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La absurda convalidación de asignaturas en Erasmus

Como sabe todo el que se ha enfrentado a ello, cuando te vas a otra universidad a cursar parte de tus estudios tienes que enfrentarte a una cantidad de papeleo impresionante, escribiendo lo mismo cien veces distintas para veinte sitios diferentes, con ayuda mínima. Pero no es de esto de lo que quiero hablar.

Una de las cosas que hay que hacer, obviamente, es seleccionar las asignaturas que cursarás en la universidad de destino, las cuales deben ser aprobadas por el coordinador Erasmus de tu carrera para comprobar que no vas a estar haciendo trivialidades o cosas que ya hayas estudiado sobradamente.

Para ello, por cada asignatura en que te matriculas en la nueva universidad, tienes que seleccionar una equivalente en la tuya (o varias si no coincide el número de créditos). Esto me parece completamente necesario para las obligatorias y troncales, pues son conocimientos que se consideran totalmente necesarios para alguien que estudia esa carrera.

Lo que ya no tiene sentido alguno es tener que hacer esto mismo con las optativas, especialmente teniendo en cuenta que son una decisión totalmente arbitraria de cada facultad. Las asignaturas obligatorias seguramente serán muy similares en todo el mundo para la misma carrera, pues componen el tronco de conocimiento común que cualquiera dedicado a ello debería conocer. Pero las optativas pueden ser cosas totalmente dispares; por supuesto que habrá varias que coincidan en casi todas las universidades, pero quizás sean la mitad.

Las optativas no sólo dependen de la idea que los coordinadores de la carrera tengan de qué puede ser útil y qué no, sino que también están totalmente sujetas al campo de investigació o especialidades de los diferentes profesores del claustro.

Así, se dan cosas tan ridículas como que Functional and Logic Programming la estoy convalidando en Zaragoza por Técnicas avanzadas de programación que, no tienen absolutamente nada que ver.

O que al ser Computer Security del doble de créditos que su equivalente Criptografía y seguridad en comunicaciones, la estoy convalidando también por Diseño y evaluación de redes. Y Theory of computation se ha convertido en Modelos estocásticos en ingeniería. Lo mismo, vaya.

Y la gota que colma el vaso es que luego, a efectos prácticos —expediente, título, etc.—, las únicas asignaturas que contarán para mí serán las matriculadas en la Universidad de Zaragoza, obviando por completo todo lo que haya hecho en la UCC.

Monólogos por la beneficencia

Hostia, un sábado por la noche conectado, y aún encima escribiendo en el blog. Llevo un trancazo de cojones y paso de empeorar, que en la calle ahora mismo estábamos a cinco bajo cero, y la noche está empezando.

Vengo de reirme un rato en el bar Charada, abierto recientemente en Huesca y que hoy acogía (por segundo o tercer día durante el último mes) a los muchachos de Monólogos por la beneficencia.

Éstos son el primer grupo de monologistas en Zaragoza, que llevan desde el 2000 haciendo reir a la gente. Sabía que todos los jueves actúan en el Juan Sebastian Bar de la capital (de hecho casi todos los días actúan en diversos bares semanalmente), pero nunca me había decidido a ir hasta hace un par de semanas.

Debo confesar que fui con bastante escepticismo: pensaba que serían un grupo de aficionados y que iba a ver un espectáculo de lo más mediocre; pero me equivocaba completamente. Y vaya si me reí. Disfruté muchísmo más que cualquier vez que haciendo zapping acababa en la Paramount y tenía que cambiar a los cinco minutos para no deprimirme ante el inminente final del humor (salvo honrosas excepciones —tres enlaces—).

En Zaragoza primero disfrutamos de Charly Taylor, un inglés que probablemente lleve viviendo aquí más que yo, y del irreverente Diego Peña. Me encantaron ambos, pero creo que preferí al segundo.

Hoy en Huesca, ha repetido Charly Taylor, lamentablemente (o por fortuna) con el mismo monólogo sobre las drogas que vi hace un par de semanas, peor es tan bueno que me he reído como la primera vez. El segundo monologista de hoy ha sido Mariano Bartolomé, y pese a que también nos hemos reído de lo lindo, ésta vez me ha gustado más el de Charly (aún siendo repetido). Más que nada porque el monólogo de Mariano era de un tema tan manido como las hipotécas y el tamaño de los pisos, con alguna coña de suegra incluida. Y sí, lo hacía bien e incluía alguna barbaridad de cosecha propia, pero lo ha enfocado de una forma tan habitual que no hace tanta gracia como el resto. Vale que las drogas puedan ser también muy recurrentes, pero no cómo en el monólogo de Charly Taylor. Y cosas como la jota reagge y el blues jotero que mezcló Diego Peña en el Juan Sebastian Bar hace dos semanas, tampoco son nada habituales, y lo hizo extremadamente bien.

Por si a alguien le interesa, en Youtube hay unos cuantos, aunque monopolizados por Diego Peña.

Sin lugar a dudas, lo peor de la noche ha sido un grupo de maleducados que no han parado de cascar durante todo el tiempo, pese a los constantes tchsss! de la multitud. Lo mejor de todo es que en ese grupo había una pedorra que no sólo se limitaba a molestar a la gente de alrededor con su cacareo constante, sino que aún encima ha tenido la poca vergüenza de gritar inoportunamente a los monologuistas. Y digo lo mejor, porque son gente con tablas y pensamiento rápido.

El inglés, durante su monólogo, nombra en varias ocasiones el Heraldo de Aragón (lo cual queda estupendo con ese acento) y tras mentarlo la primera, la maleducada de la que hablaba ha gritado “Viva el Heraldo de Aragón”. Que ya de por sí está fuera de lugar, pero tampoco queda excesivamente mal en un ambiente familiar como son estos monólogos en un pequeño bar, pero es que Charly le ha contestado algo, y la otra le ha replicado, y así varias veces. Joder, si has hablado fuera de lugar y estás molestando, lo lógico es que te calles de una puta vez y dejes seguir el monólogo, pero la lorita quería tener la última palabra. Así que al final, Taylor, sin perder la compostura, y con todo el humor del mundo le ha explicado que estaba haciendo un monólogo: es decir, que sólo hablaba él, puesto que sino sería un diálogo. Todos hemos roto a aplaudir.

Durante el resto de la actuación tenía que nombrar en más de una ocasión al diario y, para evitar nombrar el Heraldo de Aragón, ha ido diciendo otros distintos, añadiendo más coña al monólogo de una forma que no hubiera tenido si todos los espectadores se hubieran comportado como debían.

Cuando le ha tocado el turno a Mariano Bartolomé el mismo grupito no paraba de cascar. Y dale perico al torno. Pero esta vez bastante más alto que antes, que ya hasta le molestaban a él y ha llegado un punto en el que se ha quedado callado mirándoles, al hacerse el silencio se han dado cuenta de que sólo se les escuchaba a ellos. Entonces, la misma maleducada que nos ha estado dando el coñazo todo el tiempo, le ha espetado “Oye, es que hablas muy rápido“. Y  (joder, es que no se le pueden dejar a un profesional del humor tan a huevo, que esa te la contesto hasta yo) el tipo le ha contestado con toda la sorna que ha podido “¿No será que tú eres muy lenta?“. Y ahí sí que se ha ganado el aplauso más gordo de la noche. Poco después se han ido del bar antes de finalizar el monólogo, no sé si porque habían quedado, o porque se habían cansado de verse humillados, con todas las de la ley.

Jazz Zaragoza

Este domingo terminó la edición de este año del festival de Jazz de Zaragoza y he tenido la suerte de haber podido disfrutar de tres conciertazos.

El miércoles 12 tocaba el Arturo Sandoval Sextet y acudimos esperando un concierto muy animado, con ese ritmo latino tan característico y el cubano no nos decepcionó. Sí que he de decir que tocó más canciones lentas de lo que esperaba, incluso más de un bolero, que no era lo que buscábamos, pero cuando quería ponerle marcha, se la daba, y disfruté bastante de su trompeta y el resto de la banda. Lo más destacable fue el solo de maracas a cargo del percusionista Philbert Armenteros. Nos dejó a todos anonadados con su arte con un instrumento que parece tan soso y monótono. Nunca hubiese podido imaginar que se podían sacar tantos sonidos de unas simples maracas.

Dos días más tarde fue el turno del James Carter Quintet, teloneados por el Zaragozano Luis Giménez Quartet. Simplemente puedo decir que estos últimos no estuvieron mal. Tocan un estilo de jazz que no me motiva nada (guitarra eléctrica muy melódica, piano, batería y bajo), muy sosegado, que se podría calificar como música de ambiente. Que también tendrá su mérito y su belleza, pero no me llama como música para escuchar. Además no era el día. El cabeza de cartel de esa noche era James Carter, un artista del saxo y el clarinete, con un grupo que prometía hacer vibrar la sala: y lo hizo. Ya con el primer tema, uno de esos temas largos de jazz, con solos de todos los músicos, algunos repetidos, ya obtuvieron más aplausos que toda la interpretación del grupo anterior. James Carter exprimió sus instrumentos al máximo, y nos deleitaron con un repertorio de canciones de las que el cuerpo te pide levantarte, que es exactamente como a mí me gusta el jazz.

Para terminar, al día siguiente acudimos a ver a la Mike Stern Band. No iba muy motivado, porque los grupos de jazz con guitarra eléctrica que he tenido ocasión de escuchar suelen ser bastante sosetes para mi gusto (como me pasó el día anterior con Luis Gimenez). Sin embargo, el que hubiera un saxofonista para dar vida ya me empezó a dar buenas vibraciones, y el concierto me encantó. Mike Stern es uno de esos virtuosos de la guitarra capaz de cualquier cosa, y que atrajo a un ejército de heavys que destacaban mucho entre la mayoría de personas mayores que había en el resto de conciertos. Me encantó como pasaba sin ningún complejo de los tonos melódicos a los que nos tienen acostumbrados los guitarristas de jazz, a rockear con una buena dosis de distorsión. Al igual que el día anterior, tuvo un desafortunado telonero: el Trio del pianista Miguel Angel Remiro. Tampoco pegaba su lentísimo jazz cuya canción más movida fue lo que él afirmó que se trataba de una bulería, en la noche del jazz más rockero que se pueda esperar.

Ayer sí que me gustó la EXPO

Cualquiera que lea esto se sorprenderá, especialmente viendo mi opinión la primera vez que estuve —fracaso—, pero ayer disfruté en la EXPO. ¿El secreto? Entré en pabellones contados con la mano, sin hacer colas, claro, pero estuve en dos conciertos geniales. Quién dice ayer, dice el viernes.

El primero fue casual. Mirando la programación del día vi que a las siete tocaba un grupo llamado Wolfgang Muthspiel en el Balcón de las Músicas y que lo catalogaban como música jazz. Así que nos dirigimos puntuales y disfrutamos de este trío austriaco compuesto por guitarra —el propio Wolfgang—, contrabajo y batería. Apenas tocaron unos seis temas ó siete temas, pero tanto los solos de cada uno como cuando le metían marcha los tres juntos estuvieron geniales. Cuando terminó me fui con muy buen sabor de boca.

Por lo que cuenta la Wikipedia, Wolfgang Muthspiel, el guitarrista, lleva sacando discos desde 1987 y en 2003 ganó el Premio Europeo de Jazz. Según un blogger hablando de un concierto que dio en mayo junto a Dhafer Youssef, Muthspiel es actualmente considerado uno de los mejores músicos de Europa. En su MySpace podéis escuchar cuatro canciones, una de las cuales —Sand Dance— por la carátula que se ve es el disco que ha sacado recientemente con este otro músico.

Más tarde, como plato fuerte del día, tocaban Antony and the Johnsons, acompañados en esta gira por la Orquesta Milano Clásica. Sólo una palabra puede definir todo el concierto: precioso. La increible voz de Antony Hegarty te cautiva desde el principio, con toda la emoción que pone a cada palabra que sale de su boca. Además, lo más destacable es que al intervenir también la Milan Symphony, las canciones no sonaban exactamente igual que en los discos, gracias al nuevo acompañamiento. Toco varias promocionando su nuevo album, y otras que me encantan como Cripple and the Starfish o For today I am a boy. Increible de principio a fin, con la única pega del frío que hacía anoche, pero había momentos en los que inevitablemente te olvidabas escuchando a Hegarty.Otra gran putada fue que cualquiera pudiese entrar al concierto, siendo gratis para todos los que estaban por la EXPO. Esto significa que por todos lados había desgraciados que no paraban de hablar, o que no les había gustado y se levantaban y se iban, cortando toda la tranquilidad y serenidad que se requieren para disfrutar plenamente de un concierto así. También se escuchó la megafonía de la feria, aunque por suerte fue entre canción y canción y Antony se lo tomó con filosofía e intentó acallarla con el poder de sus manos, pero sin exito. Un momento curioso fue cuando se puso a cantar una versión de una canción de Beyoncé, que es el único vídeo que hay subido ahora mismo en Youtube de su actuación en la EXPO.

Antony and the Johnsons es un grupo que recomiendo a cualquiera que le guste la música tranquila y relajada, y muy distinta a lo que escuchamos habitualmente. La voz de Antony es sobrecogedora en ocasiones y no creo que decepcione a nadie. Podéis empezar con las tres de su MySpace, algunas de su página oficial, o el propio Youtube.Y si queréis saber más, la Wikipedia siempre es un buen lugar. En el Periódico de Aragón también hicieron crónica del concierto y Luis Lles en el Altoaragón lo mismo, hablando también de Muthspiel y otras actuaciones del día.Os dejo un par de canciones más de Antony and the Johnsons.

La EXPO del video

Llego ahora de mi primera visita a la EXPO y vaya fiasco. La verdad es que en un principio no tenía pensado acudir, pero me regalaron entradas, así que decidí aprovecharlas; teniendo una Exposición Internacional a media hora de casa es casi absurdo no aprovechar y verla.

Sin embargo, vuelvo completamente decepcionado. Lo único que he disfrutado han sido los edificios: hay que reconocer que son unas construcciones impresionantes, bonitas y curiosas; pero cuando el continente es mejor que el contenido, estamos haciendo algo mal.

El denominador común de todo el recinto han sido las proyecciones: vídeos en pantallas, vídeos en las paredes, vídeos en el suelo, vídeos en el techo, vídeos en tinajas, vídeos sobre agua… vídeos, vídeos y más vídeos. Vídeos de documental, de los que tan vistos tenemos desde el sofá de nuestra casa y por los que no merece la pena pagar un solo céntimo por ver desde la incomodidad del suelo o de unos muebles haciendo las funciones de asientos.

Sólo decir que hemos llegado al Pabellón de Aragón con miedo de encontrarnos con un vídeo de Monesma de cómo hacer cuerdas de esparto o carbón natural. Por suerte era una obra de Carlos Saura ad hoc con una impresionante fotografía.

Hemos empezado viendo los pabellones de los distintos países y no nos decían nada hasta llegar a Suecia, que ha sido el primero en el que realmente hemos visto una especie de presentación del país y temas relacionados con el agua y el ahorro. Esto es lo que esperaba encontrarme en todos los demás: unas pinceladas de las culturas de cada país invitado y su forma de enfrentarse a los problemas del agua; una invitación a plantearte visitar el país en cuestión. Por el contrario, la mayoría se limitaban a poner fotografías y vídeos de espacios con agua: sus ríos, lagos, playas… Si hasta los eslovacos tenían igual 40 ó 50 botellas de agua mineral para demostrar la cantidad de manantiales que existen en su país. ¿Resultado? Terminas convencido de que lo que sobra en el mundo es agua.

Realmente por eso creo que han enfocado francamente mal las exposiciones, stands y actuaciones: abuscan completamente del agua para todo. Una de las obras que se realizan a diario cuatro veces al día, y que nos ha encantado consistía en su mayor parte en cinco tios lanzándose increibles chorretazos de agua los unos a los otros —muy original, no daré detalles, pero si acudis no os perdáis El Hombre Vertiente— pero por muy bonita y distinta que fuera, no eran sino 5 personajes malgastando agua de mala manera —evidentemente imagino que colarán toda y la reutilizarán, pero no es la imagen que queda—. Y todos los demás edificios tenían también agua por todas partes: ríos artificiales, cascadas sobre cristal, fuentes, lluvia artificial, vaporizadores…

Tampoco es que pretenda entrar ahora en la doble moral que supone organizar la EXPO del agua, del ahorro del agua y todos los conceptos de ecologismo y desarrollo sostenible que implica, con el consiguiente gasto que se produce no sólo de montarla en condiciones normales, sino en el lugar malescogido de la ribera del río. La doble moral de estar gastando miles y miles de litros de agua en todos esos edificios que supuestamente pretenden concienciar de la importancia de ahorrar el líquido elemento. No, no insistiré en ello porque ya lo ha hecho mucha gente antes que yo y con todo mucho mejor estudiado que mi simple visión parcial del asunto. Lo que yo quiero criticar es lo absurdo de la muestra.

Una aplastante mayoría de stands se limitaban a ofrecer —algunos te obligaban a tragártelos sin posibilidad de escape— unos vídeos insulsos y, muchos de ellos, para niños, en los que simplemente presentaban unas bonitas imágenes de sitios idílicos del país. Algunos de dibujos como el bochornoso vídeo en cúpula del pabellón de España, otros con más jugo, pero nada del otro mundo al fin y al cabo. Y, sin duda, los países que se llevaban el premio gordo eran los que llenaban toda su zona con chiringuitos donde comprar casi la misma bisuteria que encuentras en los mercadillos en fiestas. Pero nada más, ni una triste presentación sobre el país ni nada parecido: todo tienda. No descarto que los de Nepal sean los sudamericanos que vienen para San Lorenzo, que desde la DGA les han dejado disfraces y los han contratado para tres meses. Y así unos cuantos.

El resultado final: decepción. Pero eso sí, unos edificios muy bonitos. Ah, y calor. Esperad a septiembre o a días lluviosos, porque hay unas explanadas sin una miserable sombra a las que no querría enfrentarme en julio/agosto. Oh, y sobre los famosos precios populares me reservo a pasar las fotos al ordenador y poder enseñar lo que cobran por una puta mierda.