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Mi efecto Doppler

Soy un impaciente, poco después de publicar el gif cuántico, tomé la foto que tenía con el busto de Christian Doppler y, a golpe de varita, extraje mi imagen.

Hoy, a base de pegar, reducir tamaño, pegar, reducir… he hecho este montajillo. Una vez terminado no me ha convencido que uno de los brazos salga cortado, así que las imágenes las he ido poniendo en diferentes capas cada una debajo de la anterior.

Sinceramente no sé cuál prefiero, así que publico ambas:

Efecto doppler 1

Efecto

Esto ha sido todo lo que se me ha ocurrido para representar el efecto Doppler con esa fotografía. Supongo que la verdadera frikada habría sido ir dando un tono cada vez más azulado a mi persona, pero eso se me acaba de ocurrir y podría haberme quedado demasiado chapucero. Si alguien tiene alguna idea mejor, soy todo oídos.

Y ya que estos días estoy con la tontería de los gifs, y para aprovechar una segunda foto que no había necesitado para esto, he preparado otro. Hay que suponer en todo momento que corro en dirección al observador, claro.

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Schrödinger’s Ender

Me hubiera gustado que mi siguiente entrada hablase sobre mi reciente viaje a Viena y Budapest donde me lo he pasado en grande, pero no he podido conseguir las fotografías hasta hace nada, y seleccionar cuáles subir y qué contar va a llevarme más de lo que esperaba, así que para ir abriendo boca pondré este gif.

Entramos en una universidad vienesa cuyo patio interior además de estar lleno de estudiantes aprovechando unos miserables rayos de sol, tenía ingentes cantidades de bustos de científicos famosos a los que yo no conocía en absoluto (pero cuyos nombres sonaban a cosas de medicina y química) hasta que nos encontramos con el busto del amigo Erwin Schrödinger, con el que no pude evitar hacerme estas dos fotografías.

Ender está vivo y muerto hasta que visitas Tienda de Ultramarinos

Si no lo entiendes deberías leer sobre un clásico de las paradojas de la física, fruto de aquellos maravillosos años de discusiones sobre la matería a principio de siglo. La que me hice con Christian Dopler tendrá que esperar a que le dedique un rato al photoshop o engañe a alguien que se maneje.

Curso de Astrofísica 2009

Y un año más, la Agrupación Astronómica de Huesca nos ameniza el verano con una nueva sesión de charlas sobre diversos temas relacionados con el espacio. Además, aprovechando el año internacional de la astronomía, en esta ocasión han aprovechado para ampliar el número de sesiones a ocho.

Aviso a mitad, pero todavía quedan cuatro más para la semana que viene a las que os aconsejo acudir porque siempre resultan muy interesantes.

El curso lo abrió Arturo Bosque con la charla Astrólogos y otros vendedores de humo, que no estuvo mal, pero de la que yo esperaba más. Pensaba que intentaría razonar más el porqué de cómo surgen estas cosas (y dónde está la aunténtica verdad que enmascaran en horóscopos y otras chorradas), pero se limitó a criticarlas casi con un «no, no y no».  Para terminar sacó una lista de timos para curar como la homeopatía, flores de Bach, piedras de noséqué, acupuntura o eso de que en las terminaciones nerviosas de los pies se reflejan todos los órganos del cuerpo y al masajear las zonas idóneas se arreglan los problemas de estómago o de lo que sea. La mejor de las cien o así que nombró fue energía biocibernética-cuántica-holográfica. Chúpate ésa.

La segunda charla corrió de la mano de Mario Garcés, que nos habló de Agujeros negros. Suavecita, pero interesante. Empezó por la historia desde su predicción a su supuesta detección, para pasar a analizar los diferentes tipos que existen (microagujeros negros, normales, supermasivos, e intermedios). No entró en divagaciones como Francisco Palacín el año pasado cuando reflexionó sobre si existen realmente los agujeros negros. Su conclusión fue que no hay pruebas concretas de que sean realmente tal y como se suele pensar actualmente.

La del jueves me la salté, y ayer Iosu Redín Rodríguez terminó la semana con la amena y entretenida sesión llamada La gran superproducción de la naturaleza: de los cuentos de hoguera al Big Bang y más allá, en la que, como su propio título indica, dio un repaso al arte de inquietudes de las primeras sociedades (y tribus actuales australianas) para compararlo con nuestros conocimientos actuales sobre el Big Bang, las posibles estructuras del Universo y multiverso y las colosales investigaciones al respecto como el LHC.

Al finalizar la charla del viernes, prepararon una observación de la Luna, con los telescopios que construye Angel Biarge (cuyos pasos nos detalló el año pasado) a la que se sumaron las gentes del barrio que por allí pasaban.

Nunca antes había visto la Luna con telescopio y es increible lo bien que se ve, de los tres que montaron, había uno con tanto aumento que un tercio de la Luna llenaba todo el campo de visión. Se distinguen con claridad muchos de sus cráteres y es una visión alucinante. Se la recomiendo a cualquiera, cambia mucho a cómo la vemos de normal.

La semana que viene nos vemos en el resto de charlas si alguien más se anima. Copio el  programa de las sesiones pendientes.

Lunes, 3 agosto: “Neos la pequeña amenaza” por Santiago Ezquerra.

Martes, 4 agosto:“Ondas gravitacionales” por
Francisco Palacín.

Miércoles, 5 agosto: “Códigos” por
Julio Bernués.

Jueves, 6 agosto: “Un fotón en la Vía Láctea: la vida de las Galaxias” por Abel Laporta.

Para el que no lo sepa, Neos no quiere decir que la charla vaya a ir sobre el protagonista de Matrix; son las siglas de Near Earth Objects, que son los cuerpos celestes cuya órbita puede pasar peligrosamente cerca de la terrestre

Las ondas gravitacionales del martes, son unas ondulaciones del espacio-tiempo producidas por cuerpos supermasivos, que teóricamente deberían existir, pero que no se han detectado todavía.

El placer de descubrir

El primer libro que termino este nuevo año es El placer de descubrir, un compendio de conferencias y artículos del genial físico Richard P. Feynman, así como alguna entrevista. Habla sobre todo tipo de temas: cómo cree que se debería enfocar la enseñanza de la ciencia, la influencia de la ciencia en la sociedad, la relación con la religión, el futuro de los ordenadores, de la miniaturización hasta extremos nunca pensados antes…

Ya hace tiempo que me enamoré de Feynman gracias a Historias de la Ciencia, pues no sólo fue un brillante físico, sino una mucho mejor persona y un gran divulgador; realmente le preocupaba enseñar.

Con esta lectura, completo los tres libros que hay en la biblioteca de Huesca sobre Fenyman. Los otros son ¿Qué te importa lo que piensen los demás? y ¿Está Ud. de broma Sr. Feynman? ambos 100% recomendables y de necesaria lectura antes que éste para saber porqué le adoramos tanto los que hemos leído sobre él. El motivo es que son anécdotas sueltas, contadas por él o por otros, y El placer de descubrir, como he dicho antes, es en plan conferencias.

El prólogo, enternecedor, corre de la mano de Freeman J. Dyson, el discípulo que demostró que los trabajos realizados por Feynman, Schwinger y Tomonaga sobre electrodinámica cuántica eran equivalentes, y en la que se compara con Jonson y Shakespeare, su mentor. Está íntegramente copiado en Historias de la Ciencia.

En el conjunto del libro hay algunas ideas que se llegan a hacer repetitivas por su aparición una y otra vez en diferentes conferencias: sus paseos por el bosque con su padre, su forma de ver la ciencia como una refutación constante de lo que sabemos, los aborígenes de una isla del Pacífico que simulaban aeropuertos de madera esperando que aterrizasen aviones… aunque cada vez las cuenta de una forma ligeramente distinta y siempre aporta algo nuevo. Del resto, me gustaría destacar algunas a continuación.

En una de las charlas habla sobre sus vivencias en el laboratorio de Los Álamos, mientras formaba parte del Proyecto Manhattan. Es increíble cómo, cada vez que nombra a alguien, viene acompañado por un pie de página en el que descubres que era un premio Nobel o iba a serlo años después. Resulta asombroso que en un ambiente así, Feynman no se amilanase, ni tan siquiera ante mitos de la física, siendo totalmente franco cuando le parecía que alguien exponía una idea loca, fuese quien fuese. De hecho, el mismo Niels Bohr se reunió con él en privado para analizar unos modelos porque se dió cuenta de que sería el único que no le diría que sí a todo.

De este periódo también es muy gracioso que todo el tiempo estuviese tratando de burlar la seguridad. Consiguió, por ejemplo, descifrar la combinación del candado de seguridad de los archivadores de todos sus compañeros. También recibía todo el tiempo correos cifrados sin clave de su familia, costumbre que mantenía desde antes por diversión, para tratar de descifrarlos. Puesto que el Proyecto Manhattan era importantísimo y la seguridad altísima, había unos funcionarios encargados de revisar toda la correspondencia que entraba o salía (había sido pactado previamente con los involucrados puesto que eso violaría la ley de privacidad). El caso es que no podían aceptarlo, así que acordaron que la clave acompañaría a las cartas en una hoja aparte, y así “los censores” podrían leer lo que ponía en la carta y separar la clave. Feynman y su mujer −por entonces hospitalizada y que moriría mientras Feynman todavía participaba en el proyecto− pensaron muchas formas de incomodar a los censores, enviando incluso polvos en una de las cartas −esperando que se cayeran al abrirlas− y afirmando en la siguiente que eran importantes medicamentos.

También he descubierto en este libro algo que no sabía, y es que Richard Feynman está considerado el padre de la nanotecnología (de hecho hay competiciones para un premio Feynman en este campo). Reflexionó sobre los límites que nos impone la física que conocemos y argumentaba que estábamos muy lejos todavía, que en principio no habría ningún impedimento en poder posicionar átomos a nuestra voluntad. No estamos hablando de algo imposible y que viole las leyes fundamentales como construir una máquina que viaje más rápida que la luz, sino cosas mucho más pequeñas que el nivel de miniaturización que hemos alcanzado, y que la física permite completamente.

Otra de las charlas está dedicada a los problemas de los computadores en el futuro y cómo resolverlos: reducir la pérdida de energía, el tamaño, computación en paralelo… es una charla un poco más técnica, pero muy interesante. Me gustaría apuntar, fuera del libro, que Feynman colaboró en la Connection Machine durante los 80, el primer proyecto de para conseguir la computación en paralelo.

Además, incluye el informe que Feynman escribió cuando investigó el desastre del Challenger y que fue relegado a un apéndice de la resolución que tomó la Comisión que lo investigó. Feynman relata, con todo lujo de detalles, todo el transcurso de la investigación en el libro ¿Qué te importa lo que piensen los demás? y omalaled habla sobre ello en este post y también en este otro.

El siguiente libro que tengo que conseguir es Don’t you have time to think?, que han traducido en nuestro país como ¡Ojalá lo supiera!, mucho más denso que los otros títulos y está compuesto por la correspondencia que mantuvo en vida. Me han dicho que está en la biblioteca de Unizar, así que este curso trataré de leerlo. Recomiendo la lectura de ambos links con anotaciones al respecto en CPI e Historias de la ciencia (otra vez). Y con éste creo que se terminan los libros dedicados a este genio. En la biblioteca de Huesca también hay uno titulado Electrodinámica cuántica, en el que Feynman explica la teoría por la cual ganó el premio Nobel. En la contraportada no recuerdo haber leído si se trataba de su estudio o de un texto divulgativo, aunque en cualquiera de los dos casos creo que es un tema que se me escapa.

Hawking y los agujeros negros

Me hubiera encantado ir haciendo reseñas sobre los libros que leo, pero es algo que sólo hice hace casi un año con La Poesía del Universo. Con la llegada del verano había pensado hacer un respaso a lo que he leído durante el curso, pero aún no me he decidido. No obstante, hace cinco días terminé el libro homónimo (a esta entrada ) de Paul Strathern y me he propuesto hacer reseñas a partir de ahora.

Es un pequeño libro (92 páginas) de la colección Los científicos y sus descubrimientos, de Siglo XXI España Editores. Me parece que toda la colección es obra del mismo autor, y cuenta con otros interesantes títulos como: Turing y el ordenador, Bohr y la teoría cuántica, Oppenheimer y la bomba atómica, y otros tantos más.

A mi gusto el libro habla demasiado sobre Hawking y su enfermedad, cuando yo esperaba que analizase más a fondo los pormenores de los descubrimientos de Stephen sobre los agujeros negros. Aún así, cuenta algunas anécdotas que me han parecido muy intersantes.

Por ejemplo, habla de cuando Hawking estaba en el instituto y era un chico que pasaba de curso con facilidad, pero no con notas brillantes; algo dejado. No tenía dificultad, pero no se aplicaba lo que debería. Por aquel entonces ya se había despertado su motivación por el funcionamiento del mundo y tenía un pequeño laboratorio en el sótano/cobertizo de su casa. Allí no sólo se dedicaba a hacer experimentos, solo o con sus amigos, sino que inventaba complicadísimos juegos a los que tenía que acabar jugando contra sí mismo dado que sus amigos terminaban pasando de ello. Juegos intrincados de larga duración y aprendizaje, con partidas que podían durar varias semanas. El caso es que una vez estaba con el chico más brillante de su promoción, y terminaron hablando de filosofía, tema en el que andaba bastante bien. Este chico contaba más tarde que llegó un punto en el que Hawking le había desarmado de tal modo que sentía como si le estuviera observando desde lo alto, indicándole sutilmente que no tenía ni idea de lo que estaba diciendo: “En aquel momento me di cuenta por primera vez de que, de algún modo, Stephen era diferente y no sólo brillante, no solamente listo ni original, sino excepcional“.

Tras licenciarse en Física en Oxford fue al Trinity Hall en Cambridge en 1962 dispuesto a iniciar la investigación en relatividad general y cosmología: al año siguiente le diagnosticaron ELA (Esclerosis lateral amiotrófica), la enfermedad degenerativa que pronto le haría utilizar un bastón y más tarde le relegaría a la silla de ruedas que el público en general asocia a este científico. Sin embargo, para él no fue tan fácil: cuando descubrieron la enfermedad le pronosticaron un par de años de vida. Para cualquier persona es un durísimo golpe, y como es natural pasó una mala época, con depresiones y demás. Sin embargo, poco después se enamoró de una chica y empezó a interesarse más por su carrera, de modo que la idea de casarse y de investigar algo intereseante le devolvieron la ilusión por la vida y una meta: terminar el doctorado para para conseguir trabajao y casarse con la mujer de su vida. Esto no deja de ser algo chocante, ya que con el tiempo que supuestamente le quedaba de vida no iba a llegar siquiera a finalizar el doctorado. Pero, cosas de la vida y de la medicina, la enfermedad se estabilizó y Hawking sigue vivo hoy en día —eso sí, ha ido degenerando cada vez más, ya que por entonces aún podía hablar—.

En el libro explican también cómo fue empeorando la enfermedad, y cómo el matrimonio Hawking fue haciendo frente a la misma. Cuando comenzó a perder el habla ni siquiera tenían dinero para hacer nada, de modo que la mujer escribió cartas a varias asociaciones benéficas y científicas que les ayudaron. También parece ser que la idea de escribir Historia del tiempo, el conocidísimo libro de divulgación científica que lanzó a Hawking a la fama en el mundo no científico, surgió como una forma de ganar algo de dinero para pagar los estudios universitarios de su hija.

La anécdota más destacable que he leído nada tiene que ver con Hawking, sino con Lev Landau, un físico ruso de principios de siglo. Cuentan que en los tiempos de las purgas de Stalin se dio cuenta de que pronto les tocaría el turno a los científicos como él, y que la única forma de sobrevivir sería conseguir fama internacional. Para ello, en 1933 improvisó un artículo sobre la naturaleza de los agujeros negros y se lo envió a Niels Bohr (con el que tenía cierta relación) solicitando su revisión para publicarse en la revista Nature (la más importante a nivel científico de entonces). Bohr, que se dió cuenta inmediatamente de qué iba el asunto, se puso en contacto con la revista garantizando la calidad el artículo; tras lo cual Landau obtuvo cierto reconocimiento fuera de su país. Eso no evitó que en 1938 fuera detenido, pero puesto en libertad un año después alegando que fue un error. Respecto a la detención, la wikipedia y esta página dicen fue liberado gracias a la intervención del físico ruso Kapitsa, con el que había trabajado y que escribió una carta dirigida personalmente a Stalin en la que informó que había hecho un gran descubrimiento y que solamente Landau sería capaz de explicarlo teóricamente. Gracias a lo cual salió de prisión.

Sobre el artículo publicado en Nature, parece ser que tenía varias incorrecciones, pero que Oppenheimer y Sneyder trabajaron a partir de sus ideas y fue cuando enunciaron por primera vez el horizonte de sucesos de los agujeros negros. En esas mismas investigaciones calcularon cómo cualquier estrella tres veces mayor que el Sol tiene posibilidades de convertirse en agujero negro cuando colapsa.

Otra anécdota graciosa sobre Hawking creo que data de su segundo o tercer año del doctorado, no recuerdo exactamente. Por aquel entonces, el físico Fred Hoyle defendía a ultranza el modelo del Universo Estacionario y daba una charla en la Royal Society en la cual demostraba numéricamente la validez de este modelo. Sin embargo, era un científico muy polémico e impulsivo, y no había repasado todas las ecuaciones. Casualmente, esa misma mañana, uno de sus ayudantes le mostró las cifras a Hawking, que se percató de que contenían errores. Al finalizar la sesión, Hoyle, orgulloso, lanzó el turno de preguntas ante lo que un joven enclenque, con gafas, apoyado en un bastón para no sucumbir a su propio peso se puso en pie ante el asombro de toda la sala —por aquel entonces Hoyle era uno de los más respetados científicos—. Entonces dijo: «Su teoría es errónea, los cálculos no son correctos». Hoyle no daba crédito y quiso saber en qué se basaba para lanzar semejante afirmación, a lo que Stephen respondió: «La cantidad diverge. Yo he encontrado una solución». Toda la demostración de Hoyle se iba al traste con esta afirmación, y esta “humillación pública” tras la que Hawking empezó a ganar fama y respeto en el ambiente académico.

Respecto a los agujeros negros, destacar que Hawking fue el pionero en la idea de aplicar la Mecánica Cuántica y la Teoría General de la Relatividad al estudio de estos cuerpos, la primera por sus reducidos tamaños y la segunda por sus abrumadoras masas. Gracias a ello fue capaz de demostrar que los agujeros negros emitían radiación, con lo que es posible detectarlos. Es lo que ahora se conoce como radiación Hawking. La demostración de la radiación es una idea de lo más original, y que explicó de forma muy clara omalaled en Historias de la Ciencia, con muchas otras curiosidades sobre los agujeros negros.

En el libro se cuentan muchas otras anécdotas, teorías y curiosidades, y dadas sus 97 páginas no cuesta nada leerlo, así que se lo recomiendo a cualquiera que le interesen estos temas.

Nunca me ha gustado mucho esto de poner notas, pero creo que si voy a hacer reseñas sobre libros es bastante apropiado. A éste le pongo un 6,5.