Esto es lo que parece insinuar la nueva iniciativa que ha comenzado recientemente en Madrid y Barcelona (importada de Londres, Alemania o Nueva York, entre otras) de crear un servicio de taxis sólo para mujeres. Los taxis rosas, como les denominan, sólo pueden ser conducidos por mujeres y éste es también el único sexo del que aceptan clientes.

Lo que afirma su creadora es que así las mujeres se sienten más seguras al pedir un taxi: «El objetivo de estos servicios es evitar asaltos, insinuaciones incómodas o incluso violaciones, sobre todo producto de taxis ilegales».

Lo más aconejante es el principio del artículo en el diario Público:

«Es una calle estrecha y oscura. Son las 12 de la noche. Mireia oye pasos. Son los suyos. Se tranquiliza. A los pocos metros, siente otra presencia. No está sola. Se asusta y acelera el ritmo. Se siente vulnerable. No sabe quién hay detrás. Aunque sí sabe que es un hombre. Por su cabeza pasan decenas de posibilidades y ninguna buena. Al final de la calle, ve a una pareja. Respira hondo y sonríe. No está sola: sólo ha sido un susto.»

Pensaba que al final aparecería un taxista que agrediría sexualmente a Mireia, pero no, después del cuento empieza la “noticia” hablando de lo inseguras que se sienten las mujeres en su día a día y de cómo han hecho aparcamientos sólo para mujeres en Alemania. ¿Y en qué consisten? No, no es que dejen más sitio para aparcar (el chiste estaba a huevo), es que son zonas más iluminadas y con pulsadores de alarma en cada plaza de aparcamiento.

Que puedo ver razonable que se hagan aparcamientos y zonas mejor iluminadas y con mayores medidas de seguridad (no sólo para mujeres, sino para alejar a toda la calaña que se acerca a lugares oscuros como los jodidos gorrillas), pero una medida como ésta no hace sino señalar a un colectivo de trabajadores como presuntos y casi seguros agresores sexuales, lo cual me parece no sólo absurdo, sino una barbaridad.