Hoy he descubierto este nuevo término de rebote porque aparecía en un minipost de ayer en Microsiervos. La pareidolia es un fenómeno psicológico consistente en que un estímulo vago y aleatorio (habitualmente una imagen) es percibido erróneamente como una forma reconocible. Podría decirse que es como un prejuicio.

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Pareidolia es desde ver una cara en las imágenes superior e inferior, hasta escuchar frases en una canción donde se dice otra cosa (El mítico «chinito pescando» de Hotel California). Aquí y aquí tenéis varios ejemplos de pareidolia en famosas canciones, con audio y todo. Podéis encontrar más imágenes de pareidolias en esta web (de la que he sacado la imagen de las Torres Gemelas, la del lavabo de ésta otra). De hecho, existe un blog que únicamente publica imágenes de objetos que parecen caras.

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Pero la pareidolia no es algo tan inocente como puede parecer a simple vista. No es una mera distracción con la que encontramos absurdas frases en canciones, figuras en las nubes o divertidas “caras” en objetos cotidianos. Parece ser una caracteristica propia de los seres humanos ―no sé si también de otros animales― que nos acompaña desde recien nacidos, convirtiendose en algo más complejo e interesante. Además, digo que no es tan inofensiva, porque es debido a esta cualidad que poseemos ―o defecto, como veremos, en algunas ocasiones― que algunos caen tan fácilmente en pseudociencias y demás falsas creencias como las famosas Caras de Bélmez, avistamientos de OVNIs, imágenes de vírgenes, etcétera.

“Hay gente que ha descubierto invocaciones satánicas en la música rock”, dijo Christopher French, psicólogo de la Universidad de Londres. Y sonó en el auditorio un fragmento de Stairway to heaven, de Led Zeppelin, reproducido al revés. El psicólogo preguntó al público si alguien había identificado la palabra Satán: un puñado de personas levantó la mano. La segunda vez que sonó la canción, casi todos escucharon Satán. Entonces, el conferenciante explicó que hay quien sostiene que ese fragmento contiene una larga invocación al Maligno y proyectó el texto en una pantalla. La gente se rio, incrédula. La música volvió a sonar y, sorprendentemente, todos escucharon la diabólica perorata donde antes no había nada. Ocurrió el 9 de octubre en Abano-Terme, cerca de Venecia, donde 420 científicos, ilusionistas y periodistas analizaron durante tres días el auge de la creencia en lo paranormal.
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Pero que alguien sea más propenso por razones culturales a encontrar patrones donde no existen no quiere decir que haya gente inmune al fenómeno. “Nadie esta libre, porque se trata de una propiedad fundamental y característica de nuestro cerebro. Los procesos cognitivos y perceptivos son algo universal en nuestra especie”, señala Álvarez. El público de French en Abano-Terme no creía que hubiera un mensaje satánico en Stairway to heaven -como defienden algunos fundamentalistas cristianos-, pero lo acabó escuchando cuando el conferenciante dijo lo que debía oír. “Tan pronto como sabes lo que se supone que tienes que escuchar, lo percibes claramente”, explica el psicólogo inglés. Y, una vez que se interpreta un estímulo vago como algo coherente, resulta casi imposible no caer en la ilusión, aunque uno no crea que los cantantes de rock esconden mensajes en sus composiciones para quienes las reproducen al revés.

Pese a lo extraño que parezca, la explicación es bien sencilla: nuestro cerebro está diseñado para interpretar patrones en el mundo que nos rodea. Nuestra ventaja evolutiva sobre el resto de especies se basa en que somos capaces de aprender la experiencia de nuestros antepasados. Esta experencia es, a fin de cuentas, formas de resolver problemas a los que se enfrentaron (o nosotros mismos), de modo que necesitamos encontrar similitudes entre un problema resuelto anteriormente y con el que requerimos resolver en la actualidad; de modo que hemos de reconocer un patrón entre ambos. El reconocimiento de patrones también es lo que nos permite diferenciar caras, sonidos (voces), escrituras…

Con respecto al reconocimiento de patrones, parece ser que algunos estudios indican que hay una sustancia química responsable de ellos, la dopamina, y que un exceso de ella nos provocaría ver patrones donde no los hay, aunque no son nada concluyentes. Sin embargo, de ser cierto, la gente con mayor índice de esta sustancia podría ser más propensa a creer en lo sobrenatural ―caras de Bélmez, cacofonías…― y aquellos con un porcentaje menor, podrían ser más escépticas; pero esto no es algo que los estudios realizados puedan relacionar como única causa.

¿Pero por qué nuestro cerebro busca y encuentra algo donde no lo hay, formas definidas en borrones de tinta? Los expertos apuntan a que esa capacidad pudo suponer una clara ventaja evolutiva. “Es posible que uno de nuestros antepasados viera una mancha amarilla entre la maleza, saliera corriendo por temor a que fuera un tigre y al final se tratara de una fruta. Pero, si alguno no huyó por sistema ante un estímulo de esas características, es muy probable que acabara siendo devorado”, explica Álvarez. Descendemos del homínido que puso tierra de por medio entre una imagen o un sonido sospechoso y él; al que se quedó, tarde o temprano se lo comió una fiera.
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Esta ventaja evolutiva tiene su contrapartida, como apunta Carl Sagan en su libro El mundo y sus demonios (Editorial Planeta, 1997): “Como efecto secundario involuntario, la eficiencia del mecanismo de formas en nuestro cerebro para aislar una cara en un montón de detalles es tal que a veces vemos caras donde no las hay. Reunimos fragmentos inconexos de luz y oscuridad e, inconscientemente, intentamos ver una cara. El Hombre en la Luna es un resultado”. “Al ser un proceso sobre el que carecemos de control consciente, puede derivar en ilusiones y alucinaciones”, señala Álvarez.

Ambos fragmentos están sacados de un artículo al respecto en Magonia de hace varios años. Si os ha parecido interesante esta característica os recomiendo que lo leáis entero para descubrir más curiosidades al respecto.

Otra cita que me ha gustado al respecto, también de Carl Sagan:

Tan pronto como el niño puede ver, reconoce rostros, ahora sabemos que esta habilidad está bien conectada en nuestro cerebro. Los bebés que hace un millón de años eran incapaces de reconocer una cara devolvían menos sonrisas, era menos probable que se ganaran el corazón de sus padres y tenían menos probabilidades de prosperar. Hoy en día, casi todos los bebés identifican con rapidez una cara humana y responden con una mueca. (Sagan, 45).

En el artículo de la Wikipedia inglesa de Pareidolia listan distintos tipos de situaciones en las que se da pareidolia, como la numerología, códigos bíblicos, mensajes subliminales y otras muchas. Como curiosidad, indicar que los famosos borrones de tinta tan utilizados por los psicólogos de las películas ―el llamado Test de Rorschach― se basan también en la pareidolia.

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