Hostia, un sábado por la noche conectado, y aún encima escribiendo en el blog. Llevo un trancazo de cojones y paso de empeorar, que en la calle ahora mismo estábamos a cinco bajo cero, y la noche está empezando.

Vengo de reirme un rato en el bar Charada, abierto recientemente en Huesca y que hoy acogía (por segundo o tercer día durante el último mes) a los muchachos de Monólogos por la beneficencia.

Éstos son el primer grupo de monologistas en Zaragoza, que llevan desde el 2000 haciendo reir a la gente. Sabía que todos los jueves actúan en el Juan Sebastian Bar de la capital (de hecho casi todos los días actúan en diversos bares semanalmente), pero nunca me había decidido a ir hasta hace un par de semanas.

Debo confesar que fui con bastante escepticismo: pensaba que serían un grupo de aficionados y que iba a ver un espectáculo de lo más mediocre; pero me equivocaba completamente. Y vaya si me reí. Disfruté muchísmo más que cualquier vez que haciendo zapping acababa en la Paramount y tenía que cambiar a los cinco minutos para no deprimirme ante el inminente final del humor (salvo honrosas excepciones —tres enlaces—).

En Zaragoza primero disfrutamos de Charly Taylor, un inglés que probablemente lleve viviendo aquí más que yo, y del irreverente Diego Peña. Me encantaron ambos, pero creo que preferí al segundo.

Hoy en Huesca, ha repetido Charly Taylor, lamentablemente (o por fortuna) con el mismo monólogo sobre las drogas que vi hace un par de semanas, peor es tan bueno que me he reído como la primera vez. El segundo monologista de hoy ha sido Mariano Bartolomé, y pese a que también nos hemos reído de lo lindo, ésta vez me ha gustado más el de Charly (aún siendo repetido). Más que nada porque el monólogo de Mariano era de un tema tan manido como las hipotécas y el tamaño de los pisos, con alguna coña de suegra incluida. Y sí, lo hacía bien e incluía alguna barbaridad de cosecha propia, pero lo ha enfocado de una forma tan habitual que no hace tanta gracia como el resto. Vale que las drogas puedan ser también muy recurrentes, pero no cómo en el monólogo de Charly Taylor. Y cosas como la jota reagge y el blues jotero que mezcló Diego Peña en el Juan Sebastian Bar hace dos semanas, tampoco son nada habituales, y lo hizo extremadamente bien.

Por si a alguien le interesa, en Youtube hay unos cuantos, aunque monopolizados por Diego Peña.

Sin lugar a dudas, lo peor de la noche ha sido un grupo de maleducados que no han parado de cascar durante todo el tiempo, pese a los constantes tchsss! de la multitud. Lo mejor de todo es que en ese grupo había una pedorra que no sólo se limitaba a molestar a la gente de alrededor con su cacareo constante, sino que aún encima ha tenido la poca vergüenza de gritar inoportunamente a los monologuistas. Y digo lo mejor, porque son gente con tablas y pensamiento rápido.

El inglés, durante su monólogo, nombra en varias ocasiones el Heraldo de Aragón (lo cual queda estupendo con ese acento) y tras mentarlo la primera, la maleducada de la que hablaba ha gritado “Viva el Heraldo de Aragón”. Que ya de por sí está fuera de lugar, pero tampoco queda excesivamente mal en un ambiente familiar como son estos monólogos en un pequeño bar, pero es que Charly le ha contestado algo, y la otra le ha replicado, y así varias veces. Joder, si has hablado fuera de lugar y estás molestando, lo lógico es que te calles de una puta vez y dejes seguir el monólogo, pero la lorita quería tener la última palabra. Así que al final, Taylor, sin perder la compostura, y con todo el humor del mundo le ha explicado que estaba haciendo un monólogo: es decir, que sólo hablaba él, puesto que sino sería un diálogo. Todos hemos roto a aplaudir.

Durante el resto de la actuación tenía que nombrar en más de una ocasión al diario y, para evitar nombrar el Heraldo de Aragón, ha ido diciendo otros distintos, añadiendo más coña al monólogo de una forma que no hubiera tenido si todos los espectadores se hubieran comportado como debían.

Cuando le ha tocado el turno a Mariano Bartolomé el mismo grupito no paraba de cascar. Y dale perico al torno. Pero esta vez bastante más alto que antes, que ya hasta le molestaban a él y ha llegado un punto en el que se ha quedado callado mirándoles, al hacerse el silencio se han dado cuenta de que sólo se les escuchaba a ellos. Entonces, la misma maleducada que nos ha estado dando el coñazo todo el tiempo, le ha espetado “Oye, es que hablas muy rápido“. Y  (joder, es que no se le pueden dejar a un profesional del humor tan a huevo, que esa te la contesto hasta yo) el tipo le ha contestado con toda la sorna que ha podido “¿No será que tú eres muy lenta?“. Y ahí sí que se ha ganado el aplauso más gordo de la noche. Poco después se han ido del bar antes de finalizar el monólogo, no sé si porque habían quedado, o porque se habían cansado de verse humillados, con todas las de la ley.