huesca también hay uno titulado Electrodinámica cuántica, en el que Feynman explica la teoría por la cual ganó el premio Nobel. En la contraportada no recuerdo haber leído si se trataba de su estudio o de un texto divulgativo, aunque en cualquiera de los dos casos creo que es un tema que se me escapa.