Qué mejor día que hoy, San Patricio, para escribir esto.

La semana pasada se adjudicaron las plazas del CPS para el Erasmus del curso 2010/11. Finalmente me ha tocado Cork, al sur de Irlanda. Creo que habría preferido Gran Bretaña, pero sólo había un par de plazas y se las quedó gente con mejores notas que yo. De todas formas estoy bastante contento porque quería un país en el que se hablase inglés de forma habitual y no cuando comienzas tú la conversación en inglés.

Cork es la segunda ciudad más importante de irlanda con casi 200 000 habitantes, la cuarta parte de los cuales son estudiantes. Por lo que cuenta la Wikipedia, si ya de por sí los Irlandeses tienen un acento distinto respecto al resto de ingleses, en Cork tienen un acento distinto al resto de Irlanda. Mucho más cerrado y con su propio “argot”. Como cuando los de Huesca os decimos tajador, pozal, reglote, barzas o “de propio“. De hecho, afirman que incluso hay un acento distinto en cada margen del río que atraviesa la ciudad.

Irlanda era un país sumido en la miseria hasta que en los 90 y los 2000 despegó económicamente a la par que innumerables multinacionales (especialmente tecnológicas) establecieron sedes en el país, con lo que poco antes de la crisis llegó a tener uno de los mayores PIB per cápita del mundo. Sin embargo, las crisis devuelven a cada país a donde le corresponde y ahora los tenemos como compañeros con Grecia en la lista de los países más afectados y con menos perspectivas de superar la crisis a la par que nuestros vecinos europeos.

A todo esto, Cork es una ciudad costera del sur de Irlanda, lo que le sitúa en una posición privilegiada como puerto comercial, por lo que industrialmente es una ciudad muy importante. Ahí está la sede europea de Apple y de Heineken. Además, tiene sedes de Motorola, Amazon y EMC. Está claro que trabajo de informático no puede faltar.

Hoy tendré que echarme una Guinness (o más teniendo en cuenta el día que es) para ir acostumbrándome a las stout, que muy rara vez pido cerveza negra y creo que ahí será el menú del día. A ver si vuelvo a casa con uno de esos gorros que suelen regalar días como hoy.

Si ya llevo pocas entradas este mes, en lo que queda dudo que pueda escribir mucho más. No sólo este cuatrimestre llevo prácticas más complicadas que otras veces, sino que tengo que entregarlas de forma más constante y con menos tiempo entre una y otra que en otras ocasiones. Para terminar, a final de este mes tenemos que hacer la entrega del proyecto en el que estoy metido en mi trabajo, con lo que los últimos días siempre hay que dedicarle más horas y hay más estrés.