Hace poco un amigo que estudia Biología me dejó el libro Pensando la evolución, pensando la vida, de Máximo Sandín. Al principio creí que me sería más difícil de comprender, pero éste explica cada tecnicismo, de modo que se lee muy bien.

Sandín es un profesor de Biología de la Universidad Autónoma de Madrid que no está nada convencido con la actual Sintesis evolutiva moderna (la antigua Teoría de la Evolución, vaya) y explica por qué con el conocimiento actual no se sostiene. También trata de analizar a qué se debe que haya tenido tanto éxito (se inspiraba en las ideas victorianas de la sociedad y la economía y reafirmaba a las clases altas en su situación) y porqué perdura. La principal crítica es al fundamentalismo con el que se defiende, más cercano a la religión que a la ciencia, y a lo que les cuesta a muchos biólogos, adoctrinados durante años en el darwinismo, asumirlo, mirando constantemente hacia otro lado.

Máximo Sandín no es un revolucionario que quiera imponer sus propias ideas, no tiene una alternativa sólida a la “teoría” actual, pero quiere incitar a sus compañeros a hacer una dura reflexión al respecto y revisar las bases de la Biología moderna para que se adapten a los nuevos conocimientos con los que contamos. No es él el próximo Darwin, pero para que llegue uno, el primer paso es aceptar que el darwinismo ha fracasado.

Para empezar, la teoría de la evolución no explica nada. Dice que de algún modo varían las secuencias génicas de los seres vivos y las nuevas combinaciones que no funcionan se destruyen. Eso es absurdo, el azar no es ninguna explicación científica. En los propios escritos de Darwin él mismo explica que utiliza el término azar porque no conoce los mecanismos, y eso es lo que debería explicar una teoría seria. Y respecto a que la Selección Natural sea «el motor de la evolución» como se le suele denominar, alude con maestría (en Hacia una nueva Biología):

Y así, a pesar de la evidente falta de coherencia lógica entre el proceso y el resultado, la fe en la capacidad creadora de la selección natural permite afirmar que: “la selección natural explica por qué los pájaros tienen alas y los peces agallas, y por qué el ojo está específicamente diseñado para ver y la mano para coger”, (Ayala, 99), lo que equivale a afirmar que el verdadero responsable de las diferencias de características y propiedades de un avión o un automóvil es el señor que elimina los que han salido defectuosos de fábrica.

Asegura que la base de la “evolución” no es la competencia, si no el trabajo mútuo y la combinación. La hipótesis GAIA, la teoría de sistemas, y la reciente ecología, (la ciencia que estudia las interrelaciones entre seres vivos; no cuatro jipis tirando pintura a un barco de pescadores) demuestran que todos los seres vivos están completamente relacionados entre sí formando ciclos que la sola falta de uno de ellos los haría imposibles; en cada nicho, todos dependen de todos.

Otro detalle de que la competencia no le cuadra mucho son las bacterias, cuya cifra se estima en 5×1030 (más que todas las estrellas del universo) pues lo tendríamos muy jodido si quisiésemos competir contra ellas. De hecho fueron las que cambiaron la atmósfera gracias a la que se desarrolló la vida en la Tierra. Además, son fundamentales aún ahora para cualquier tipo de vida: bien sea en los suelos descomponiendo materia inerte, bien sea en nuestros estómagos e intestinos procesando lo que no hemos podido digerir, o incluso en las raíces de los árboles para que puedan fijar diversos minerales (hay especies que hasta desarrollan unos “puertos” para facilitar a las bacterias asentarse en sus raíces). El número de bacterías patógenas es una nimiedad entre todas las que existen (pero las que mejor conocemos porque son las que nos afectan y fue como las descubrimos) y algunas se convierten en patógenas bajo determinadas situaciones, por lo que se plantea que quizá seamos nosotros los que “las forcemos a ser malignas“.

Otro factor decisivo en la evolución hipotetiza que puedan ser los virus, los cuales tampoco son todos patógenos y algunos tienen la facultad de “infectar” a un ser vivo integrándose en su ADN y no volver a salir. Otros, en cambio, vuelven a escapar de su huesped, llevándose pedazos (copia) del ADN en el que se hospedaba. Cuando encuentra uno nuevo y se inserta en él, puede transmitirle algunas cadenas del anterior. Tal y como lo cuento parece una idea muy alocada, pero leyendo en detalle sus explicaciones resulta mucho más coherente (Teoría Sintética: Crisis y evolución). Del mismo modo, hay secuencias de ADN llamadas transposones que pueden intercambiarse dentro de la propia estructura de un mismo ser vivoy que se les supone de origen vírico.

Todo estoy mucho más me está pareciendo interesantísimo. Voy sólo a mitad del libro (cuatro artículos y medio, me quedan otros tres) y ya ardía en deseos de escribir sobre él. Hace poco ya extraje algunas ideas sobre la clara inspiración de Darwin en la naciente economía moderna de Adam Smith, y no dudo que vuelva a poner un par de posts con citas de artículos. Obviamente es imposible decantarse por ninguna corriente, pues sólo sabes lo que te cuenta cada bando (como siempre), pero me parece un buen ejercicio de reflexión y una nueva forma de ver la evolución.

En su página web están los ocho artículos y unos cuantos más. 100% recomendable.