Desconocía esta historia que acabo de descubrir, pero me ha encantado. Resulta que la Luna es propiedad, desde hace más de 50 años, de un abogado y poeta chileno llamado Jenaro Gajardo Vera que vivió en Talca.

Todo parece apuntar a que lo hizo con la intención de acceder al exclusivo Club Social de Talca, en el cual habían rechazado su inscripción al no poseer tierras. Ni corto ni perezoso se dirigió a continuación al Diario Oficial a publicar 3 avisos advirtiendo de su intención de hacerse propietario de la Luna. Esto es requisito de la ley chilena para cualquier adquisición así (y algo similar ocurre en todos los países: hasta para casarse hay que publicarlo durante dos semanas antes en el ayuntamiento).

Una vez se publicaron los tres avisos, inscribió oficialmente la Luna como posesión suya en el Conservador de Bienes Raíces de Talca tras desembolsar 42 000 pesos chilenos. En la escritura ponía:

Jenaro Gajardo Vera, abogado, es dueño, desde antes del año 1857, uniendo su posesión a la de sus antecesores, del astro, satélite único de la Tierra, de un diámetro de 3.475.00 kilómetros, denominada Luna, y cuyos deslindes por ser esferoidal son: Norte, Sur, Oriente y Poniente, espacio sideral. Fija su domicilio en calle 1 oriente 1270 y su estado civil es soltero.

Los periódicos de muchos otros países se hicieron eco de esta noticia (antes no todas eran así, de modo que este tipo de bizarradas no estaban copadas por el 20 minutos) y Jenaro llegó a ser entrevistado en un programa de los EE. UU.

Cuenta la leyenda que antes del alunizaje del Apolo XI, Richard Nixon le pidió permiso a través de la embajada, con el resultado de los dos siguientes mensajes (el del presidente norteamericano y la respuesta):

“Solicito en nombre del pueblo de los Estados Unidos autorización para el descenso de los astronautas Aldrin, Collins y Armstrong en el satélite lunar que le pertenece”.
Richard Nixon, 1969.

“En nombre de Jefferson, de Washington y del gran poeta Walt Withman, autorizo el descenso de Aldrin, Collins y Armstrong en el satélite lunar que me pertenece, y lo que más me interesa no es sólo un feliz descenso de los astronautas, de esos valientes, sino también un feliz regreso a su patria. Gracias, señor Presidente”.
Jenaro Gajardo Vera, 1969.

Aparte de lo jocoso que suena el asunto, hay algo en el mensaje de Nixon que no es muy realista, ya que el astronauta Michael Collins se quedó en el Apolo XI mientras Aldrin y Amstrong descendían en el módulo lunar para alunizar y descender al satélite. No obstante, no empañemos la historia por un mito sobre ella.

Aparte de haber hecho la compra para poder apuntarse al club citado anteriormente y quedarse con todos, también se dice que fue un acto poético y de rebeldía. Antes de morir, en su testamento incluyó «Dejó a mi pueblo la luna, llena de amor por sus penas».

Además de la lectura del artículo de la Wikipedia, recomiendo también la entrada publicada en El Amaule, en la que se cuentan otras curiosidades que también merecen la pena.