John Searle es uno de los más importantes filósofos sobre la mente de la actualidad. De hecho es uno de los más brillantes filósofos que hay actualmente. Sus contribuciones a los campos del lenguaje, la conciencia o la racionalidad son fundamentales. Además, es un tremendo crítico de la Inteligencia Artificial, siendo uno de sus ataques más populares el de la habitación china (que ya nombré en su día). También hizo en su día un famoso análisis sobre los actos del habla, en los que reseña la diferencia del significado (ilocución) de una misma frase según la entonación del hablante.

Como en la asignatura de Sistemas Cognitivos del año pasado nos nombraron en más de una ocasión a Searle, cuando me cogí un porrón de libros para hacer el trabajo, me llevé el único de John Searle que había en la biblioteca Razones para actuar: Una teoría del libre albedrío. Debo confesar que con un título así casi me daba vergüenza leerlo en público, porque parece más un libro de autoayuda que sobre teoría de la mente, pero bueno.

He de decir que me ha resultado bastante dura su lectura, y que si lo he terminado ha sido por mis santos cojones. Hay partes muy densas y otras que son excesiva filosofía para la que no estoy preparado, pero aún así, siempre se sacan cosas interesantes. En el libro critica el modelo clásico de la racionalidad, exponiendo todos los fallos que él le encuentra, como la situación de tomar formalmente una decisión y, a la hora de la verdad, no realizarla. O cómo puede explicarse racionalmente el altruismo de una forma consistente, o decir la verdad o hacer una promesa. Analiza qué es una razón para la acción y cómo creamos razones para la acción independientes del deseo.

Esto último ocurre, por ejemplo, cuando pagamos una cerveza. Según el modelo clásico de la racionalidad, las acciones vienen precedidas de deseos. La racionalidad se define como el método de buscar los medios para alcanzar unos fines (nuestros deseos) pero no crea esos fines ni es tarea suya elegirlos. Cuando pagas una cerveza, realmente no es algo que quieras hacer, sino que es algo que debes hacer, algo que aceptas cuando la pides. Las acciones independientes del deseo forman parte muchas veces de acuerdos tácitos fundamentales para vivir en sociedad.

Durante el ensayo, además trata de explicar la racionalidad del altruismo, de decir la verdad y de cumplir las promesas; en resumen, la estructura básica del compromiso; muy relacionado todo con el anterior punto.

También hace visible la brecha existente entre la decisión de realizar una acción y la realización misma de ella. Afirma que esta brecha es real, puesto que si decidir realizar una acción fuese una causa eficiente de la acción, sólo tendríamos que sentarnos y esperar a ver cómo se suceden nuestras decisiones, y es algo que efectivamente no ocurre, de modo que hay algo más detrás de las acciones y de nuestra intención hacia ellas. Del mismo modo, señala que en ocasiones podemos formarnos la firme intención de realizar una acción, y no llegar a realizarla en el último momento. Es lo que se denomina debilidad de la voluntad, o akrasia. El modelo clásico de la racionalidad salva este hecho (mucho más habitual de lo que puede parecer a primera vista) afirmando que la persona no había decidido realmente realizar esa acción, algunos autores incluso afirman que la akrasia no puede existir de forma lógica. Searle, simplemente, afirma que en el momento de realizar la acción existen un rango indefinido de otros deseos que puedes preferir satisfacer en ese momento y que invalidan la acción que ibas a tomar (lo defiende con el libre albedrío).