Amazon fue una de las primeras empresas que supo ver el futuro del comercio electrónico hace mucho tiempo, y comenzó en 1994 vendiendo libros a través de internet.

Actualmente, consolidada como una de las más importanes empresas de venta por internet, podemos comprar todo tipo de artículos, pero su principal mercado continuan siendo los libros. Tanto los de toda la vida en papel, como versiones en formato digital.

Hace unos días comenzó a vender un libro electrónico (el dispositivo) conocido como Kindle 2. Por lo que se cuenta por ahí, no trae nada nuevo al mundo salvo, quizás, su reducido peso y grosor, acompañados de conexión a internet para poder “comprar/descargar” libros en cualquier momento, consultar blogs o lo que sea. La única novedad destacable es que incluye un lector de audio para cualquier texto que puedas visualizar con el aparato. Lectura para vagos, para quien ande falto de vista, o simplemente para no tener los ojos todo el día frente una pantalla. Parece una simple utilidad más, pero con las sociedades de derechos de autor hemos topado.

Paul Aitken, director ejecutivo de Authors Guild, una sociedad de autores estadounidense […] acusó que «Amazon no tiene los derechos para que su dispositivo ‘lea’ en voz alta. Eso sería un archivo de sonido y pertenece por ley a otra esfera de los derechos de autor». […]

Según aclara el abogado especializado en derechos de autor, Ben Sheffner, “tenemos derecho a leer en voz alta una obra con copyright, siempre y cuando nos encontremos en un ambiente privado y personal”. […]

En principio, la tecnología de ‘texto-a-voz’ que integra el dispositivo de Amazon está destinada a que el equipo ‘lea’ un texto directamente al usuario. Pero, ¿qué ocurre en el caso de que el dispositivo lo leyera a un grupo de personas? “En ese caso podría ser considerado una lectura pública o una interpretación, que responde a otros apartados de la ley”, señala.

Noticia original: diario Público.

Toma Jeroma. Pues ojito los niños en clase cuando el profesor les diga que lean un fragmento del libro de texto, que igual luego alguien se chiva a una sociedad de derechos de autor y la liamos.

El problema con los editores es que, hasta ahora, comercializaban por un lado el libro y por otro el “audio-libro”. Así, con un lector informático de textos (aunque no genere ningún archivo de sonido aparte) ven mermada una parte de su fuente de ingresos.

Lo gracioso del asunto es que existen lectores de textos desde hace bastante tiempo (yo estoy hasta los cojones de videos en youtube grabados con Loquendo) pero, ¡oh! ¡sorpresa! nadie había caído en la ilegalidad de leer libros en voz alta hasta que esta herramienta se aplica directamente a un producto especializado en libros.

De verdad que estamos llegando a unos extremos…