«Los médicos se interesaron rápidamente por ello. Tanto Becquerel como Pierre Curie explicaban que: El señor Giesel ha colocado sobre su brazo, durante unas horas, bromuro de radio radificado rodeado de una hoja de celuloide. Los rayos que actúan a través del celuloide han provocado sobre la piel un ligero enrojecimiento. Dos o tres semanas mas tarde, el enrojecimento aumentó, produciéndose una inflamación y terminando por caerse la piel.

[…]

Alertado por los informes de dos científicos alemanes, Pierre Curie también había empezado a experimentar en su propio cuerpo atándose al brazo durante unas horas una venda que contenía sales de radio. La herida resultante tardó meses en curarse. Anotó que Marie, al transportar unos pocos centígramos de material muy activo en un tubito sellado, tuvo quemaduras similares. Nos explicaba:

Además de estas acciones vivas, hemos sufrido sobre las manos, durante las investigaciones realizadas con los productos más activos, diversas acciones. Las manos tienen una tendencia generalizada a perder la piel; las extremidades de los dedos que han sostenido tubos o cápsulas que encerraban productos muy activos se vuelven duras y a veces muy dolorosas; para uno de nosotros [sin duda, Pierre Curie], la inflamación de las extremidades de los dedos ha durado quince días y ha terminado con la caída de la piel, mientras que una sensación dolorosa no ha desaparecido todavía al cabo de dos meses.

[…]

En 1925, un tal William Bailey patentó y promocionó un producto llamado “Radithor” que contenía agua mezclada con dos isótopos del radio. Según decía, curaba “la disepsia, la presión arterial elevada, la impotencia y más de otras 150 enfermedades endocrinológicas”.

Un campeón de golf amateur llamado Eben Byers comenzó a tomarlo en 1927 bajo recomendación de Bailey para tratar un dolor crónico en uno de sus brazos. Cinco años después había consumido entre 1000 y 1500 botellas del producto. Falleció de una anemia severa, pérdida de peso, destrucción masiva de los huesos de su mandíbula, cráneo y esqueleto en general así como disfunciones en el riñón (tenéis más detalles aquí y aquí). Una vez que la tragedia fue aireada por la prensa, la Food and Drug Administration tomó cartas en el asunto.»

Increíble artículo sobre los primeros años de la investigación de la radiactividad, en el que omalaled nos cuenta cómo los científicos daban la vida, literalmente, por sus investigaciones. Y si el tema os interesa, no os perdais un par de artículos más atrás, en el que cuenta las desventuras del matrimonio Joliot-Curie para obtener el premio Nobel.

Mmientras lo leía me he acordado de otro genial artículo de hace ahora un año, pero de aberron de Fogonazos, en el que nos descubría los “medicamentos” radiactivos comercializados durante las décadas de los años 20 y 30. Resulta asombroso constatar que mientras los científicos estaban obteniendo claras pruebas de lo peligroso que es tratar alegremente con elementos radiactivos, estuviesen comercializándose productos de ese tipo al público general.