Bueno, ya he aterrizado y llevo casi 24 horas en Cork. La ciudad parece maja, con ese aire antiguo que puede apreciarse muchas veces por el resto de Europa pero que desconocemos en España. Casas pequeñitas, de pocos pisos, con las entradas a los bajos de madera y todo muy colorido.

Aquí una lista de primeras impresiones (a.k.a los prejuicios que tendré desde ahora):

—Los autobuses tan acelerados como en españa.

—Los chóferes están hechos de otra pasta aquí, qué tio más jodidamente amable.

—Si te pueden ofrecer descuento por estudiante lo hacen sin necesidad de solicitarlo tú mismo.

—Los corkianos son habladores por naturaleza, aunque no te conozcan de nada y tengan que repetir cada frase cinco veces hasta que la entiendes.

—Aquí siempre está nublado o lloviznando. Hay un calabobos con el que, tengo que decirlo, me he calado.

—La Guiness sabe mejor en Irlanda, claro.

—Pozal de café ha adquirido un nuevo y gigantesco significado (puede que incluso mayor que el que adquirió en Viena).

—No me voy a conseguir acostumbrar jamás al tráfico en sentido contrario ¡casi me atropellan varias veces!

— No existen tarjetas prepago como en España. Hay algo parecido (sin contratos de permanencia y tal) pero “recargas” la tarjeta cada mes. Eso sí, llamadas/sms a la misma compañía son GRATIS.