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Estado pluriconfesional

El gobierno ¿socialista? de este país es la hostia. No nos basta con pegarnos 30 años con un estado aconfesional pero católico, sino que ahora están preparando una ley para bajarnos los pantalones con el resto de religiones. El mismo gobierno que canta la Internacional con el puño en alto. Tócate los cojones.

Con la Ley de Libertad Religiosa, por un lado, le echan un par y un pretenden retirar los crucifijos de escuelas, hospitales y toda institución pública, así como evitar que los funerales de estado se practiquen bajo el rito católico.

Si lo dejasen aquí, lo aplaudiría, pero como toda ley elaborada por este PSOE está hecha a medias y mal; pues lo que pretenden no es reducir la presencia del catolicismo en el día a día, sino aumentar la presencia, reconocimiento y “poderes”, del resto de religiones; en lugar de separarse el Estado de la religión, se acerca a todas.

Ahora, una confesión tendrá derecho, bajo ciertas condiciones, a obtener por parte de un ayuntamiento terrenos de manera gratuita para levantar un edificio destinado a culto.

¿Cómo es posible que el Estado tenga que subvencionar el lugar en el que un grupo de timadores socialmente aceptados se dedican a estafar a los ciudadanos? Tampoco me extraña cuando el Gobierno de Aragón —también socialista— colaboró con la construcción del Las Vegas español haciendo leyes ad hoc (los casinos son otra estafa socialmente aceptada), aunque finalmente se quedase todo en humo. ¿Habrá pagado también el Gobierno del PSOE los almacenes desde los que se vende la Power Balance? Quizás con esta ley sí que deberían hacerlo.

o el derecho a solicitar, por primera vez en España, descanso laboral semanal fuera del domingo.
Por ejemplo, los judíos en «sabbath» (sábado) o los musulmanes con la oración colectiva del viernes.

Vale que la fiesta en domingo que tenemos en todo Occidente sea un remanente cultural de más de mil años del poder cristiano en esta parte del mundo, pero es innegable que hace mucho tiempo que dejó de ser por motivos de credo. Algún día tenía que ser fiesta, y es mucho mejor que todos descansemos a la vez —esta afirmación es discutible, pero no entraré en este debate ahora—.
¿Los trabajadores musulmanes y judíos no trabajarán las 40 horas que les corresponde, lo que se traduce en cobrar menos? ¿Van a tener que abrir las oficinas en domingo para que esos señores puedan trabajar las horas que les corresponden? Tendrán que ir a trabajar también sus supervisores o alguien para darles trabajo. Tendrá que ir el informático por si se jode algo. La empresa tendrá que mantener las oficinas calientes e iluminadas para dos personas. Con estas medidas pretende el Gobierno sacarnos de la crisis económica y parar el calentamiento global —luego apagarán las luces de la Puerta del Sol durante un minuto dos días al año y ya está.

Medidas insulsas como éstas me hacen llevarme las manos a la cabeza. El Estado no debe darle la mano a la Religión, debe cortársela.

Sobre el trabajo y la tecnología

Acabo de leer unas interesantes reflexiones que hace Bertrand Russell en un artículo titulado Contra el trabajo, aunque en otras fuentes lo presentan como Elogio de la ociosidad. En las dos últimas creo que está íntegro, a diferencia del primer enlace, pero es donde lo he empezado a leer (enlazado por alguien en los comentarios de esta noticia sobre la venta de robots para asistir a personas en su vida diaria).

Copio un par de párrafos (las negritas son mías) que ilustran muy bien una idea muy importante sobre nuestra sociedad:

«Gracias a la técnica moderna podría reducirse considerablemente la cantidad de trabajo necesaria para asegurar que todos tengan lo imprescindible. Esto se hizo evidente durante la segunda guerra mundial. En aquel entonces, todos los miembros de las fuerzas armadas, todos los hombres y mujeres ocupados en la fabricación de municiones, todos los hombres y mujeres dedicados al espionaje, a hacer propaganda bélica o que se desempeñaban en las oficinas militares, quedaron al margen de las labores productivas. A pesar de ello, el nivel general de bienestar material entre los asalariados no especializados de las naciones aliadas fue más alto que antes y que después. La importancia de este hecho quedó encubierta por las finanzas: los préstamos creaban el espejismo de que el futuro estaba alimentando el presente. Pero esto, desde luego, era imposible; un hombre no puede comerse una rebanada de pan que aún no existe. La guerra demostró de modo concluyente que la organización científica de la producción permite que la población moderna goce en un bienestar considerable con sólo una pequeña parte de la capacidad de trabajo mundial. Si la organización científica (concebida para permitir que algunos hombres lucharan y fabricaran municiones) se hubiera mantenido después de la guerra, y se hubiera reducido a cuatro horas la jornada laboral, todo habría marchado perfectamente. En lugar de ello, se restauró el viejo caos: aquellos cuyo trabajo era necesario se vieron obligados a trabajar largas horas, y al resto se le condenó a morir de hambre por falta de empleo.»

[…]

«Supongamos que cierto número de personas trabaja en la manufactura de alfileres Digamos que en ocho horas diarias hacen tantos alfileres como el mundo necesita. Alguien inventa un método con el cual el mismo número de personas puede duplicar el número de alfileres que hacía antes. Pero el mundo no necesita duplicar ese número de alfileres: los alfileres son ya tan baratos que difícilmente podría venderse uno más a un precio inferior. En un mundo sensato, todos los implicados en la fabricación de alfileres pasarían a trabajar cuatro horas en lugar de ocho, y todo lo demás continuaría como antes. Pero en el mundo real esto se juzgaría desmoralizador. Los hombres siguen trabajando ocho horas; hay demasiados alfileres; algunos patrones quiebran, y la mitad de los hombres antes empleados en la fabricación de alfileres son despedidos y quedan sin trabajo. Al final, hay tanto tiempo libre como en el otro plan, pero la mitad de los hombres están absolutamente inactivos, mientras la otra mitad trabaja demasiado. De este modo queda asegurado que el inevitable tiempo libre produzca miseria por todas partes, en lugar de ser una fuente de felicidad universal. ¿Puede imaginarse algo más insensato?»

Creo que plantea cosas muy lógicas e interesantes que más de uno ha tenido que pensar en alguna ocasión. Desde que leí RUR: Robots Universales Rossum, tengo claro que éste sería el bonito futuro de la Humanidad: robots realizando todos los trabajos, cultivando toda la comida, descargando de todo ello a los humanos, y permitiéndoles pensar. En una sociedad así no sería necesario el dinero, habría recursos para todos y las personas podrían dedicar su tiempo a las relaciones sociales, al ocio, a investigar, a educarse, al conocimiento: a ser humanos. También he descubierto una iniciativa que busca este fin, The Venus Project.

Sin embargo, como bien indica Russell, se está haciendo todo lo contrario, tomando el camino irracional, el egoista, el injusto. Pero es lo que tiene estar en manos de un montón de hijosdeputa que sólo piensan en acumular dinero.

Si volvemos al ejemplo de los alfileres que he citado antes, veremos claramente que el dueño de la fábrica va a seguir ganando el mismo dinero vendiendo alfileres, pero estará pagando la mitad de sueldos.

Trabajar+Estudiar=No postear

Ya hace dos semanas de mi último post, justo dos días antes de empezar a trabajar. La empresa con la que estuve haciendo prácticas en verano me llamó recientemente para un trabajillo de aproximadamente un mes.

No sería tan malo si no se me hubiese juntado esta semana con una entrega de prácticas —que como buen estudiante decidí dejar para última hora—, querer dejar al día otras prácticas que tenía a mitad, y tener que ir empezando la semana que viene un trabajo sobre el Paradigma Funcional para los siguientes días.

Además, con el horario que llevo salgo del curro y voy directo a clase, de modo que llego a casa tarde y cansado; y con el tiempo justo para terminar las cosas que tengo pendientes de la universidad. De ese modo, me parece que esto lo voy a tener bastante parado durante las próximas tres o cuatro semanas. Ojalá tenga tiempo para publicar algo durante esta temporada, pero lo dudo. Así que, hasta pronto.

Síndrome post-vacacional

La patologización de la vida cotidiana ha provocado que socialmente se considere “enfermedades” a numerosos contratiempos del día a día, aseguran. Como sucede con el llamado síndrome posvacacional.

Es un agravio comparativo considerar las pocas ganas de volver a trabajar como síndrome o depresión posvacacional. La depresión es una enfermedad de mucha entidad, con un alto nivel de suicidios”, opina Enric Álvarez, jefe del Servicio de Psiquiatría del Hospital de Sant Pau de Barcelona. “Es evidente que cuando te lo has pasado bien cuesta volver a trabajar y estar triste por ello no tiene nada que ver con estar deprimido”, añade.

A destacar del artículo, especialmente, la negrita. El resto, es lo evidente que piensa cualquier persona sensata cuando le hablan de tal síntoma. Pero la idea de que se exageran algunas situaciones cotidianas hasta convertir en enfermedad la leve dificultad de superarlas me parece un importante punto sobre el que reflexionar.

En Barrapunto, resumían la noticia con la genial frase:

la patologización de la vida cotidiana ha provocado que socialmente se considere “enfermedades” a numerosos contratiempos del día a día, lo que crea ciudadanos infantilizados, que no se asumen los reveses de la vida.

Trabajar en fiestas

Qué duro levantarse durante toda la semana mientras tus amigos están echándose el penúltimo cubata. Y luego coger el coche para ir a trabajar y ver cómo vuelven a casa los primeros derrotados, mientras el resto decide dónde ir a almorzar o si ir a las vaquillas.

Ha sido un San Lorenzo raro, el primero queme he perdido la mayoría de días. Estuve para el chupinazo, al que fui de empalmada (ya que iba a estar pocos días había que aprovechar saliendo desde el 8) y fue menos duro de lo que pensaba. Eso sí, levantarme para salir por la noche fue mortal. Desde entonces hasta hoy, me he limitado a salir por las tardes y acercarme un rato a ver a mis amigos en la botellada previa a la marcha. Eso sí, hoy y mañana: a tope.

Lo peor, sin duda, es que sólo puedo salir los días de “fiesta general” por lo que tendré que vérmelas con incomodísimas aglomeraciones (las peñas el sábado 9 eran mortales). Pero bueno, por lo menos algo me queda.

El verano y mi nuevo yo

Esto de escribir entradas de mes a mes me jode un huevo, pero qué le voy a hacer. Éste debe de ser uno de los blogs con menos linealidad de la historia. Vengo un poco a excusarme y así de paso poder actualizar el blog.

La verdad es que este verano es completamente distinto a cualquier otro que haya vivido hasta ahora. Quienes me conocen saben que durante los anteriores tres años de universidad casi he levantado mi carrera durante los meses de verano, a los que llegaba con bastantes asignaturas suspensas. Sin embargo, este año he logrado que la cifra se reduzca a media (un cuatrimestre). Siendo que llevaba sólo seis no parece muy meritorio, pero si tenemos en cuenta que eran de lo más jodido de la carrera, estoy bastante contento.

Por otro lado, otro cambio sustancial es que, por primera vez en mi puta vida, doy palo al agua. El año pasado una empresa de informática dio un curso en colaboración con la EUPLA por el cual me llamaron las últimas semanas de curso para ofrecerme un contrato de prácticas y unas sustituciones, así que acepté. Lo único malo es que no son aquí en Huesca y debo acercarme casi hasta Zaragoza todas las mañanas; pero por lo menos entro en contacto con el mundo laboral, que ya iba siendo hora.

Con media asignatura parece que un trabajo de mañanas puede combinarse bastante bien y que podría tener un verano de puta madre, pero querría entregar el Proyecto Fin de Carrera a principios de noviembre en la primera convocatoria de este año y me he embarcado en algo bastante complejo (Inteligencia Artificial y Computación Distribuída),  así que al final voy a ir más jodido de tiempo de lo que pensaba.

Lo peor de todo, sin lugar a dudas, las Fiestas: me fui a principios de este mes una semana a la playa con mis amigos (nos limitamos casi a dormir en cualquier momento, comer hasta reventar, beber cerveza, cagar varias vecse al día e ir a la playa cuando ya no pega fuerte el sol; eso es lo que llamo yo unas vacaciones) y creo que ya gasté casi todo mi tiempo para escapadas de ociosas así, de modo que me pierdo San Fermines y Vaquillas del Ángel (pensaba ir al menos a una de ellas). Pero lo peor, peor, peor es que me toca trabajar justo la semana de San Lorenzo. Lo único que me consuela es que por lo menos del 9 al 10 estaré, y luego del 14 al 16 también. Así que esos días a tope.

Y otra pequeña putadilla que me ha ocurrido con mi expediente es que se me quedaron dos créditos de libre elección colgados (hice un curso de un crédito y otro de 6) así que he estado esperando todo el año por alguno qué hacer, pero no encontré nada. Por lo tanto, mi única salida eran los cursos de verano ofertados por la Universidad de Zaragoza. De todos ellos, el único que podía encajar un poco con mi carrera y que me parecía interesante es uno sobre matemáticas. En las 20 horas de duración darán un repaso a las matemáticas básicas utilizadas para determinar el movimiento de los astros y las sondas y para cálculos terrestres como la forma y dimensiones de la Tierra, etcétera. Supongo que los temas serán similares a los tratados en el libro La Poesía del Universo que leí el año pasado. También espero poder sacar alguna idea interesante como en la charla sobre matemáticas del curso de Astrofísica en Huesca también del verano pasado. Así que la semana que viene ya os contaré.