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Cobh

Cobh es un pueblecito de 7000 habitantes a 22 km al sureste de Cork (12 km a vuelo de pájaro). Está situado en medio del Cork Harbor, el segundo puerto natural más grande del mundo, en la isla conocida como Great Island. Desde Cork puede llegarse por tren en unos 25 minutos por seis euros ida y vuelta. Lo más representativo son sus casitas de colores (muy típicas de los pueblos costeros irlandeses) pero también tiene otras historias que contar.

Calle típica de casas coloreadas

Pese a su pequeño tamaño, su privilegiada situación le ha servido para convertirse en uno de los puertos más famosos de Irlanda. Para empezar, los dos islotes que se alzan justo frente al pueblo han sido de interés militar durante años: Haulbowline, base de la marina irlandesa en la actualidad, fue fortificada ya en 1602; Spike Island, que conserva el Fort Westmoreland erigido en 1790, fue usada como prisión de 1847 a 1883, haciendo escala allí gran parte de los presos británicos que terminarían en Australia.

Si algo caracteriza a Irlanda, es la enorme emigración que tuvo durante el siglo XIX, lo cual explica que haya un 12% de estadounidenses con ascendencia irlandesa, lo que les convierte en el segundo mayor “grupo étnico” de los USA, sólo superados por los americanos con ascendencia alemana (17%).

Cobh fue el principal puerto desde el que embarcaban los irlandeses rumbo a los Estados Unidos, pasando por sus muelles unos dos millones y medio de los seis millones que emigraron entre 1948 y 1950, hecho que han aprovechado para montar un museo sobre emigración. La más famosa fue Annie Moore al convertirse en la primera persona en pasar por la recien estrenada oficina de inmigración en Ellis Island en el puerto de Nueva York en 1892 a sus quince años. Como homenaje tiene una estatua, junto a sus hermanos (sus padres habían viajado cuatro años antes), tanto en Cobh como en la isla.

Statue of Annie Moore and her brothers

La mayor parte de los emigrantes dejaron el país durante la Gran Hambruna que azotó el país entre 1846 y 1852 debido al mildiu de la patata y a la falta de dinero para comprar más comida.

Muchos se preguntan cómo una isla rodeada de agua puede tener problemas con la comida pudiendo pescar todos los peces que necesiten, pero los escarpados acantilados en gran parte de la costa y fuertes corrientes del Atlántico hacían de Irlanda una isla con una muy pobre industria pesquera; aparte de que los terratenientes británicos no estaban interesados en ese negocio, con lo que prohibían la pesca en sus tierras.

Señales apuntando a diferentes lugares de Cobh

El puerto de Cobh también es conocido por ser el 12 de abril de 1912 la última parada del Titanic en el viejo continente antes de poner rumbo a New York con el trágico final que todos conocemos. Pese a que la parada del barco sea meramente anecdótica han sabido exprimir el tema, teniendo incluso la “Ruta turística del Titanic“. En Irlanda están bastante orgullosos de este transoceánico (fue fabricado en los astilleros de Belfast) y tienen un dicho “El Titanic fue perfectamente construido por irlandeses, pero hundido por un inglés“.

Al ser un pueblo tan pequeño y pintoresco, el turismo es una buena baza, y ya que estamos con catástrofes marítimas… ¿Por qué no incluir también al Lusitania? El Lusitania era un transoceánico de lujo —como el Titanic— pero fletado antes, en 1907. A principios de 1915, durante la Primera Guerra Mundial, Alemania impuso un bloqueo comercial a Gran Bretaña, es decir, llenó las aguas cercanas de submarinos y advirtió de que dispararían sin previo aviso a cualquier navío que circulara cerca de la costa británica.

Pese a ello, el Lusitania continuó sus labores civiles transportando pasajeros de un continente a otro, hasta que el submarino alemán U-20 lo torpedeó el mediodía del 7 de mayo de 1915 cuando estaba tan sólo a 18 kilómetros de Kinsale, pereciendo 1198 de los 1959 pasajeros, y siendo los supervivientes recogidos en Cobh.

Monumento a la memoria de los fallecidos en el hundimiento del Lusitania

Este ataque —que serviría de excusa al gobierno estadounidense dos años más tarde para declarar la guerra a las Potencias Centrales y entrar de lleno en el conflicto— no está exento de polémica, pues pese a que la reacción internacional al inicio fue de completa condena a la actuación alemana, EE.UU. colaboraba abiertamente con Gran Bretaña y el barco transportaba de “contrabando” ingentes cantidades de material bélico y alimentos para el ejército británico.

Al haber varios detalles que no cuadran respecto a los mensajes radiofónicos enviados al barco por la marina británica y la decisión de retirar el buque que iba a escoltar al Lusitania al final del trayecto, hay varias teorías conspiranoicas afirmando que Wiston Churchill (Primer Lord del Almirantazgo) facilitó el hundimiento con sus órdenes, para dar una excusa a los Estados Unidos a entrar en la guerra.

Como siempre, la Wikipedia nos sorprende con su cantidad de listas sobre cualquier tema, así que podemos comparar el hundimiento del Lusitania con otros naufragios por número de víctimas, diversos accidentes marítimos catalogados en “Tiempos de paz” y en diferentes conflictos históricos, barcos hundidos por submarinos según número de víctimas o la lista de accidentes y desastres por número de víctimas en cualquiera de sus categorías o, especialmente, la marítima.

Casas coloreadas con la catedral de fondo

Aparte de los museos y estatuas mencionados aquí, el mayor atractivo de Cobh es perderse entre sus sinuosas calles rodeadadas por coloridos edificios. Se puede dar un paseo tan largo como se quiera, cuestas arriba y cuestas abajo, hasta llegar a la Catedral de San Colman, que al estar el punto más alto de la ciudad puede ser vista casi desde cualquier parte.

esquina de casas coloreadas y catedral

Colman de Cloyne fue un monje de finales del siglo VI fundador del monasterio de Cloyne, un pueblo cercano que da nombre a la diócesis de la que ésta es la principal catedral. Educado como bardo, se le conocía como el Poeta Real de Munster, y algunos de sus versos que todavía se conservan están entre los primeros ejemplos del irlandés escrito con alfabeto latino.

Costado de la catedral

St. Colman Cathedral se empezó a construir en 1865 y se terminó en 1915 y es uno de los ejemplos más notables del neogótico irlandés. Su torre alberga un carillón de 47 campanas (cinco de ellas añadidas en 1958) que lo convierten en el mayor de Irlanda. Tiene una escala de cuatro octavas, lo que permite la ejecución de variadas composiciones, siendo frecuentes los recitales de música religiosa y secular, especialmente en verano.

Altar mayor y ábside de la catedral

Parte frontal de St Colman Cathedral

depósito de agua bendita

Me llamó especialmente la atención el depósito de agua bendita que se puede ver en la anterior foto. Estaba en uno de los laterales de la catedral, por fuera.

Lo mejor del pueblo, sin lugar a dudas, fue el pedazo fish&chips que nos comimos sentados en un banco al aire libre. Después de buscar un rato dónde comer, finalmente nos decantamos por el bar Mimmo’s, cuya posición en Google Map acabo de enlazar (justo enfrente del monumento a los fallecidos en el Lusitania). Por seis euros y medio pudimos disfrutar de una buena ración de fish&chips, con dos trozos de pescado para cada uno. Quizás no fuese el mejor del mundo, pero estaba muy bueno y en cualquier lado ponen mucho menos por más dinero. Incluso sumando los billetes del tren, hay muchos lugares en los que no comes tanto por doce euros.

Fish and chips, dos buenos trozos de pescado

Dejo algunas fotos de otros lugares que han atraído mi atención, como la parte posterior de la primera fotografía que abre el post (por cuyo lado frontal es la imagen más típica de Cobh), la señal para limpiar los excrementos de los perros y un par de tiendas con todo el escaparate de madera; la tienda del fondo tiene más gracia porque era de productos electrónicos, con lo que ese aspecto tan antiguo la convierte casi en un oxímoron.

Parte posterior de la calle típica

Señal: Clean after your dog!

Tiendas con escaparate de madera

Páginas con información turística:
East Cork Tourism
Cork Guide
Spike Island (ya enlazada en la entrada, pero con mucha información sobre esa isla).

Conquista inglesa de Irlanda

Durante siglos, Irlanda estuvo dividida en varios reinos. Entre los reyes de cada región designaban un Gran Rey, título meramente honorífico que reconocía a uno de ellos como el primero entre iguales. Esto comenzó a cambiar entre los siglos X y XII, cuando se les empezó a conceder una auténtica autoridad sobre todo Irlanda y pasó a ser un título codiciado por todos.

Y como no podía ser de otra forma, las dinastías más poderosas entraron en un conflicto de intereses por ser el próximo Gran Rey, de modo que Diarmuid MacMorrough, rey de Leinster, solicitó ayuda al caballero normando Richard de Clare para acabar con sus enemigos.

Al Rey Enrique II de Inglaterra esta situación no le gustó ni un pelo, dado que Irlanda podía consolidarse como una nueva nación y, eventualmente, hacerse poderosa y suponer un problema. También tenía la sensación de que los barones normandos que conquistaban nuevas tierras no le estaban siendo muy leales, así que decidió desembarcaer él mismo en Irlanda con sus ejércitos para hacer valer su autoridad sobre las tierras conquistadas por sus vasallos, lo cual sucedió el 18 de octubre de 1171 en Waterford (condado al este de Cork).

La guerra terminó en 1175 con el Tratado de Windsor, lo que supuso la anexión de Irlanda al reino inglés. Desde entonces, Diarmuid MacMorrough es considerado el mayor traidor de la historia de Irlanda, por haber prácticamente invitado a los normandos a conquistar la isla. Enrique se declaró Lord de Irlanda, creando para tal efecto el Lordship of Ireland (Señorío de Irlanda).

Pero en la Alta Edad Media uno no podía ir por ahí anexionándose otros reinos cristianos a la ligera (recordemos que San Patricio llegó a la isla hacia el año 400 y tuvo un gran éxito predicando el Evangelio así como expulsando culebras del país). Pese a ser años oscuros, la nobleza era civilizada y para reclamar el trono de otro país tenía que existir algún lío familiar entre medio… o el permiso del Papa, máxima autoridad política y moral del momento.

De eso se encargó supuestamente el Papa Adriano IV promulgando en 1155 la bula Laudabiliter, por la que se autorizaba a Enrique II tomar posesión de Irlanda con el objetivo de “encarrilar” a los celta-cristianos de vuelta a la “verdadera” Iglesia de Roma. Esta bula papal se promulgó sólo tres años después del Sínodo de Kells, en el que se reorganizó a su aire la Iglesia de Irlanda.

Como se ve, pasaron más de quince años desde que el Papa alentase a Enrique II a la conquista de Irlanda hasta éste que la tomase, pero estaba ocupado con otros asuntos; así que cuando Diarmuid MacMorrough acudió a pedir ayuda a sus ejércitos no dudó en recordarla y utilizarla. Otro punto que me gustaría señalar es la nacionalidad inglesa de Adriano IV, a la postre el único Papa inglés de la historia. También, desde hace tiempo, existe mucha controversia sobre la autenticidad de la bula, principalmente por no conservarse el documento original.

Durante los siguientes siglos, la Corona Inglesa se debilitó debido a la Guerra de los Cien años (1337-1453) en Francia, y a la Guerra civil de las Dos Rosas (1455-1485).

Pese a haberse hecho en un principio con el control de la mayor parte de la isla, los nobles ingleses a los que se otorgó las nuevas tierras no tardaron en ser asimilados por la cultura irlandesa, dando lugar al dicho Más irlandés que los irlandeses. Esto sumado a que los nativos se esforzaron por recuperar sus tierras, provocó que durante los siguientes siglos los normandos fuesen perdiendo el control de casi toda la Irlanda, limitándose el gobierno inglés prácticamente a los alrededores de Dublín. El resto de los señoríos gobernados por barones anglo-irlandeses se limitaban a pagar un tributo a la corona como todo reconocimiento a la autoridad inglesa

Durante el siglo XVI la dinastía inglesa Tudor decidió restablecer su autoridad en Irlanda, por lo que comenzaron por declarar a Enrique VIII (y todos sus sucesores) como Rey de Irlanda en 1542. Este nuevo título era necesario porque el anterior (Señorío de Irlanda) había sido otorgado por un Papa, y ya no tenía mucho sentido tras la excomunión de Enrique VIII en 1533 y la separación de la Iglesia Anglicana al año siguiente.

En 1553 accedió al trono María I que reinó en Inglaterra hasta su muerte en 1558. María I fue la única hija que sobrevivió al matrimonio de Enrique VIII y Catalina de Aragón (de modo que fue nieta de los Reyes Católicos). También fue educada en su infancia por Juan Luis Vives, famoso humanista español —lo cual no tiene mucha relevancia pero es un detalle curioso—. También es la María que ha pasado a la historia como Bloody Mary por condenar a muerte a 300 disidentes religiosos en un intento de retornar el país a la fe Católica que su padre había abandonado.

En 1554 se casó con Felipe II, lo que convirtió a éste también en Rey de Inglaterra hasta 1558 y a ella en Reina de España desde 1556 cuando él heredó el trono de su padre Carlos I. Además, en 1555, el papa Pablo IV emitió una bula papal declarando a Felipe II de España y a la reina María I de Inglaterra como Rey y Reina de Irlanda. Ésta fue la respuesta de la Santa Sede ante el acta de la corona de Irlanda de 1542 antes mencionada. Así pues, por aquellas fechas, el tratamiento del matrimonio de María I y Felipe II era el de: «Felipe y María, por la gracia de Dios, Rey y Reina de Inglaterra, Francia, España, Nápoles, Jerusalén e Irlanda, defensores de la fe, Príncipes de España y Sicilia, Archiduques de Austria, Duques de Milán, Borgoña y Brabant, Condes de Hasburgo, Flandes y Tirol». En Inglaterra incluso se llegaron a acuñar monedas con la efigie de Felipe.

La reconquista Tudor de Irlanda de la que hablábamos se extendió durante más de 60 años alternando fases de negociación con campañas militares. Algunos de los conflictos fueron las Rebeliones de Desmond. En la segunda de las cuales (1579–83) los irlandeses fueron apoyados por Francia y España.

España por aquellos años tenía otro frente abierto tratando de mantener el dominio de Flandes (encubierto también como una defensa del catolicismo ante la expansión del calvinismo) con la Guerra de los Ochenta años (1568-1648). Allí eran los ingleses los que apoyaban a las Provincias Unidas.

Eran los años previos a la Guerra Anglo-Española (1586-1604), y ambas potencias se hacían la puñeta la una a la otra. Que si apoyo a tus enemigos por aquí, que si Drake y otros corsarios por allá… Un comportamiento que me recuerda mucho al de la Guerra Fría: no invado tú país, pero voy a apoyar esta rebelión cerca de tu territorio.

A los derechos que pudiera reclamar Felipe II sobre Irlanda y las diferencias por el cisma religioso, se sumó la ejecución de María I de Escocia (ferviente católica y siguiente en la sucesión al trono tras su prima la reina Isabel I) en 1587 ultrajó a los católicos de la Europa continental. Su reivindicación al trono fue heredada por Felipe (viudo de María I de Inglaterra). Ese mismo año, Felipe II recibe autorización del Papa Sixto V para deponer a Isabel, que ya en 1570 había sido excomulgada por Pío V.

Entre 1594 y 1603 tuvo lugar la Guerra de los Nueve años irlandesa prácticamente el último episodio militar de la reconquista inglesa de Irlanda.

A pesar de desarrollarse principalmente en el Ulster (al norte de Irlanda), una de las batallas más importantes históricamente se dio en 1601 en Kinsale, donde los españoles volvieron a apoyar a los irlandeses con el afán de seguir debilitando a Inglaterra. (Y de dónde ha salido este post. Servidor sólo quería situar la batalla en su contexto histórico pero había tantas relaciones y conexiones interesantes que…).

Con Felipe II ya muerto, fue su hijo Felipe III quién mandó partir desde Lisboa (entonces territorio español) 33 naves con 4432 hombres comandadas por el almirante Diego Brochero y con Juan del Águila, veterano oficial español curtido en las guerras de Flandes, al mando del ejército en tierra (Maestre de Campo General). El objetivo era tomar Cork, pero a causa de un temporal acabaron en Kinsale y parte de los hombres y la mayoría de provisiones tuvieron que dar la vuelta.

En cuanto terminó el desembarco, la flota regresó a España en busca de refuerzos. Juan del Águila quedó junto a 3.000 hombres aislado en Kinsale. Las tropas aliadas estaban lejos de la ciudad y sólo pudo conseguir 900 bisoños mal armados. Decidió entonces fortificarse y esperar refuerzos. En la entrada de la bahía mandó construir dos fuertes: Castle Park y Ringcurran. Sobre los restos de estos fuertes se erigieron los que aún hoy pueden verse en Kinsale, James’s Fort y Charles Fort respectivamente.

Pese a que se pudo enviar un nuevo contingente de tropas para apoyar a Juan del Águila, otro temporal desvió a los barcos de la ruta esperada, y una falta de coordinación y medios impedió que la ayuda sirviese de algo. Tras tres meses de asedio y el triplicando en número a los defensores, los ingleses ganaron esa batalla; que fue una de las últimas de la Guerra de los Nueve Años. (Más detalles sobre Juan del Águila y la batalla de Kinsale).

La capitulación de Kinsale, pese a lo amarga de la derrota (y tener que entregar varias plazas), fue en muy buenas condiciones para los perdedores: el ejército español (reducido entonces a 1.800 hombres) y todos los irlandeses que lo desearan, recibirían provisiones y transportes para regresar a España. Además, conservarían el armamento, banderas y dineros. En 1604, con la firma del Tratado de Londres, se puso fin a la Guerra Anglo-Española.

La mayoría de supervivientes irlandeses continuaron una lucha de desgaste en el Ulster hasta que se rindieron dos años después (1603). Históricamente, la derrota de Kinasle (1602), junto a la Fuga de los Condes y la colonización del Ulster (ambos sucesos acaecidos en 1607), se consideran el fin de la Irlanda gaélica.

YHWH

El hebreo es un idioma que cuenta con una antigüedad de más de 30 siglos. En realidad el hebreo antiguo es completamente diferente del moderno (una relación parecida al latín con las lenguas romances, pero guardando más similitudes), de modo que la palabra técnica que define al hebreo es macrolengua.

En el hebreo antiguo escrito sólo se representaban las consonantes y para leerlo había que saber qué vocales debían intercalarse entre cada consonante en función de unas complicadas reglas o por el contexto. Así, cuando tuvieron que escribir el nombre de Dios, escribieron YHWH (יהוה). Esto se especula que viene de la respuesta de la zarza ardiendo a Moises «Yo soy el que soy y seré», o alguna otra construcción similar. Éste era el verdadero nombre de Dios en hebreo.

Se da el caso de que en algún momento de la historia temprana del pueblo judío se decidió no pronunciar nunca el nombre de Dios. En principio pudo ser una forma de mantenerlo oculto a los paganos, para evitar que lo pronunciasen en vano o blasfemasen, pero terminó por convertirse en una costumbre y una norma para toda la comunidad judía de entonces y ahora. Así, cuando leían las escrituras sagradas y llegaban a YHWH guardaban silencio o utilizaban distintas construcciones para referenciarlo. La preferida era Adonai (mi señor) pero también utilizaban diferentes palabras derivadas de El o Il. Éste era el dios principal de los cananeos, la cultura politeísta de la que los hebreos eran sólo uno de los pueblos que habitaban la región. Los hebreos lucharon contra el resto de tribus pretendiendo acabar con sus panteones politeístas e imponer el monoteísmo de su único dios, de ahí que Israel signifique El que lucha contra Dios (El). Esta historia también resulta muy interesante, pero no es por lo que estoy escribiendo este post y podéis seguir los enlaces.

Como iba diciendo, cuando leyendo un texto se llegaba a YHWH, generalmente se decía Adonai, y pasaron los años y los siglos y nadie volvió a pronunciar a lo que correspondían esas cuatro consonantes (denominadas también tetragramatón). Realmente el Sumo Sacerdote del Templo de Jerusalen sí podía pronunciarlo durante los rituales, pero fue destruido (y reconstruido y vuelto a destruir) y desapareció el cargo. Otros de los términos utilizados eran Hashem (el nombre) y Elohim, una especie de plural mayestático de El (dios).

Los primeros libros escritos de la Biblia se estima que fueron escritos 700 al 900 antes de Cristo. Fue hacia el siglo séptimo D.C. cuando los escribas —los que se ocupaban de las escrituras sagradas eran los masoretas— comenzaron a modificar sus textos incluyendo vocales en la forma escrita del hebreo. Esto también me parece muy interesante, porque en este idioma las vocales se indican mediante puntos —denominados niqud— encima, en, y debajo de las consonantes. Visto desde esta perspectiva histórica en la que el idioma empezó escribiéndose sólo con consonantes, resulta lógico que las vocales se representaran de esta forma: así pudieron simplemente “vocalizar” todos los textos que poseían y no reescribirlos desde cero. Esta característica tuvo que suponer una gran ayuda para que instaurar el nuevo sistema con vocales.

Una idea fabulosa para facilitar el aprendizaje de la lectura y que pudieron ejecutar sin problemas, hasta que les tocó puntear HYWH: después de más de 1000 años sin pronunciarlo, ya nadie sabía qué quería decir exactamente. Tampoco fue un problema muy grave porque seguía estando prohíbido decir el verdadero nombre de Dios, así que puntearon las vocales correspondientes a los términos con los que solía reemplazarse.

En la actualidad, al existir diversas corrientes dentro del judaísmo, hay quién no ve tan problemático no pronunciar el sagrado nombre del señor, mientras que los más ortodoxos continúan considerándolo una blasfemia. Sin embargo, no deberían tener porqué preocuparse ya que hace mucho tiempo que este significado se perdió, por lo que es imposible saber exactamente cómo debe leerse YHWH ni cómo se presentó Dios a Moisés. También les interesó en su día conocer la pronunciación a los no judíos que debían mencionar a dios —cristianos y musulmanes utilizan parte de los libros sagrados del judaísmo—.

Como dije antes, cuando se incluyeron vocales en el hebreo, YHWH se punteó con las correspondientes a las palabras sustitutas que solían pronunciarse. La principal de éstas era Adonai, la cual por motivos fonéticos y normas ortográficas transformó su primera A por E, quedando escrito YeHoWaH, de donde pasó al español como Jehová. Observando cómo se ha formado esta palabra, resulta claro que es una forma totalmente incorrecta de nombrar a Dios.

Actualmente los eruditos consideran que la forma más correcta de como debería sonar el nombre de dios es YaHWéH. Se basan entre otros motivos en la palabra aleluya (existente en muchos idiomas) procedente del hebreo hallĕlū yăh, «alabad a Yah». Yah fue una forma abreviada de nombrar a Dios. También se especula la relación con el verbo hebreo hawáh (llegar a ser), significando “El que causa que todo llegue a ser“.

Pese a todo, la única forma de nombrar a Dios que acepta la RAE es Jehová, no apareciendo ningún término por ahora para Yahveh (¿Yahvé?). Aunque el origen de Jehová sea erróneo, en castellano representa claramente la idea que la palabra quiere transmitir, por lo que se acepta su uso.

Además de muy interesante por los muchos temas que incluye esta historia (y que dejo al lector que le interese perderse en ellos como hice yo) me ha parecido francamente divertido que para proteger el verdadero nombre de Dios de otras tribus, sus propios adoradores hayan perdido cuál es éste. Es como olvidar la verdadera esencia y naturaleza de Dios.

Practicamente todo lo escrito en este artículo lo he aprendido en el término Yahveh de la wikipedia española. Sin embargo, es un auténtico desmadre, repitiendo en distintos apartados los mismos datos. La idea de este post era contar brevemente por qué actualmente se desconoce el significado de YHWH, pero para variar ha salido un pequeño tocho. Aún así, espero que sea más digerible que la entrada de la Wikipedia. También debo decir que si te ha interesado el tema debes leerlo, pues lo mio es un resumen muy general y se mencionan muchas más cosas allí. Llegué a todo esto a base de seguir enlaces en el último post de La Pizarra de Yuri.

También he consultado los artículos equivalentes en la Wikipedia inglesa, siempre más completa. Yahweh, Jehovah, Names of God in Judaism, Tetragrammaton. También he encontrado una breve página web dedicada al nombre de Dios.

Máquinas que piensan, de Pamela McCorduck

Este mes he dedicado realmente poco tiempo a leer, así que me ha costado bastante terminar Máquinas que piensan: una incusión perosnal en la historia y las perspectivas de la inteligencia artificial, de Pamela McCorduck. Y no porque no fuese interesante, al contrario, es un libro con el que he disfrutado muchísimo.

Ya publiqué hace varios días una reseña sobre una anécdota sobre programas de ajedrez (y en el resumen de las Jornadas de R también lo nombré brevemente), y el resto del libro sigue la misma dinámica. La autora, licenciada en filología, no es la primera vez que se aventura en el mundo de la tecnología y la inteligencia artificial, y creo que ha hecho un gran trabajo.

El libro es un compendio de anécdotas y opiniones de gente relevante en la IA, muchas de las cuales obtuvo la propia Pamela entrevistandose con ellos, y son el hilo conductor de la historia de la inteligencia artificial, desde sus primeros orígenes en los años 50 hasta la publicación del libro a finales de los 70.

En realidad, Pamela McCorduck va mucho más allá de ambos límites, señalando la constante búsqueda de la Humanidad por diseñar inteligencias artificiales (con sus ilusiones y temores) bien en la ficción: desde la Galatea de Pigmalion al Frankestein de Mary Shelley, o R.U.R. de Câpek. O bien en la realidad: desde las estatuas egipcias de dioses parlantes y móviles y los autómatas (otro) de Herón de Alejandría, a las cabezas parlantes de los sabios del siglo XV (y antes) o el Ars Magna de Ramon Llull; pasando por las estatuas mecánicas que decoraban los jardines de la nobleza en los siglos XVII y XVIII (como el pato de Vaucanson) o El Turco, la máquina de ajedrez de Wolfgang von Kempelen, que llegó a ganar a Napoleón o uno de sus mariscales (luego se descubrió la farsa, pues escondía a un maestro de ajedrez en su interior).

Y desde luego, en la historia por infundir conocimiento a las máquinas para liberarnos de tediosos trabajos no podemos olvidar los intentos por construir máquinas de cálculo: la pascalina, la máquina calculadora de Leibniz, las máquinas diferencial y analítica de Babbage, o las máquinas analógicas de cálculo de nuestro Leonardo Torres de Quevedo.

Pero además de máquinas automáticas, la Historia está llena de quienes afirmaron haber creado esclavos pseudo-humanos, como Paracelso descrito por Pamela como “el abuelo de todos los showmen de la medicina”, quién dejó la receta para crear un homúnculo que obedeciese nuestras órdenes (a base de esperma y estiércol). Paracelso sirvió de inspiración para el Fausto de Goethe.

O también Judah ben Loew, el Gran Rabino de Praga que creó un ayudante humano a base de arcilla al que llamó Joseph Golem y cuya historia me ha resultado tremendamente similar a la del Aprendiz de Brujo que podemos ver en Fantasia (la de Mickey Mouse puteado por la escoba mágica de su amo).

Y este repaso histórico sólo formaba parte de la introducción, pero me encanta cómo atrapa ese deseo humano por autodescubrirse y jugar a ser Dios.

Tras este inicio, algunos de los temas que trata en el libro son los primeros intentos de filósofos y psicólogos por definir la mente; la posible utilización del ordenador para simular un sistema inteligente, haciendo especial mención de Turing y Von Neumann; las comparaciones entre el cerebro y una máquina lógica, como mapas autoorganizativos, el Perceptrón o el trabajo de McCulloch y Pitts; los trabajos pioneros de Newell, Shaw y Simon de procesamiento de la información (GPS entre otros). Sin duda, y como es natural, se extiende con todo lujo de detalles en la Conferencia Dartmouth, cómo estaban las cosas antes, cómo se gestó y qué influencia tuvo en los años siguientes de la Inteligencia Artificial.

Otros temas contemplados por Pamela son los críticos de la IA (como Dreyfus); los primeros intentos de aplicarla al diseño de robots (como Shakey); algunos proyectos de los años 70 relacionados con el lenguaje, las escenas, llos símbolos y la comprensión; programas de IA que se estaban aplicando con éxito durante la redacción del libro, como DRENDRAL o el proyecto LOGO; aspectos éticos y morales de crear una mente artificial (Computer Power and Human Reason de Weizenbaum); y finalmente vuelve a salirse de las barreras históricas para viajar al futuro y especular con la dirección que tomará la IA y la tecnología.

Me ha parecido un libro francamente interesante que cualquiera interesado en la historia de la inteligencia artificial, llevado de la mano de sus protagonistas, disfrutaría. No es un libro técnico, ni mucho menos, es mucho más divulgativo y humano que cualquier otra cosa, así que puede ser leído por cualquier persona sin formación al respecto.

La verdad es que si te gusta Historias de la Ciencia y te apasiona la vida de los científicos, éste es tu libro. O sólo con que te llame un poquito la atención la iteligencia artificial, ya merece la pena que lo leas.

Hurbert Dreyfus contra la IA

Actualmente estoy leyendo Máquinas que piensan, de Paloma McCorduck, un apasionante relato sobre la historia de la Inteligencia Artificial, que cuenta tanto con anécdotas y citas de otros lugares, como con entrevistas de la propia autora a los verdaderos protagonistas de toda “la movida” de la IA allá por los 50. No lo he terminado pero puedo asegurar que es obligada lectura a todo aquel que disfrute con anécdotas de científicos al más puro estilo Historias de la Ciencia, especialmente si está interesado en la inteligencia artificial. Pero vayamos al caso.

A finales de los 60, un filósofo llamado Hurbert Dreyfus comenzó a atacar a diestro y siniestro esta rama, empezando con la publicación de un libro titulado “Alquimia e inteligencia artificial“. Al principio se le tomaba en serio y se debatían intensamente sus ataques hacía la IA, pero llegó un punto en el que el tipo se debió de desquiciar y dedicó el resto de su vida a dar charlas y escribir artículos criticando con total obcecación y nula imparcialidad a los investigadores y sus objetivos.

Seymur Papert estaba preparando una pequeña monografía sobre las dificultades para aceptar la idea de la inteligencia artificial, así que decidió ilustrar uno de sus artículos con un caso real de una crítica de Dreyfus y la siguiente cita está sacada de ahí.

«Pienso que tal vez en un sentido más profundo ése es el problema de la gente que nuca ha programado un ordenador [continuó Papert], y que quieren reflexionar acerca de si es posible la IA. Realmente parece monstruoso que esto sea posible. Tú les dices que un programa ha sido escrito para que haga tal y tal cosa y que así es como lo hace. Entonces ellos piensan en un programa ligeramente diferente. Cualquier programador vería de inmediato cómo ampliar el programa para cubrir ese problema. La gente como Dreyfus no puede. De ese modo cualquier modificación del problema parece llevarlo fuera del reino de lo que puede programarse, y eso parece ser una debilidad insalvable de la inteligencia artificial.»

Hubo un momento en el que ya nadie dentro del campo se molestaba en replicarle, porque la mayoría de cosas que decía eran un sinsentido. Pamela McCorduck dice en el libro que «Newell y Simon, que son objetivos primarios de Dreyfus, llegaron a la conclusión de que cualquier refutación formal sólo conseguiría dar más propaganda a Dreyfus. La ciencia, piensa Newell, vive porque un científico recoge el trabajo de otro, bien para refutarlo o para corroborarlo». Más tarde, Papert se arrepintió de haber tomado unas críticas de Dreyfus para elaborar el artículo que he citado previamente, afirmando que «Dreyfus no se enfrenta realmente con los problemas: se queda demasiado cerca de la superficie».

En sus artículos utilizaba citas de investigadores de la IA sacadas completamente de contexto para desprestigiarlos, y se aprovechaba de predicciones “fallidas” para ahondar en el fútil objetivo de desarrollar una Inteligencia Artificial. Con el paso de los años, insistió en que la disciplina se había estancando, a lo que más de uno comentó jocoso que eso significaba que los artículos se habían convertido en demasiado difíciles de leer para él.

Probablemente uno de los sucesos qué más recordará la comunidad de la IA de aquellos tiempos fue cuando Dreyfus aceptó jugar una partida de ajedrez contra un ordenador en 1966. Él había afirmado un año antes en uno de sus artículos que «ningún programa de ajedrez puede jugar ni siquiera ajedrez amateur», así que a Seymur Papert le pareció divertido organizar una partida de ajedrez entre el filósofo y el último programa de ajedrez que se había desarrollado hasta el momento, el MacHack de Richard Grenblatt. El ataque de Dreyfus se fundamentaba, especialmente, en un enfrentamiento anterior en el que un niño de diez años venció a una computadora.

Hay que aclarar que en esos años los programas de ajedrez no eran como ahora, ni mucho menos. El primer programa que jugaba al ajedrez fue desarrollado por Alan Turing en 1952 y ningún ordenador podía ejecutarlo. La única partida que se jugó, fue el propio Turing quién simulaba la ejecución, tardando hora y media con cada movimiento. Perdió la máquina.

No fue hasta finales de los 70 y principios de los 80 cuando se consiguieron desarrollar programas que llegaron a ganar torneos importantes y adquirir la categoría de Maestro. MacHack, situado entre ambas épocas, fue el primer programa con capacidad de jugar torneos de segunda, y venciendo a humanos en éstos.

Debo recordar que hubo que esperar hasta 1997 para ver cómo Deep Blue derrotaba al campeón mundial del momento, el Gran Maestro Gari Kaspárov. Aquella partida fue muy sonada, y probablemente sea uno de los hitos más famosos de la Inteligencia Artificial reciente. Sin embargo, creo que fue una victoria bastante controvertida, y que IBM jugó bastante sucio a continuación, aunque ésta ya es otra historia.

Bien, una vez puestos en contexto del estado del software que jugaba al ajedrez, debo decir que el enfrentamiento entre Dreyfus y MacHack, fue algo que sorprendió incluso a los principales investigador de IA del momento. Hasta la mitad de la partida todo el mundo estaba seguro de que ganaría el humano, pero hubo un momento en el que Dreyfus puso contra las cuerdas a la máquina, y ésta encontró una solución brillante que cualquier jugador de ajedrez habría disfrutado ejecutando.

Tras recibir el jaque mate por parte de MacHack, Dreyfus aseguró que su afirmación anterior no se refería a que no se pudiese lograr jamás un programa que jugase ajedrez amateur, sino que hasta ese momento no se había conseguido. Y que de hecho, MacHack le ganó a él, un jugador amateur. La polémica estaba servida cuando el siguiente número de una revista de IA publicó un artículo sobre la partida con el título: «Un niño de diez años puede vencer a una máquina, Dreyfus». Y el subtítulo: «Pero la máquina puede vencer a Dreyfus».

En lugar de tomárselo con filosofía (chiste fácil) aceptando la derrota y que se hiciese alguna gracia al respecto, protestó y escribió una carta en la que utilizaba un lenguaje en el que se le veía francamente ofendido. Herb Simon escribió una carta abierta dirigida a Dreyfus, con el título «Tranquilízate, amigo!». El original puede encontrarse en el archivo digital de todos sus escritos. Como no he encontrado una traducción por internet, copiaré la que aparece en el libro de Pamela McCorduck (la traducción del libro es de Dolores Cañamero). Publicar esta carta había sido mi propósito inicial cuando empecé este post, pero se me ha ido de las manos y supera las 1000 palabras, pero sin entender el contexto en el que fue escrita carece de todo interés. Si habéis conseguido llegar hasta quí, disfrutad del mordaz Simon.

«Estimado profesor Dreyfus:

Me ha molestado un poco su reciente carta a SIGART, protestando por los comentarios acerca de su derrota a manos de MacHack, el programa de ajedrez de Greenblatt. Una persona que utiliza la yuxtaposición de los nombres “Alquimia e inteligencia artificial” apenas puede pretextar ignorancia en el uso de la retórica o gritar “cerdo” cuando un editor insinúa algo yuxtaponiendo los resultados de una partida de ajedrez con una cita de uno de los jugadores. Tal persona, en conciencia, no podría ni siquiera protestar porque le contesten con el mismo tipo de retórica que él empezó a utilizar hace cinco años, y ha continuado, en escalada desde entonces.

¿Cuáles son los hechos? Un hombre que mostró un gran entusiasmo al escribir que “Un aprendiz de 10 años” había ganado a un determinado programa de ajedrez ha sido derrotado, y derrotado profundamente, por MacHack. Ningún hecho por sí mismo prueba demasiado sobre el presente o el futuro de los programas de ajedrez, pero los dos hechos pueden interesar y despertar emociones en personas que ya están apasionadamente comprometidas con ciertas conclusiones (a favor o en contra) en estos temas. Protestar contra un divertido comentario sobre la victoria de MacHack muestra o bien u deseo de aplicar la reglas de la retórica de forma asimétrica, o bien un compromiso emocional tan profundo como para no poder ver la asimetría. Usted debería reconocer que es probable que algunas de las personas que han sido mordidas por los afilados dientes de su prosa, en su debilidad humana, devuelven el mordisco; porque, aunque usted tiene una considerable destreza en el arte de polemizar, no tiene la patente.

La discusión sobre la filosofía y el status, de la inteligencia artificial saldría beneficiada de una desescalada. Puesto que usted ha aportado algunos de los pasajes más enérgicos acerca del tema, permítame sugerirle que usted bien podría empezar a enfriar el asunto; recobrar su sentido del humor podría ser un buen primer paso. Ya ve, lo verdaderamente cómico de la partida Dreyfus-MacHack, como cualquier otro jugador de ajedrez que lo intente le dirá, no es que usted fuera derrotado. Lo cómico es que el programa de Greenblatt exhibió en esta partida muchos de los fallos humanos que usted cometió (no ver mates obviamente inminentes, por ejemplo) y aún así le dio una paliza –por los pelos–. Fue una verdadera película de suspense en la cual una parte marginal de inconsciencia superó a otra. MacHack se comportó no como un “ordenador omnisciente” (para citarle a usted fuera de contexto), sino como un frágil y en ocasiones desesperado humanoide; incluso, podríamos decir, como usted y yo.»

La mayoría de la información que he publicado en esta entrada, así como todas las citas, están sacadas del libro Máquinas que piensan: Una incursión personal en la historia y las perspectivas de la inteligencia artificial, de Pamela McCorduck (traducción española de Dolores Cañamero).

Historias del mar

Del libro Mitos y leyendas del mar:

Cuando Piteas (por cierto, el primero en saber que Hispania era una península) aseguró haber visto durante su viaje enormes bloques de hielo flotante más grandes, incluso, que su embarcación, le llamaron charlatán; y cuando afirmó que aún más al norte la superficie del mar se llegaba a congelar del todo y que el Sol no se ponía durante semanas le trataron de loco e insensato. Así acaban muchos valientes y sinceros.
[…]

Habla de un navegante llamado Hannón quien, alrededor del 500 a.C. (2000 años antes que Bartolomeu Dias, que en 1488 dobló el cabo meridional del continente africano), zarpó desde el Mediterráneo, atravesó las columnas de Hércules (el peñón de Gibraltar y el monte Hacho, en Ceuta), realizó un asombroso acto de fe, dejó de lado los monstruos como Kraken y que la tierra fuera plana y se fue hacia el sur bordeando el continente africano. Parece que no vio las Canarias (que debió dejar a su derecha) y llegó hasta Sierra Leone.

Hannón escribió su historia en una tablilla de arcilla. Aseguró haber visto cocodrilos, hipopótamos y hombres ataviados con pieles de animales. El historiador griego Herodoto mencionó con gran escepticismo una circunnavegación a África. Aun hoy, hacer eso sería una travesía épica. Herodoto aseguró que el relato de los navegantes tenía un error geográfico inaceptable:

A su regreso declararon, y yo por mi parte no les creo, aunque otros sí lo hagan, que al doblar el extremo de Libia [así se llamaba en la antigüedad al continente africano] tenían el Sol a su derecha.

Herodoto había recorrido en persona casi todo el Mediterráneo y sabía mucho de la geografía de Europa. Pero aquellos navegantes habían ido al hemisferio sur. Sólo alguien que efectivamente hubiera hecho ese viaje podría revelar el detalle de que el Sol se encontraba a mano derecha al navegar hacia el oeste. Imaginad el miedo de aquellos navegantes: al zarpar desde Egipto, verían el Sol al sur pero a medida que descendieran tendrían el Sol cada vez más cerca del cenit hasta que al cruzar el Trópico de Capricornio verían al Astro Rey cada vez más al norte. Además, por las noches debieron perder de vista la estrella polar, y hay que añadir que no tenían idea de cuándo el litoral iba a doblar hacia el oeste y volver hacia el norte, si es que lo iba a hacer en algún momento. Como dijo el historiador Edward Burman: podemos considerar que el mérito fue mucho mayor que el de Cristóbal Colón 2000 años más tarde.

Y muchos otros interesantísimos Mitos y leyendas del mar de la mano del siempre genial omalaled en Historias de la Ciencia.

Mediohombre

Blas de Lezo y Olavarrieta (Pasajes, Guipúzcoa, España, 3 de febrero de 1689 – Cartagena de Indias, Colombia, 7 de septiembre de 1741), almirante español conocido como Patapalo, o más tarde como Mediohombre, por las muchas heridas sufridas a lo largo de su vida militar, fue uno de los mejores estrategas de la historia de la Armada Española, y al mismo tiempo uno de los mayores desconocidos.

[…]

Se integró en la armada francesa, en ese momento aliada de España en la Guerra de Sucesión, que acaba de empezar […]. Frente a Vélez-Málaga se produjo el 24 de agosto de 1704 la batalla naval más importante del conflicto. […]

Blas de Lezo participó en aquella batalla batiéndose de manera ejemplar hasta que una bala de cañón le destrozó la pierna izquierda, teniéndosela que amputar, sin anestesia, por debajo de la rodilla. Cuentan las crónicas que el muchacho no profirió un lamento durante la operación. Debido al valor demostrado tanto en aquel trance como en el propio combate, es ascendido en 1704 a Alférez de Bajel de Alto Bordo por Luis XI y se le ofrece ser asistente de cámara de la corte de Felipe V. […] Evidentemente necesitó una larga recuperación y rechazó estar en la corte, pues ambicionaba conocer las artes marineras y convertirse en un gran comandante. En 1705 vuelve a bordo y aprovisiona la asediada Peñíscola.

[…] Posteriormente [al apoyo de los sitiados en Barcelona en 1706] se le destaca a la fortaleza de Santa Catalina de Tolón, donde toma contacto con la defensa desde tierra firme en combate contra las tropas del príncipe Eugenio de Saboya. En esta acción y tras el impacto de un cañonazo en la fortificación, una esquirla se le aloja en el ojo izquierdo, que explota en el acto, perdiendo así para siempre la vista del mismo.

Ostentó el mando de diversos convoyes que llevaban socorros a Felipe V, burlando la vigilancia inglesa sobre la costa catalana. En 1711 sirvió en la Armada a las órdenes de Andrés Pez. En 1713 ascendió a capitán de navío y en 1714 durante el segundo sitio de Barcelona, una grave herida le inutilizó el brazo derecho.[…]

En 1712 pasa a servir bajo las órdenes de Andrés del Pez. Este afamado almirante quedó maravillado ante la valía de Lezo y emitió varios escritos que le valieron su ascenso a Capitán de Navío un año más tarde. Posteriormente participó en el asedio a Barcelona al mando del Campanella (70), en el que el 11 de septiembre de 1714, al acercarse con demasiado ímpetu a sus defensas, recibe un balazo de mosquete en el antebrazo derecho, quedando la extremidad sin apenas movilidad hasta el fin de sus días. De esta manera con sólo 25 años tenemos al joven Blas de Lezo tuerto, manco y cojo.

Las negritas son mías.

Esto es sólo la mitad de la vida de un héroe. Batalla a batalla fue progresando en la escala, hasta que en 1734 el rey le ascendió a teniente general de la Armada, el cual debe de ser un puesto bastante alto por toda la progresión que lleva detrás. La mayoría de las batallas las gana en inferioridad de condiciones, gracias a una valentía e ingenio insuperables. Lástima que la Wikipedia no sea demasiado explícita en la mayoría de ocasiones; apuesto a que leer un buen libro sobre este hombre tiene que disfrutarse.

Como no podía ser de otra forma, una gran historia conlleva a un gran final, y su última batalla estará escrita por siempre en los anales de la Historia, pues con sólo seis navíos defendió la plaza de Cartagena de Indias de la mayor armada que había sido fletada en toda la historia.

La flota inglesa, la agrupación de buques de guerra más grande que hasta entonces había surcado los mares (2.000 cañones dispuestos en 186 barcos, entre navíos de guerra, fragatas, brulotes y buques de transporte, y 23.600 combatientes entre marinos, soldados y esclavos negros macheteros de Jamaica, más 4.000 reclutas de Virginia bajo las órdenes de Lawrence Washington, medio hermano del futuro libertador George Washington), superaba en más de 60 navíos a la Gran Armada de Felipe II. Esta flota ha sido la segunda más grande de todos los siglos, después de la armada que atacó las costas de Normandía en la Segunda Guerra Mundial. Para hacerse idea del mérito estratégico de la victoria, baste decir que las defensas de Cartagena no pasaban de 3.000 hombres entre tropa regular, milicianos, 600 indios flecheros traídos del interior, más la marinería y tropa de desembarco de los seis únicos navíos de guerra de los que disponía la ciudad: el Galicia que era la nave Capitana, el San Felipe, el San Carlos, el África el Dragón y el Conquistador. Blas de Lezo, sin embargo, contaba con la experiencia de 22 batallas. El sitio de Cartagena de Indias fue una gran victoria con una enorme desproporción entre los dos bandos.

Tan colosal derrota de los ingleses aseguró el dominio español de los mares durante más de medio siglo hasta que lo perdió en Trafalgar, cosa que la historia inglesa no reconoce. Humillados por la derrota, los ingleses ocultaron monedas y medallas grabadas con anterioridad para celebrar la victoria que nunca llegó. Tan convencidos estaban de la derrota de Cartagena que pusieron monedas en circulación que decían en su anverso: «Los héroes británicos tomaron Cartagena el 1 de abril de 1741» y «La arrogancia española, humillada por el almirante Vernon».

Fue justo lo contrario. Con sólo seis navíos y 2.830 hombres, y mucha imaginación, Blas de Lezo derrotó a Vernon, que traía 180 navíos y casi 25.000 hombres.

El héroe falleció en dicha ciudad al contraer la peste, enfermedad generada en la ciudad por los cuerpos insepultos ocasionados por los sucesivos combates. Algunos años más tarde se concedió a la familia Lezo el marquesado de la Real Defensa, quedando perpetuada de este modo, sus hazañas en Cartagena de Indias.

Premática que ha de guardar las hermanitas del pecar, hechas por el fiel de las putas

«Si es gorda, por lo que suda, se le quiten tres cuartillos, y se le añadan en invierno por lo que abriga.Mujer chiquita, negra y roma, vale un real en todo tiempo, porque hace pecados bracos como perro de falda, si es con hombre de su tamaño; y si es mayor que ella, porque trabaja más, se le añada otro real.

Mujer fea y discreta, de día no vale un cuarto; mas de noche, embozada en un rincón o detrás de una puerta, con la cara embozada o por detrás, vale dos reales; y si la tornan como purga, cerrados los ojos, vale dos reales y catorce maravedís; porque, al cabo, gozar una fea por discreta y una hermosa por boba, es una misma cosa.

Mujer flaca vale catorce maravedís; y si el que la goza tiene sarna, la debe dar cuatro cuartos más, por el aparejo que tiene en sus güesos para rascarse. Y a estas tales señalamos para la Cuaresma, por lo que tienen de Cilicio; y mandamos que en ningún tiempo se puedan ensillar, si no es en silla de borrenes, como poetas y caballos saltadores, porque no hagan mataduras ni las timen con los güesos y con lo mucho que se menean.

A puta potrilla por domar y gazapitona, no se le dé nada, atento a lo que el hombre trabaja en enseñarla a dar gusto.»

Quevedo escribió este texto para orientar, jocosamente, cuánto se debía pagar a una prostituta en función de su aspecto y condición social. Esta premática (pragmática) es más larga, así que he extraído algunos de los “mejores” párrafos.

Lo he descubierto en Historias con historia, donde he aprendido también que durante la Edad Media y Renacimiento los burdeles estaban mucho más extendidos, aceptados y organizados de lo que pudiera imaginar. Y parece ser que en Valencia había uno de los más importantes de Europa.