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Historias del mar

Del libro Mitos y leyendas del mar:

Cuando Piteas (por cierto, el primero en saber que Hispania era una península) aseguró haber visto durante su viaje enormes bloques de hielo flotante más grandes, incluso, que su embarcación, le llamaron charlatán; y cuando afirmó que aún más al norte la superficie del mar se llegaba a congelar del todo y que el Sol no se ponía durante semanas le trataron de loco e insensato. Así acaban muchos valientes y sinceros.
[…]

Habla de un navegante llamado Hannón quien, alrededor del 500 a.C. (2000 años antes que Bartolomeu Dias, que en 1488 dobló el cabo meridional del continente africano), zarpó desde el Mediterráneo, atravesó las columnas de Hércules (el peñón de Gibraltar y el monte Hacho, en Ceuta), realizó un asombroso acto de fe, dejó de lado los monstruos como Kraken y que la tierra fuera plana y se fue hacia el sur bordeando el continente africano. Parece que no vio las Canarias (que debió dejar a su derecha) y llegó hasta Sierra Leone.

Hannón escribió su historia en una tablilla de arcilla. Aseguró haber visto cocodrilos, hipopótamos y hombres ataviados con pieles de animales. El historiador griego Herodoto mencionó con gran escepticismo una circunnavegación a África. Aun hoy, hacer eso sería una travesía épica. Herodoto aseguró que el relato de los navegantes tenía un error geográfico inaceptable:

A su regreso declararon, y yo por mi parte no les creo, aunque otros sí lo hagan, que al doblar el extremo de Libia [así se llamaba en la antigüedad al continente africano] tenían el Sol a su derecha.

Herodoto había recorrido en persona casi todo el Mediterráneo y sabía mucho de la geografía de Europa. Pero aquellos navegantes habían ido al hemisferio sur. Sólo alguien que efectivamente hubiera hecho ese viaje podría revelar el detalle de que el Sol se encontraba a mano derecha al navegar hacia el oeste. Imaginad el miedo de aquellos navegantes: al zarpar desde Egipto, verían el Sol al sur pero a medida que descendieran tendrían el Sol cada vez más cerca del cenit hasta que al cruzar el Trópico de Capricornio verían al Astro Rey cada vez más al norte. Además, por las noches debieron perder de vista la estrella polar, y hay que añadir que no tenían idea de cuándo el litoral iba a doblar hacia el oeste y volver hacia el norte, si es que lo iba a hacer en algún momento. Como dijo el historiador Edward Burman: podemos considerar que el mérito fue mucho mayor que el de Cristóbal Colón 2000 años más tarde.

Y muchos otros interesantísimos Mitos y leyendas del mar de la mano del siempre genial omalaled en Historias de la Ciencia.

Mediohombre

Blas de Lezo y Olavarrieta (Pasajes, Guipúzcoa, España, 3 de febrero de 1689 – Cartagena de Indias, Colombia, 7 de septiembre de 1741), almirante español conocido como Patapalo, o más tarde como Mediohombre, por las muchas heridas sufridas a lo largo de su vida militar, fue uno de los mejores estrategas de la historia de la Armada Española, y al mismo tiempo uno de los mayores desconocidos.

[…]

Se integró en la armada francesa, en ese momento aliada de España en la Guerra de Sucesión, que acaba de empezar […]. Frente a Vélez-Málaga se produjo el 24 de agosto de 1704 la batalla naval más importante del conflicto. […]

Blas de Lezo participó en aquella batalla batiéndose de manera ejemplar hasta que una bala de cañón le destrozó la pierna izquierda, teniéndosela que amputar, sin anestesia, por debajo de la rodilla. Cuentan las crónicas que el muchacho no profirió un lamento durante la operación. Debido al valor demostrado tanto en aquel trance como en el propio combate, es ascendido en 1704 a Alférez de Bajel de Alto Bordo por Luis XI y se le ofrece ser asistente de cámara de la corte de Felipe V. […] Evidentemente necesitó una larga recuperación y rechazó estar en la corte, pues ambicionaba conocer las artes marineras y convertirse en un gran comandante. En 1705 vuelve a bordo y aprovisiona la asediada Peñíscola.

[…] Posteriormente [al apoyo de los sitiados en Barcelona en 1706] se le destaca a la fortaleza de Santa Catalina de Tolón, donde toma contacto con la defensa desde tierra firme en combate contra las tropas del príncipe Eugenio de Saboya. En esta acción y tras el impacto de un cañonazo en la fortificación, una esquirla se le aloja en el ojo izquierdo, que explota en el acto, perdiendo así para siempre la vista del mismo.

Ostentó el mando de diversos convoyes que llevaban socorros a Felipe V, burlando la vigilancia inglesa sobre la costa catalana. En 1711 sirvió en la Armada a las órdenes de Andrés Pez. En 1713 ascendió a capitán de navío y en 1714 durante el segundo sitio de Barcelona, una grave herida le inutilizó el brazo derecho.[…]

En 1712 pasa a servir bajo las órdenes de Andrés del Pez. Este afamado almirante quedó maravillado ante la valía de Lezo y emitió varios escritos que le valieron su ascenso a Capitán de Navío un año más tarde. Posteriormente participó en el asedio a Barcelona al mando del Campanella (70), en el que el 11 de septiembre de 1714, al acercarse con demasiado ímpetu a sus defensas, recibe un balazo de mosquete en el antebrazo derecho, quedando la extremidad sin apenas movilidad hasta el fin de sus días. De esta manera con sólo 25 años tenemos al joven Blas de Lezo tuerto, manco y cojo.

Las negritas son mías.

Esto es sólo la mitad de la vida de un héroe. Batalla a batalla fue progresando en la escala, hasta que en 1734 el rey le ascendió a teniente general de la Armada, el cual debe de ser un puesto bastante alto por toda la progresión que lleva detrás. La mayoría de las batallas las gana en inferioridad de condiciones, gracias a una valentía e ingenio insuperables. Lástima que la Wikipedia no sea demasiado explícita en la mayoría de ocasiones; apuesto a que leer un buen libro sobre este hombre tiene que disfrutarse.

Como no podía ser de otra forma, una gran historia conlleva a un gran final, y su última batalla estará escrita por siempre en los anales de la Historia, pues con sólo seis navíos defendió la plaza de Cartagena de Indias de la mayor armada que había sido fletada en toda la historia.

La flota inglesa, la agrupación de buques de guerra más grande que hasta entonces había surcado los mares (2.000 cañones dispuestos en 186 barcos, entre navíos de guerra, fragatas, brulotes y buques de transporte, y 23.600 combatientes entre marinos, soldados y esclavos negros macheteros de Jamaica, más 4.000 reclutas de Virginia bajo las órdenes de Lawrence Washington, medio hermano del futuro libertador George Washington), superaba en más de 60 navíos a la Gran Armada de Felipe II. Esta flota ha sido la segunda más grande de todos los siglos, después de la armada que atacó las costas de Normandía en la Segunda Guerra Mundial. Para hacerse idea del mérito estratégico de la victoria, baste decir que las defensas de Cartagena no pasaban de 3.000 hombres entre tropa regular, milicianos, 600 indios flecheros traídos del interior, más la marinería y tropa de desembarco de los seis únicos navíos de guerra de los que disponía la ciudad: el Galicia que era la nave Capitana, el San Felipe, el San Carlos, el África el Dragón y el Conquistador. Blas de Lezo, sin embargo, contaba con la experiencia de 22 batallas. El sitio de Cartagena de Indias fue una gran victoria con una enorme desproporción entre los dos bandos.

Tan colosal derrota de los ingleses aseguró el dominio español de los mares durante más de medio siglo hasta que lo perdió en Trafalgar, cosa que la historia inglesa no reconoce. Humillados por la derrota, los ingleses ocultaron monedas y medallas grabadas con anterioridad para celebrar la victoria que nunca llegó. Tan convencidos estaban de la derrota de Cartagena que pusieron monedas en circulación que decían en su anverso: «Los héroes británicos tomaron Cartagena el 1 de abril de 1741» y «La arrogancia española, humillada por el almirante Vernon».

Fue justo lo contrario. Con sólo seis navíos y 2.830 hombres, y mucha imaginación, Blas de Lezo derrotó a Vernon, que traía 180 navíos y casi 25.000 hombres.

El héroe falleció en dicha ciudad al contraer la peste, enfermedad generada en la ciudad por los cuerpos insepultos ocasionados por los sucesivos combates. Algunos años más tarde se concedió a la familia Lezo el marquesado de la Real Defensa, quedando perpetuada de este modo, sus hazañas en Cartagena de Indias.