Distribución de teclado es el nombre que se le da a un cierto orden de letras en nuestro teclado. Hay varias de estas disposiciones, aunque la más famosa con diferencia es QWERTY y sus variantes: como AZERTY que usan franceses y portugueses o QWERTZ para los alemanes.

El orden de las letras en nuestro teclado no es fortuito. Pese a que la máquina de escribir existiese en muy diversas formas más de cien años antes, fue en 1868 cuando Christopher Sholes diseñó y patentó el primer modelo comercial de éxito que pronto, 1873, sería comprado por E. Remington and Sons popularizando la distribución QWERTY.

Esta compañía surgió cuando Eliphalet Remington, en 1816, tuvo una de esas ideas que mueven a los hombres a grandes empresas: pensó que podría construir un arma mejor que cualquiera que pudiera comprar. Y vaya si lo consiguió. A pesar de comenzar como un proyecto personal, en seguida todos su vecinos quisieron una, por lo que decidió constituir la empresa. Durante los siguiente años la calidad de sus rifles se hizo suficientemente famosa como para ser el principal proveedor de rifles del ejército norteamericano durante la guerra contra México (1846-48). A finales de los 50, y sobre todo tras la Guerra de Secesión estuvieron muy interesados en diversificar el negocio, de modo que empezaron a vender máquinas de coser, biciletas, útiles agrícolas y otros aparatos mecánicos. Así que la empresa de Remington tenía la maquinaría, los expertos mecánicos, la fama y las ganas necesarias para iniciarse en el negocio de la mecanografía. No sólo eso, sino que estaban situados en Ilion, en medio del estado de Nueva York , no muy lejos de donde terminaría trabajando nuestro protagonista. Aún así no dejaron las armas de lado, a finales del XIX eran los fabricantes de armas más exitosos del mundo (aparecen en la bandera de Guatemala); la compañía terminaría por llamarse Remington Arms y tiene el “honor” de ser la empresa más antigua de Estados Unidos que continua fabricando su producto original.

Sholes, que trabajaba como editor de un periódico en Milwaukee, empezó interesándose por automatizar ciertas tareas como numerar páginas de libros o boletos, pero pronto el proyecto fue a más cuando se unió a Carlos Glidden y terminaron desarrollando un primer modelo que 1868 con dos filas de teclas en lugar de las cuatro que conocemos, con las letras estaban ordenadas alfabéticamente. ¿Por qué dos líneas? Pues porque el artículo que les motivó describía una nueva máquina de escribir, de forma figurada, como “piano literario” y de hecho se inspiraron en el mecanismo del piano, utilizando realmente un sus teclas, en el que blancas y negras representaban cada fila. En realidad el Pterotipo de John Pratt del que hablaba el artículo en nada se parecía a este instrumento como se ve en las fotos, pero su artículo no llevaba fotos.

Pero tras eso siguió un intenso proceso de análisis y pruebas que condujo en 1873 a presentar un modelo definitivo a Remington, quién adquiriría los derechos y, tras un par de pequeñas modificaciones presentaría y popularizaría a la distribución QWERTY que hoy en día conocemos sin apenas cambios mayores.

Un falso mito bastante extendido dice que Christopher Sholes ordenó las letras intencionadamente para escribir más lento y así evitar atascos en las partes mecánicas, que eran uno de los principales problemas de todas estas primigenias máquinas. En realidad con el orden, más que buscar la lentitud o incomodidad del mecanógrafo, pretendía separar las letras que se pulsan seguidas lo suficiente para que no chocasen entre ellas al subir o bajar, nada más.

Para saber qué letras separar es muy probable que se basase en los estudios de pares-frecuencia realizados por Amos Densmore, hermano de James Densmore, uno de los principales inversores en su idea; donde contaba el número de repeticiones de cada par de letras en un texto.

Otro método, mucho más sencillo, para evitar atascos fue distribuir las columnas en diagonal en lugar de crear una rejilla perfecta con las teclas. Estamos tan acostumbrados a ver así los teclados que nos parece hasta normal, pero si nunca hubiésemos visto uno y nos encomendasen fabricar el primero, la mayoría lo ordenaríamos perfectamente recto. De hecho existen teclados así y aseguran provocar menos lesiones musculares, o cansancio, por tener que desplazar menos los dedos, ya que las teclas quedan más juntas. Por el mismo motivo afirman ser más rápidos.

La historia del diseño de estas máquinas está, al igual que cualquier otra, llena de pequeñas maravillas de la ingeniería. Por ejemplo, con el fin de poder hacer iguales todas las barras que sujetan las letras que se imprimen, éstas se ensamblan en un segmento de disco circular, de modo que todas quedan a la misma distancia del centro; seguro que ahora os vienen a la cabeza imágenes de máquinas de escribir y caéis en que la parte curva donde reposan las letras formaría una circunferencia perfecta si la continuásemos. También es curioso que al principio el mecanógrafo no podía ver lo que estaba escribiendo, pues el papel se golpeaba por debajo: tenía que esperar a pulsar intro y desplazar el papel (de ahí el rodillo en el que está insertado) para poder comprobar el texto impreso. No fue hasta 1895 que desarrollaron las innovaciones para ver lo que se estaba escribiendo, introducidas principalmente de la mano de Thomas Oliver.

Cuando los primeros ordenadores se crearon puedo imaginar a algún hacker antediluviano modificando una máquina de escribir para hacer los agujeros adecuados en las primeras tarjetas o modificar la salida las máquinas eléctricas (ya eran populares en los años 40) para comunicarse con el ordenador. Buscando un poco he encontrado la Friden Flexowrittersiguiente imagen.

Y no sólo estamos hablando de la facilidad de incorporar un elemento que ya estaba muy desarrollado (como el teclado electrónico): si se pretendía que el ordenador triunfase y se hiciese un hueco en las oficinas se tenía que facilitar el paso a éste; así que teniendo un ejército de eficientes mecanógrafos acostumbrados a una distribución específica es fácil entender que nadie se plantease seriamente hacer teclados de ordenador muy distintos de como eran en las máquinas de escribir.

Resulta muy sorprendente darse cuenta de que el orden de las letras de la mayoría de teclados está basado en resolver un problema puramente mecánico de hace 150 años. Es una distribución que era muy ingeniosa para evitar el problema de atasco que sufrían las máquinas de escribir, pero que obviamente no existe con los teclados actuales, pero siguen arrastrando el mismo sistema invariablemente.

Por supuesto mucha gente ha pensado en esto antes, por lo que hay diferentes distribuciones de teclado muy distintas de QWERTY, como Colemak, Neo, HCSAR… pero son prácticamente variedades regionales; al igual que existen distribuciones distintas para todos los otros lenguajes no basados en caracteres latinos (aunque luego no dejen de tener algo latino paralelo que suele ser QWERTY).

La alternativa más popular de todas es la que desarrollaron August Dvorak y su cuñado William Dealey durante los años 30 (cuando empezaban a aparecer máquinas de escribir eléctricas), pero que nunca llegó a triunfar. Se marcaron como objetivo diseñar científicamente un teclado para disminuir los errores de mecanografía, aumentar la velocidad y rebajar la fatiga del mecanógrafo (llegaron a estudiar la fisiología de la mano además de mucha estadística de frecuencias de palabras).

Numerosos estudios entonces demostraron una mayor velocidad con teclados Dvorak (a día de hoy desprestigiados dado que los principales los dirigió su propio creado) e incluso llegaron a ganar varios campeonatos de mecanografía —por aquel entonces eran populares los concursos de velocidad de escritura—, pero todo fue en vano. Otros estudios más recientes concluyeron que no había diferencia de velocidad significativa entre mecanógrafos utilizando teclados QWERTY o Dvorak. A pesar de su poca difusión, cualquier sistema operativo moderno está preparado para trabajar con uno de estos teclados.

Entre las causas que se citan para el poco éxito destacan que apareció en mitad de la Gran Depresión y luego llegó la 2ª Guerra Mundial, que paró la producción de máquinas de escribir (guerra total); tampoco consiguió hacer que el público fuese consciente de su existencia. Sumando estos dos factores es difícil que consiguiese convencer a ningún fabricante para hacer un lote suficientemente grande que ayudase a generalizarlo.

Por supuesto el diseño de los teclados Dvorak está lleno de otras curiosidades, como que la inmensa mayoría de las palabras se escriben con la línea central del teclado (requiriendo menor movimiento de dedos), en un porcentaje muy superior a lso QWERTY, pero ya son otra historia.