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La caída de los dioses y su contexto histórico

La caduta degli dei es una pedazo de película rodada por Luchino Visconti en 1969. Algunos de los argumentos que he leído por internet (afortunadamente después de ver la película) se pasan de dar detalles, así que explicaré la trama de forma muy breve. Está ambientada en la agitada Alemania de los años 30, y cuenta las desventuras, intrigas y luchas de poder en que se ven envueltos los Essenbeck, una familia aristocrática dueña de una importante industria siderúrgica que comienza a hacer negocios con el partido Nazi.

En el reparto destacan una maquiavélica Ingrid Thulin, y un polifacético Helmut Berger. Varios de los personajes presentan una marcada evolución durante el transcurso de la película, a medida que se enfrentan a las duras situaciones en las que se ven envueltos. Estos grandes cambios de carácter me han recordado en cierto modo al que sufren los protagonistas de La Vergüenza, de Bergman, que casualmente es de 1968 y la vi hace dos semanas. Aprovecho la mención para recomendarla (trata sobre una pareja felizmente casada que por azares de la vida se salva de una invasión a su país en la que mueren todos sus vecinos y llegan a ser acusados de alta traición por su propio gobierno).

Con una cuidada fotografía, una de las cosas que más me han llamado de la obra es el juego de Visconti con el zoom. No sé si se repite en el resto de su filmografía (que tras La Caída de los dioses ha pasado a la ya demasiado larga lista de pendientes), pero a mitad de la película me fije en que en muchas ocasiones pasaba gradualmente de primeros planos a planos generales (y viceversa) para añadir dramatismo y significado a la escena. Además, con una breve imagen, mirada o gesto es capaz de transmitir su mensaje con muchísimo significado.

Del mismo modo, cuando se nombran acontecimientos reales se hacen muy de pasada, pero entender el contexto histórico en el que sucede la película puede ser bastante útil y ayudar a disfrutarla más; por lo que voy a dar algunos detalles al respecto.

En 1932 hubo elecciones parlamentarias en julio y en noviembre. En ambas el partido nazi consiguió mayoría de votos (en torno al 35% de escaños) pero ningún partido obtuvo los suficientes apoyos para gobernar. Ante la imposibilidad de formar ningún tipo de gobierno de coalición, y tras algunas piruetas, Hitler asumió la Cancillería hasta las próximas elecciones el 5 de marzo de 1933. Ser el Cánciller le permitió utilizar radio y prensa para su campaña política, así como desviar fondo estatales para lo mismo.

La película empieza con el incendio del Reichstag el 27 de febrero de 1933, del que se acusó al Partido Comunista (pese a que asume que fue una maniobra del partido nazi, a día de hoy no hay pruebas concluyentes de que así fuera). Esto permitió a Hitler presionar a Hindenburg, Presidente de la República, para aprobar al día siguiente el Decreto del Incendio del Reichstag, el cual activaba el Estado de Emergencia y suspendía (hasta nuevo aviso) los derechos fundamentales como la libertad de asociación o prensa, y otorgaba al estado central el control de las fuerzas del orden, que antes dependía de cada estado federal. Así, además de la campaña de desprestigio a los comunistas al acusarlos del incendio, gracias a este decreto pudieron detener a varios de sus líderes.

Cuando se celebraron las elecciones una semana después, el partido nazi obtuvo el 43%, pero se las arregló poco después para conseguir los votos suficientes para aprobar la Ley Habilitante el 23 de marzo del mismo año. Esta ley permitía a Hitler y a su gabinete a aprobar leyes sin necesidad de ser aprobadas en el Parlamento. La aprobación de la ley fue muy controvertida, y en el momento de la votación llegaron a entrar las fuerzas de la SA para intimidar a los diputados.

El siguiente suceso histórico que aparece en la película, se trata de la quema de libros señalados como contrarios al espíritu alemán (autores judíos y socialistas, entre otros) que sucedió la noche del 10 de mayo de 1933. Aunque el lugar más recordado popularmente es la Opernplatz en Berlin donde se grabó un discurso de Goebbels durante la quema, en la película aparece una de las 34 ciudades universitarias donde se repitieron los hechos. La escena comienza con los alumnos sentados en clase y un profesor leyendo una lista de los autores prohibidos. Como curiosidad, acabo de transcribir los que menciona: Erich Maria Remarque, Arnold Zweig, Stefan Zweig, André Gide, Helen Keller, Jack London, Marcel Proust, Émile Zola, John Bernard Shaw, Margaret Sandler (de la última no estoy seguro).

Para terminar, durante la película se hace referencia a la constante confrontación entre el Reichswher (ejército), las SA y las SS. Las Sturmabteilung eran la organización paramilitar del partido nazi; usada inicialmente para controlar a posibles boicoteadores en los mitin de Hitler, pronto empezaron a hacer lo contrario en los de sus adversarios políticos. Pese a empezar con unos miles de hombres, cuando Ernst Rohm tomó el mando en 1931 y aumentó radicalmente el número de miembros, llegando a ser más de cuatro millones en 1934, y exigiendo cada vez más poder.

Por otro lado, el Tratado de Versalles, que puso fin a la Primera Guerra Mundial, imponía un máximo de 100 000 soldados en el ejército alemán. El Reichswher se mantuvo al margen de todos los conflictos políticos de la época, pero no tenía muy buena imagen del partido nazi y las pretensiones de Rohm por integrar al ejército dentro de las SA aumentaron cada vez más la tensiones.

Las Schutzstaffel empezaron siendo una pequeña unidad de élite dentro de las SA, una guardia personal de Hitler y otros líderes, imitando a la Guardia Pretoriana. En 1929 decidieron independizarlas de las SA, pasando a manos de Heinrich Himmler. Durante este período, las SS pasaron de unos pocos miles de hombres a 200 000 en 1933. La Gestapo, la policía secreta, fue creada ese mismo año por Göring. En abril del año siguiente, pese a sus diferencias, transfirió el poder de la Gestapo a Himmler, fusionándose con las SS, con la intención de incrementar el poder del cuerpo y hacer frente a las SA de Rohm.

Todas estas confrontaciones terminaron La Noche de los Cuchillos Largos el 30 de junio de 1934 (éste es el último suceso histórico que aparece en la película). A Hitler le interesaba tener al ejército de su lado por diversas razones: representaban la antigua aristocracia prusiana, tenían fuertes vínculos con la industria, y pese a ser pocos hombres, posiblemente fuesen los oficiales más competentes de Europa (precisamente por la limitación, sólo podían entrar los mejores, y podían permitirse el mejor entrenamiento y los mejores equipos). Además, algunos de los principales ministros nazis empezaron a conspirar contra Rohm y falsificaron un dossier afirmando que éste había recibido subvenciones de Francia para iniciar un golpe de estado. Aunque supiera (o imaginase) que era falso, era consciente de que las SA tenían el poder de hacerlo en cualquier momento, y las tensiones entre él y Rohm se habían agravado en los últimos meses.

El único fallo, a mi juicio, en la película respecto a este suceso es que en esa escena entran las SS a saco en un edificio de las SA y matan a varias docenas de miembros. No me resulta muy consistente con las cifras de víctimas oficiales, que hablan de 85 asesinados y 1000 detenidos en todo Alemania. Además, Hitler aprovechó la purga de las SA para deshacerse de los pocos adversarios políticos que podían quedar, esto es, el partido conservador y quién se hubiese granjeado su enemistad durante los últimos años.

La Navidad según Hesse

«La Navidad es una suma, un almacén de regalos de todos los sentimentalismos y mendacidades burgueses. Es un motivo de desenfrenadas orgías para la industria y el comercio, el artículo más sensacional de los almacenes, huele a hojalata lacada, a ramas de abeto y a gramófonos, a agotados carteros y chicos de reparto que murmuran por lo bajo, a alborotadas fiestas familiares bajo el árbol engalanado, a suplementos de los periódicos y a una gran publicidad; en resumen, a mil cosas que me resultan extremadamente odiosas y que me serían indiferentes y ridículas si no hicieran un uso tan lamentable del nombre del Salvador y del recuerdo de nuestros años más tiernos.»

Hermann Hesse (1927))

Hay cosas en las que no cambiamos en mucho tiempo. Después de 80 años la crítica al consumismo y los grandes almacenes durante la Navidad sigue siendo la misma que se hace hoy en día.

Stanislaw Lem: Ciberíada y Solaris

Hasta hace un mes todo lo que sabía es que Stanislaw Lem era un autor clásico de ciencia-ficción, y que su novela Solaris una de las obras más famosas del género. Pero todavía no había leído nada.

Gracias a la Wikipedia he descubierto un detalle en el que no había caído hasta ahora: la grandísima mayoría de escritores de ciencia ficción son de habla inglesa. Stanislaw Lem, polaco, es uno de los pocos que ha conseguido la fama utilizando otro idioma.

Hace varios años compré (bueno, mi padre a petición mía) en el Círculo de Lectores una minicolección de tres libros clásicos de ciencia ficción. ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, RUR Robots Universales Rossum, y Ciberíada. El primero no necesita presentación; el segundo ostenta el honor de ser el primer escrito en el que se utilizó el término Robot; y el tercero es el libro de Stanislaw Lem que leí hace un par de semanas.

Ciberíada es una sucesión de relatos cortos que narra las aventuras de Trurl y Claupacio, dos constructores especialistas en inventar cualquier tipo de artilugio que requieran las circunstancias, moldeando la materia a su gusto hasta el nivel atómico. Aquí tenéis el PDF.

Es un libro escrito con mucho humor por todas partes, provocado tanto por situaciones inverosímiles como por el abuso de terminología matemática y física sacada totalmente de contexto. En ese aspecto me ha recordado muchísimo a la forma de escribir de Terry Pratchett, del que ha tenido que ser una clara influencia. No vais a encontrar el humor constante y de carcajada limpia de Pratchett, pero si os ha gustado Mundodisco este libro no os puede defraudar.

Como ejemplo de verborrea matemática fuera de contexto, copio un fragmento en el que estudian cómo fabricar una máquina perfecta para que el rey Cruelio se divierta dándole caza (es un hábil cazador, por lo que les exige que se esfuercen al máximo e intenten hacer algo capaz de matarle a él mismo)

El rey galopaba sobre todos sus coeficientes de crueldad, se extraviaba en el bosque de signos séxtuples, volvía sobre su sus propias huellas, atacaba al monstruo hasta los últimos sudores y últimas factoriales; éste entonces se desintegró en cien polinomios, perdió una equis y dos ipsilones, se metió bajo la raya de un quebrado, se desdobló, agitó sus raíces cuadradas y ¡fue a dar contra el costado de la real persona matematizada! Se tambaleó toda la ecuación de tan certero que fue el golpe. Pero Cruelio se rodeó de un blindaje no lineal, alcanzó un punto en el infinito, volvió en el acto y ¡zas, al monstruo en la cabeza a través de todos los paréntesis! Tanto le arreó que le desprendió un logaritmo por delante y una potencia por detrás. El otro encogió los tentáculos con tanta covariante que los lápices volaban como locos, y ¡vuelta a darle con una transformación por el lomo, y otra vez y otra! El rey, simplificado, tembló del numerador a todos los denominadores, cayó y no se movió más.

Otra parte muy graciosa es cuando hablan sobre el estudio de los dragones. Todos estaban de acuerdo en que hay una probabilidad ridícula de que existan los dragones —por lo que no pueden estudiarlos—, de modo que Trurl y Caplaucio construyen una máquina que genere improbabilidades altísimas, tan improbables como para que aparezcan dragones en ese punto. Muchos años más tarde, Douglas Adams utilizaría un motor de improbabilidad infinita para desplazar la nave de su novela La Guía del Autoestopista Galáctico.

Además del humor, Ciberíada tiene su parte filosófica y de reflexión, como toda novela de ciencia ficción que se precie. Así, en un momento dado Trurl fabrica un mundo con sus habitantes en miniatura dentro de una bola de cristal, para que un rey desterrado pueda tener su reino y subditos. Cuando le cuenta su hazaña a Caplaucio, éste le recrimina haber “regalado” seres conscientes con sus sentimientos a un rey psicópata; terminando en un debate sobre la inexistente diferencia entre crear un ser consciente o haber evolucionado hasta él.

Otro punto interesante es cuando debaten qué fue antes, si el hombre o el robot, ya que a fin de cuentas son entidades inteligentes y conscientes y que lo importante es lo que son capaces de hacer, y no si a nivel profundo funcionan de manera orgánica o electrónica. O también cuando encuentran a la civilización más avanzada del universo, y están simplemente tumbados en el suelo sin hacer nada de su vida.

Tras terminar Ciberíada, y buscando otro libro por casa, encontré por casualidad Solaris, que ni sabía que lo teníamos, así que no dude en dejar de buscar y quedarme con éste.

Solaris es una novela que me ha fascinado desde el primer momento de empezar a leerla. No quiero dar ningún detalle que estropee la trama y la sucesión de acontecimientos que van teniendo lugar porque me parece que está magistralmente desarrollada.

Solaris es el nombre de un extraño planeta acuático que se mantiene en una órbita estable que viola todos los principios físicos conocidos por el hombre. La acción transcurre dentro de una base científica a la que el protagonista acude al principio del libro para colaborar en las investigaciones sobre el planeta, y no diré más. He leído por ahí un par de resúmenes y me ha indignado la cantidad de detalles que revelan alegremente, pero que Lem te va soltando con cuentagotas, siempre en el momento indicado.

Es Solaris una novela hipnótica y onírica, fascinante y aterradora. De prosa sencilla, que no simple, la complejidad de lo narrado por Lem deja el poso que sólo las grandes obras de arte dejan en la conciencia y el ánimo. Al terminar de leerla la inquietud de lo leído permanece en los recovecos del alma, recordándonos que el Universo, a fin de cuentas, pemanecerá siempre misterioso, y que la naturaleza, en su pasiva existencia, es tanto más aterradora en tanto en cuanto no se la puede vencer, en tanto en cuanto su inexorabilidad nos pone ante los ojos el espejo de nuestra propia insignificancia en el cosmos.

La novela empieza ya transmitiendo una sensación de claustrofobia que no abandonara el relato. El protagonista, Kelvin, entra en la cápsula que lo conducirá hasta el planeta Solaris, una cápsula pequeñísima y asfixiante. Lem establece ya el tono onírico que predominará en la novela, y que no hará otra cosa que aumentar a medida que progresa el relato.

Descripción sacada de Sitio de Ciencia Ficción. No recomiendo que entres si no has leído el libro, porque antes de esta crítica hay un resumen del libro.

Me ha encantado el ritmo de la novela, el dilema que planeta, la historia en sí. Un claro ejemplo de que los clásicos son clásicos por algo.

EL PAÍS: La izquierda de pacotilla

Me encanta la supuesta izquierda de mentira que nos toca sufrir en este país. Son la hostia. Sin entrar a opinar ahora sobre lo acontecido anoche en la Gala de Eurovisión con John Cobra (quizás en otro post porque he estado siguiendo el caso desde que Forocoches empezó a votarle) quiero comentar un artículo publicado hoy en EL PAÍS. El título es “Actuación vergonzosa” de John Cobra en la gala de finalistas para Eurovisión y lo firma Carmen Pérez-Lanzac.

En el artículo se especifica en dos ocasiones que John Cobra ha pasado por prisión, ¡en un artículo musical! Las frases exactas son una en el subtítulo «El rapero y ex presidiario se enfrenta con gestos obscenos al público de TVE» y otra al comienzo del artículo «John Cobra, el rapero y ex presidiario que llegó a Eurovisión aupado por la web forocoches, no representará a la cadena pública en el festival.»

Realmente, en la crónica de una gala musical no creo que aporte mucho este dato, y veo muy claro que está escrito de forma despectiva, para desprestigiar al personaje. Lo que me parece más indignante del asunto es que luego a todos estos socialistas de postín se les llenará la boca diciendo que la cárcel no es un castigo sino una forma de reeducar y reformar a los delincuentes y que hay que abogar por la reintegración de éstos y otros desfavorecidos en la sociedad, y luego son los primeros en utilizar el hecho de que sea ex-presidiario como lo peor que hizo John Cobra anoche.

Leer declaraciones similares en Telecinco (después de que echaran a Karmele empezaron a criticar el concurso, y el artículo de hoy despreciando Eurovisión no tiene pérdida), que son expertos en entrevistar a presidiarios y delincuentes ya es bochornoso, y más que intenten dar lecciones de moral; pero de esa cadena me espero cualquier cosa porque venderían a su madre en directo por el morbo.