Este mes he dedicado realmente poco tiempo a leer, así que me ha costado bastante terminar Máquinas que piensan: una incusión perosnal en la historia y las perspectivas de la inteligencia artificial, de Pamela McCorduck. Y no porque no fuese interesante, al contrario, es un libro con el que he disfrutado muchísimo.

Ya publiqué hace varios días una reseña sobre una anécdota sobre programas de ajedrez (y en el resumen de las Jornadas de R también lo nombré brevemente), y el resto del libro sigue la misma dinámica. La autora, licenciada en filología, no es la primera vez que se aventura en el mundo de la tecnología y la inteligencia artificial, y creo que ha hecho un gran trabajo.

El libro es un compendio de anécdotas y opiniones de gente relevante en la IA, muchas de las cuales obtuvo la propia Pamela entrevistandose con ellos, y son el hilo conductor de la historia de la inteligencia artificial, desde sus primeros orígenes en los años 50 hasta la publicación del libro a finales de los 70.

En realidad, Pamela McCorduck va mucho más allá de ambos límites, señalando la constante búsqueda de la Humanidad por diseñar inteligencias artificiales (con sus ilusiones y temores) bien en la ficción: desde la Galatea de Pigmalion al Frankestein de Mary Shelley, o R.U.R. de Câpek. O bien en la realidad: desde las estatuas egipcias de dioses parlantes y móviles y los autómatas (otro) de Herón de Alejandría, a las cabezas parlantes de los sabios del siglo XV (y antes) o el Ars Magna de Ramon Llull; pasando por las estatuas mecánicas que decoraban los jardines de la nobleza en los siglos XVII y XVIII (como el pato de Vaucanson) o El Turco, la máquina de ajedrez de Wolfgang von Kempelen, que llegó a ganar a Napoleón o uno de sus mariscales (luego se descubrió la farsa, pues escondía a un maestro de ajedrez en su interior).

Y desde luego, en la historia por infundir conocimiento a las máquinas para liberarnos de tediosos trabajos no podemos olvidar los intentos por construir máquinas de cálculo: la pascalina, la máquina calculadora de Leibniz, las máquinas diferencial y analítica de Babbage, o las máquinas analógicas de cálculo de nuestro Leonardo Torres de Quevedo.

Pero además de máquinas automáticas, la Historia está llena de quienes afirmaron haber creado esclavos pseudo-humanos, como Paracelso descrito por Pamela como “el abuelo de todos los showmen de la medicina”, quién dejó la receta para crear un homúnculo que obedeciese nuestras órdenes (a base de esperma y estiércol). Paracelso sirvió de inspiración para el Fausto de Goethe.

O también Judah ben Loew, el Gran Rabino de Praga que creó un ayudante humano a base de arcilla al que llamó Joseph Golem y cuya historia me ha resultado tremendamente similar a la del Aprendiz de Brujo que podemos ver en Fantasia (la de Mickey Mouse puteado por la escoba mágica de su amo).

Y este repaso histórico sólo formaba parte de la introducción, pero me encanta cómo atrapa ese deseo humano por autodescubrirse y jugar a ser Dios.

Tras este inicio, algunos de los temas que trata en el libro son los primeros intentos de filósofos y psicólogos por definir la mente; la posible utilización del ordenador para simular un sistema inteligente, haciendo especial mención de Turing y Von Neumann; las comparaciones entre el cerebro y una máquina lógica, como mapas autoorganizativos, el Perceptrón o el trabajo de McCulloch y Pitts; los trabajos pioneros de Newell, Shaw y Simon de procesamiento de la información (GPS entre otros). Sin duda, y como es natural, se extiende con todo lujo de detalles en la Conferencia Dartmouth, cómo estaban las cosas antes, cómo se gestó y qué influencia tuvo en los años siguientes de la Inteligencia Artificial.

Otros temas contemplados por Pamela son los críticos de la IA (como Dreyfus); los primeros intentos de aplicarla al diseño de robots (como Shakey); algunos proyectos de los años 70 relacionados con el lenguaje, las escenas, llos símbolos y la comprensión; programas de IA que se estaban aplicando con éxito durante la redacción del libro, como DRENDRAL o el proyecto LOGO; aspectos éticos y morales de crear una mente artificial (Computer Power and Human Reason de Weizenbaum); y finalmente vuelve a salirse de las barreras históricas para viajar al futuro y especular con la dirección que tomará la IA y la tecnología.

Me ha parecido un libro francamente interesante que cualquiera interesado en la historia de la inteligencia artificial, llevado de la mano de sus protagonistas, disfrutaría. No es un libro técnico, ni mucho menos, es mucho más divulgativo y humano que cualquier otra cosa, así que puede ser leído por cualquier persona sin formación al respecto.

La verdad es que si te gusta Historias de la Ciencia y te apasiona la vida de los científicos, éste es tu libro. O sólo con que te llame un poquito la atención la iteligencia artificial, ya merece la pena que lo leas.