ACTUALIZADO: Están disponibles en internet los videos de todas las charlas.


Como advertía hace un mes, la semana pasada se celebró la I Conferencia Hispana R-Project, unas jornadas que nacieron con la pretensión de reunir y afianzar el grupo de usuarios de R de la comunidad hispanoparlante, objetivos que creo han logrado.

No voy a hacer un resumen del programa, pues de eso ya se encargó Carlos Gil Bellosta hace un par de días con bastante precisión y todo lo que yo dijera sería redundante. De modo que me limito a citarlo (a modo de trabajo colaborativo, como bromeó Francesc Carmona en su blog).

Yo no utilizo habitualmente R, de hecho mi contacto con él se limitó a las prácticas de Estadística en la universidad y al desarrollo de mi PFC; al cual precisamente se debía mi presencia en estas jornadas, pues está hecho de tal forma que cualquiera puede ampliarlo con poco esfuerzo para que distribuya el código que necesite a través de una mini-red de computadores que se cree personalmente.

La verdad es que estaba bastante nervioso (¡nunca había hablado en un congreso!) y no sabía cómo iba a calar la aplicación entre los asistentes, pero parece ser que a algunos les pareció interesante y así me lo hicieron saber; lo cual no deja de ser reconfortante. Dejo enlace al pdf con mi presentación.

Debo decir, que pese a mi escasa relación con R-project, he disfrutado bastante de las charlas. Había gente de todas las áreas, tanto estadísticos puros salidos de matemáticas, como físicos, biólogos, informáticos… La inmensa mayoría pertenecían al ámbito universitario, pero también había una pequeña representación de gente venida de empresas.

El caso es que siempre hay conocimientos transversales, útiles para todos, y como informático también me ha resultado interesante desde el punto de vista de cómo se organiza una comunidad en torno al software libre.

Muchos hablaron de sus comienzos utilizando R, en los que se encontraban prácticamente solos en su entorno —robinsones como alguien definió muy acertadamente— aprendiendo poco a poco con lo que podían encontrar en internet —en inglés, claro— y sintiéndose los bichos raros de su comunidad. Más tarde llegó la lista de R-es y todo empezó a cambiar, hasta la semana pasada en la que empezaron a ponerse caras tras dos o tres años intercambiando mensajes y comenzaron a hablar de proyectos más serios para intercambiar material y conocimientos entre todos.

Casualmente esta tarde leyendo el libro Máquinas que piensan, de Pamela McCorduck he llegado al capítulo en el que relata de forma bastante detallada la que ahora se conoce como Conferencia de Dartmouth, que en 1956 sentó las bases de la investigación en Inteligencia Artificial durante las siguientes dos décadas, y que vertebró, en cierto modo, toda esta disciplina. Digo casualmente, porque esa reunión de miembros aislados de diversas áreas que fueron las jornadas de R, me ha recordado de alguna manera a lo que Pamela relata sobre aquel verano del 56 en el Darmouth College —salvando las distancias, claro—. Dice:

«[…] la Conferencia de Darmouth fue también una confluencia de diversas corrientes intelectuales del siglo XX. Ellos mismos provenían de otras corrientes, del trabajo de individuos aislados en los campos de las matemáticas, la estadística, la psicología, la ingeniería, la biología, la lingüística, y las emergentes disciplinas de la ciencia empresarial. Si algunos científicos no estuvieron presentes en la conferencia, su espíritu estuvo representado por su trabajo y algunas veces por sus colegas y alumnos.»

De algún modo, al leer estas líneas hoy en el autobús hacia la universidad, he sentido que acababa de participar en algo parecido.